Cartas de lectores
Miércoles 24 de Agosto de 2016

Dos rostros de la misma ciudad

Es llamativo que en una ciudad como Rosario convivan paralelamente escenarios tan opuestos.

Es llamativo que en una ciudad como Rosario convivan paralelamente escenarios tan opuestos. Como si fueran dos rostros inversos dentro de la misma metrópoli. Uno es el de la delincuencia que con inquina y maldad incontenible nos arranca a nuestros hijos o hermanos y nos quita preciadas pertenencias, ante nuestras miradas impotentes, sin lograr internalizar tanta barbarie. Sólo estamos elevando el grito de "justicia", aún sabiendo que llega tarde, cuando llega. Y agachamos la cabeza resignados cuando nos dan explicaciones que no alcanzan, o nos cuentan acciones incompletas que no logran arrancar de raíz tanta injusticia. ¿Será porque no quieren? ¿O será porque no pueden? Y así vivimos, transitando alertas por las calles, enrejando la casa y la vida. Tragándonos lágrimas de impotencia, derramadas por desaparecidos. Simultáneamente convivimos con la otra cara de nuestra sociedad, la de la solidaridad. Por el niño, por la mujer golpeada, por el que tiene hambre, por el enfermo desamparado, por el otro, ese que casi no conocemos pero sabemos que nos necesita. Y siempre estamos. De una u otra forma, siempre estamos. Rosario es solidaria. Curiosamente los medios porteños esta vez se ocupan de nosotros. Hace unos días por la mañana, en la radio enumeraron las muertes rosarinas producidas por la delincuencia en el transcurso de un mes. Luego, por la tarde, elogiaron el cúmulo de una enorme cantidad de juguetes donados por los vecinos, para agasajar a los niños en su día y que se iban a repartir en los hospitales, dispensarios y también en jardines periféricos. Asombrosa mixtura de escenarios. Me pregunto, y no logro la respuesta: ¿Es mucho soñar que podamos regalarles a los chicos un presente de paz, con papás y mamás trabajando sin miedos, ni asechanzas, con la posibilidad de alimentarlos y darles, por siempre y también en su día, el valioso juguete que entonces sí contribuiría a formar al hombre digno del mañana?

Edith Michelotti


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