Donald Trump
Domingo 13 de Noviembre de 2016

Economía local y elecciones en Estados Unidos

La república, dijo alguien, es la forma revolucionaria de la burguesía pero no su forma de conservación.

La elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos es un salto de escala en el vuelo a la derecha que guía la actual etapa histórica. A fuerza de regresión distributiva del ingreso, exclusión y desmantelamiento de las instituciones de bienestar, el capitalismo crea su propia crisis de representatividad y, como en la entreguerra del siglo XX, la resuelve a través de líderes mesiánicos que tensan violentamente su vieja superestructura política. La república, dijo alguien, es la forma revolucionaria de la burguesía pero no su forma de conservación.

La ajenidad de Trump al sistema político tradicional estadounidense y, por su extensión, al de las principales democracias occidentales, es un dato objetivo que debe matizarse en el contexto de su pertenencia de clase, su perfil de candidato y el programa que, en sus términos fragmentados, presentó. Para cabalgar sobre el descontento de los perdedores del sistema económico no ofreció ni un camino de inclusión ni de revalorización de las instituciones que mejoran la distribución del ingreso, ni controles a la acumulación de riqueza. Se impuso como candidato extravagante de un partido histórico y vendió con acierto la imagen del empresario exitoso que, sin mediaciones de corrección política, gestionará con la eficiencia de un CEO la solución a "los males" a los que atribuye la crisis. Empezando, en su paranoia, por combatir a los inmigrantes. Más precisamente, a los inmigrantes latinos.

La denuncia de los tratados de libre comercio y la prédica proteccionista conecta operativamente la demanda de la población agredida por los efectos de la globalización con los intereses materiales de facciones burguesas que protegen sus mercados. El viejo truco del chivo expiatorio evita al electo presidente dar precisiones sobre cómo se resolverá la disputa del ingreso al interior de esa entente. No habló de subir el salario mínimo, sí de expulsar inmigrantes.

La crítica genérica del populismo obstaculiza el esfuerzo de comprensión de procesos como los que involucran al presidente electo de Estados Unidos y al avance de la derecha en Europa. El fascismo de manual que seduce a los electorados de los países más civilizados del planeta está muy lejos del programa de los movimientos políticos que desde el centroizquierda a la izquierda interpelan el sistema político con agendas de mayor inclusión, igualdad, expansión de derechos, integración cultural y regional, equilibrio en la distribución del ingreso, regulaciones económicas y control de las pulsiones destructivas del negocio financiero. Las críticas a la globalización (que en su forma actual saluda el movimiento sin límites de capitales y persigue el de las personas) y la reivindicación del Estado de bienestar no son las mismas ni tienen las mismas consecuencias, de acuerdo al paradigma ideológico del cual provengan.

Es claro que la actual ola política restauradora, que se propone como la representación de un mundo hostil e incierto, exige explicaciones que van más allá de un par de factores políticos y económicos. Pero es posible pensar en el inicio que una buena defensa democrática contra el autoritarismo es dotar a la república de densidad social, lo que implica una agenda de equilibrio entre sectores económicos, inclusión, movilidad y movilización, desarrollo y, sobre todo, otorgar centralidad al empleo y al ingreso. La destrucción de puestos de trabajo como penitencia por un supuesto pecado de competitividad, la cultura del despido fácil, la apertura indiscriminada a los productos y capitales externos, el culto a las corporaciones empresariales, el endeudamiento y la valorización financiera, la banalización de las relaciones internacionales, regalar el mercado a tontas y a locas a cambio de selfies de Davos con políticas de inserción en el mundo, no encuentran hoy mucha reciprocidad en el resto del planeta. Y, en la experiencia histórica, son factores que contribuyen a gestar crisis profundas.

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