Opinión
Sábado 14 de Mayo de 2016

Dos miradas, un mismo mundo

En foco. La inversión millonaria en la planta de GM reafirmó que desde el exterior la medidas implementadas por el gobierno son valoradas como positivas. Adentro de la Argentina hay quienes tienen otra posición, casi irreconciliable. El fanatismo político y la única verdad.

La puesta en escena que General Motors (GM), una de las automotrices más grande del mundo, hizo el miércoles en Rosario para lanzar oficialmente un nuevo vehículo ofrece algunas señales de cómo ve el mundo a la Argentina, que no siempre es la misma sensación de los argentinos. Hay dos miradas contrapuestas sobre el presente y el futuro del país. ¿Son posiciones irreconciliables?

Si la empresa norteamericana mantuvo su plan de inversión de 740 millones de dólares para ampliar la planta local es porque proyecta que el nuevo vehículo que lanzó al mercado, que sólo se produce en otras tres fábricas de GM en distintas partes del mundo, podrá ser colocado en el país y exportado a Latinoamérica. Ninguna empresa, nacional o extranjera, decide sostener un plan de inversiones si su proyección económica y desarrollo político de la situación se presentan desfavorables para sus negocios.

En esta primera línea de análisis se podría concluir que ni el gobierno anterior dejó la situación macroeconómica cerca del derrumbe y el abismo, como sostienen los furiosos anti K, ni que tampoco lo que propone la administración del presidente Macri nos conduciría al desastre, como aseguran los acérrimos opositores al actual gobierno. En política hace rato se acabaron las posiciones maniqueas donde no hay lugar para los matices, salvo que la racionalidad ceda ante el fanatismo, que puede ser tan peligroso como en la religión.

Desde afuera. En el exterior, especialmente en los países industrializados, se percibe el cambio de rumbo de la Argentina como una situación “excepcional” que llevará al país a un destino de grandeza. El mismo presidente norteamericano, Barack Obama, lo dijo en la Argentina cuando visitó el país en marzo pasado. Además de bailar un tango en Buenos Aires y visitar Bariloche con su familia, suegra incluida, marcó una tajante diferencia con el gobierno kirchnerista, con el cual el grado de complejidad y a veces animosidad hacia Estados Unidos hacían inviable una relación bilateral más estrecha.

La Argentina terminó de ordenar su deuda en default, que comenzó con los dos canjes en 2005 y 2010 y culminó hace un par de semanas con el pago a un pequeño grupo de acreedores, los fondos buitre, que no habían aceptado las ofertas anteriores. La apuesta les resultó exitosa porque finalmente obtuvieron ganancias increíblemente extraordinarias.

“El problema de la Argentina es que no paga sus deudas soberanas ni los fallos internacionales que la condenan a resarcir a empresas globales que le han iniciado demandas”, había comentado hace un tiempo largo y en estricto «off the record» un funcionario del Departamento de Estado norteamericano a un grupo de periodistas argentinos que visitaban Washington. Esa información confidencial finalmente se conoció públicamente por una deformación profesional del periodista que la difundió, con lo que las relaciones con Estados Unidos se mantuvieron siempre muy tirantes. La insólita intervención del ex canciller Héctor Timerman al encabezar personalmente en Ezeiza un operativo en un avión de la Fuerza Aérea de los EEUU también sumó a la compleja situación.

Con el gobierno de Macri ese escenario de dudas y miradas de reojo con la primera potencia mundial ha desaparecido, pero el interrogante es si este nuevo clima se traducirá en un real beneficio para el país.

La mirada exultante hacia la Argentina también se manifestó desde el primer nivel de la General Motors, empresa que vendió en 2015 casi diez millones de vehículos en todo el mundo. Llegó a Rosario su CEO y chairman a nivel global, la norteamericana Mary Barra, una mujer de 54 años, que ni bien comenzó su corto discurso se refirió a los “extraordinarios” cambios introducidos por el presidente Macri, que la escuchaba a pocos metros de distancia con atención. Pero en la Argentina no todos ven ese panorama alentador y con razón persisten las dudas.

