Economía
Miércoles 08 de Marzo de 2017

Al triunvirato cegetista le faltó espalda para sostener el reclamo de la calle

Sin fecha cierta para la anunciada huelga general, hubo enojos, forcejeos y escape del palco de la cúpula sindical, que quedó debilitada y cuestionada.

Carlos Acuña y Juan Carlos Schmid salieron casi escapando en el momento final del acto. Un grito debajo del palco había tomado fuerza: "Ponele fecha" (al paro). Ninguno de los tres oradores le puso fecha. Un sector de manifestantes se enojó y metió presión sobre el palco. Y derribó vallas. Luego se sucedieron algunos forcejeos y un final desprolijo.

   La gigantesca movilización convocada por la CGT sumó de todas partes, sindicatos grandes, chicos, enrolados en la CGT y en otras centrales, como las dos CTA; organizaciones sociales, partidos políticos. Pero las espaldas políticas del triunvirato no fueron suficientes para contener y conducir el conflicto que vive Argentina, ni a la multitud diversa que se sintió convocada.

   La síntesis de la movilización estuvo en la calle: contra la política económica del gobierno de Macri, con un reclamo de paro ya muy generalizado. Sin embargo, esa síntesis no terminó de madurar en el palco. Y surgió el descontento.

   La política también se rige por una métrica, y ayer la cúpula de la CGT la tuvo muy en cuenta. En especial cuando diseñó el lugar preciso donde iba a realizar el acto, y en especial el sitio y la orientación del palco de los oradores. Como se anticipó en estas páginas (domingo 5 de marzo), los estrechos espacios de la avenida Diagonal Sur y Chacabuco serían completamente insuficientes para las cerca de 200 mil personas que por los cuatro costados trataron de acercase a ese punto inaccesible.

   En un área de cien manzanas, con epicentro en el palco, desde temprano circularon miles de trabajadores. Los manifestantes deambulaban sin encontrar dónde era el acto.

   "¿Dónde está Diagonal Sur?", fue una pregunta recurrente de muchos que no son conocedores del centro porteño.

   La búsqueda del escenario fue una tarea infructuosa para la enorme mayoría.

   Desde ya, algunas de los convocantes fuertes ni lo intentaron. Como las columnas de la CTA, que se estacionaron en el bajo porteño y sobre la avenida Belgrano. Sin ninguna vinculación visual ni auditiva con las demás fracciones dispersas en que quedó dividido el acto.

   Que por la deliberada división espacial que propusieron los organizadores no fue "encuentro", en el sentido del vocablo en inglés (ya en desuso en la Argentina) "meeting", tan común hasta mediados del siglo pasado.

   Además de los numerosos gremios que quedaron fuera del ángulo visual del acto (sobre las avenidas Belgrano y la 9 de Julio), como la enorme columna de UPCN, el Movimiento Evita y las organizaciones sociales, entre muchos otros. También las expresiones sindicales y partidarias cercanas al kirchnerismo se ubicaron sobre la avenida de Mayo y 9 de Julio. En la práctica, en "otro" lugar del acto.

Absurda ingeniería

Con todo, y a medida que avanzaron las horas, la cabecera de la multitud que avanzó por la avenida de Mayo rumbo a la mítica plaza terminó estacionando unos 200 metros por detrás del palco, a sus espaldas. Un absurdo. Solo explicable por la ingeniería que diseñó la CGT para evitar quedar de frente a un público que pudiera pedirle cosas que no estaba dispuesta a ofrecer.

   A pesar de tanto empeño en "controlar" el acto, el diablo metió la cola. Y en las narices de los jefes estalló el reclamo, que no vino de ninguna "infiltración" K, como algunas fuentes intentaron luego insinuar.

   En el estrecho frente del palco dominaron los gremios moyanistas; en principio, propensos a garantizar un clima de protección al tono político que pretendía imponer la cúpula. No pasó.

   Ahora nace otra historia. En lenguaje futbolero, el rol de cinco "tapón" que vino jugando la CGT en el último año quedó en discusión. Según como se lo mire, la Casa Rosada podrá celebrar o no el resquebrajamiento final del acto.

   La cúpula quedó debilitada, pero lo más temido para el gobierno sería que la cúpula dialoguista quede rebasada por lo acontecimientos. En ese caso el programa económico neoliberal entrará en zona de confrontación plena y abierta con los trabajadores.

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