La ejecutiva, que hizo toda su carrera profesional en la automotriz con sede central en Detroit, se animó a vaticinar que la ampliación de la planta de Rosario permitirá a la compañía liderar en ventas el mercado latinoamericano. La visita de la máxima ejecutiva de esa empresa, que emplea a 2.400 trabajadores en Rosario, y la proyección de ventas de autos en el mercado regional no parecen coherentes con un país que acaba de acordar con los empresarios una tregua de 90 días en los despidos, ni con la oposición que empuja una ley de doble indemnización. Suenan a realidades desparejas y vuelven a formular interrogantes sobre el verdadero tenor de la actual situación económica del país, donde los beneficios para algunos sectores –los más acomodados ligados a la agroexportación– se han implementado con mayor rapidez y profundidad que los destinados a la inmensa masa trabajadora cuyo salario es devorado por la inflación, los tarifazos y el pago del impuesto a las Ganancias, vigente aún pese a las promesas electorales.

La provincia. Mientras el presidente Macri aseguraba el miércoles en la General Motors que las “cosas marchan bien y vamos por el camino correcto”, el gobernador Miguel Lifschitz lo escuchaba con un rostro que no parecía asentir con ese cuadro de situación. Tal vez también pensaba en los fondos nacionales que aún no llegan en su totalidad para asistir a los afectados por las inundaciones en la provincia. Después, cuando los periodistas lo consultaron sobre la marcha del país y el optimismo presidencial dijo que lo más importante era sostener el empleo, que aún no registra datos preocupantes. Lifschtiz no se mostró escéptico ni optimista sobre el futuro de la economía, más bien expectante.

El estable cuadro laboral en la provincia lo ratificó su ministro de Trabajo, Julio Genesini, cuando ese mismo día mostró cifras oficiales que indican un aumento del trabajo registrado del 1,4% durante el primer trimestre del año en comparación con el mismo período de 2015. Habrá que ver si las pymes agobiadas por los aumentos de tarifas de los servicios públicos, la creciente apertura de la importación y la caída de ventas resistirán mucho más hasta que la anunciada mejora en segundo semestre traiga un poco de alivio, si es que realmente llega.

En la planta de General Motors el microclima de entusiasmo y optimismo en la gestión presidencial fueron notables y comprensibles en un acto oficial donde un gigante automotriz mundial anuncia la culminación de una apuesta millonaria que, sin embargo, había sido decidida durante la gestión del gobierno anterior. Fue una demostración más de que los proyectos de la compañías que operan en todas partes del mundo van más allá de situaciones coyunturales y se piensan y sostienen en el largo plazo.

La situación política y la recesión económica actual de Brasil, principal socio comercial de la Argentina, no es un cuadro favorable para el país. Pero también es cierto que los ciclos económicos tienen sus altas y bajas y todos especulan que el vecino gigante ya ha tocado fondo y que no demorará en iniciar su recuperación.

Dudas. El mismo análisis podría formularse para la Argentina, pero tanto en Brasil como aquí el interrogante mayor es cómo quedarán balanceados los niveles sociales de ambos países cuando la economía se recupere. Quiénes, por ejemplo, serán los ganadores y perdedores del ajuste en la Argentina y del que seguramente se hará en Brasil a partir de la asunción del más que polémico vicepresidente Temer.

Si la positiva mirada internacional sobre la Argentina está sólo vinculada a la posibilidad de hacer buenos negocios y prestarle al país a tasas elevadas para que se vuelva a endeudar es poco sustentable. Si también tiene que ver con la posibilidad de acceder a salarios depreciados y profundizar el reparto desigual de la riqueza es desconocer que aumentará la conflictividad social.

Pero si en cambio se conjugan los vientos positivos que soplan desde afuera con políticas de ingreso más equitativas una vez que la inflación ceda, la historia podría ser distinta. Dependerá del gobierno y su fortaleza de frenar la avidez de los poderes económicos concentrados, de una oposición madura y de una dirigencia política en general que abandone la idea de la existencia de una única verdad.


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