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Miércoles 08 de Mayo de 2013

Dos historias de terror

Comenzó el lunes en Munich el juicio más importante contra la violencia terrorista neonazi desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Una célula compuesta por tres alemanes asesinó entre los años 2000 y 2007 a ocho inmigrantes turcos...

Comenzó el lunes en Munich el juicio más importante contra la violencia terrorista neonazi desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Una célula compuesta por tres alemanes asesinó entre los años 2000 y 2007 a ocho inmigrantes turcos, uno griego (todos pequeños comerciantes) y a una mujer policía. Financiaban sus actividades con el robo a bancos y eludieron durante años a los servicios de inteligencia, hoy sospechados por inacción o complicidad, cambiando sus nombres y mudándose a distintas partes de Alemania donde tenían una aparente vida normal.

La trama de las actividades de este grupo, fundado con el nombre de NSU por sus siglas en alemán de Nationalsozialistscher Untergrund (Clandestinidad Nacionalsocialista), terminó en noviembre de 2011 cuando dos de sus tres integrantes, Uwe Böhnhard (34 años) y Uwe Mundlos (38 años) fueron acorralados por la policía después del robo a un banco. No se entregaron y, según la versión oficial, se suicidaron dentro de un vehículo donde se encontró el arma con que mataron a todas sus víctimas a lo largo de varios años.

La tercera integrante de la célula, Beate Zschäpe, (38 años) apenas conocida la muerte de sus compañeros incendió intencionalmente la casa que compartía el trío en una ciudad del este de Alemania y se entregó a la policía. El juicio por su responsabilidad en los crímenes racistas y xenófobos, atentados y asaltos se extenderá varios meses y promete sacar a la luz la cadena de responsabilidades dentro del gobierno alemán. También van a juicio cuatro sospechosos de haberles dado protección por años. Además de esclarecerse la actividad criminal del grupo neonazi dedicado a asesinar inmigrantes, seguramente se conocerá cómo fue posible que los servicios de inteligencia alemanes no hayan podido ponerle freno al trío muchos años antes.

Esta semana la Deutsche Welle, televisión alemana, produjo un contundente informe sobre el caso que sin dudas concitará la atención de un país que se muestra eficiente para determinadas cosas pero increíblemente inepto o ingenuo para otras. En el programa fue entrevistado un ex miembro del servicio de inteligencia que reconoció que se siguió el rastro del trío neonazi por toda Alemania y que muchas veces se estuvo a punto de detenerlo. Pero eso no ocurrió nunca por distintas e inexplicables razones que tendrán que determinarse en el juicio. Incluso, dijo que presentó quejas ante sus superiores por lo que aparecía a todas luces como una sospechosa inacción que terminaba dándole protección al grupo criminal.

Beate Zschäpe, nacida en el este alemán y con una infancia muy dura, conoció a los dos muchachos con el mismo nombre de Uwe en grupos juveniles de ultraderecha. Fue amante de los dos en distintos momentos y parece haber tenido un rol central en la organización de la célula. Beate estudió jardinería, era conocida por su amor a los gatos y sus vecinos aseguran que llevaba una vida normal.

Maratón. Del otro lado del Atlántico, en Estados Unidos, dos jóvenes hermanos de origen checheno prepararon un explosivo casero y lo hicieron detonar el 15 de abril pasado en medio de los participantes del maratón de Boston. Causaron tres muertos y 200 heridos.

En pocas horas y luego de un despliegue policial inusual, tal vez el mayor desde el atentado a las Torres Gemelas, Tamerlan Tsarnaev (26 años, casado y una hija pequeña) y Dzhokhar Tsarnaev (19 años, estudiante de medicina) fueron identificados como los sospechosos. El hermano mayor murió en un enfrentamiento con el FBI y el menor fue capturado con serias heridas.

Cuando llegaron a Estados Unidos tenían 15 y 8 años, respectivamente. Sus padres no pudieron adaptarse a la vida norteamericana y regresaron al sur de Rusia. Mientras tanto, los jóvenes comenzaban un proceso de radicalización musulmana que, como en tantos casos, culmina con la acción directa en atentados para matar la mayor cantidad posible de personas en una psicótica carrera para eliminar del mundo a los "infieles".

En el primer interrogatorio de la policía a Dzhokhar, en el hospital, el muchacho dijo que su hermano mayor fue el autor intelectual del atentado, cuyo objetivo era la reivindicación del Islam. También confirmó que actuaron solos y sin ninguna organización de apoyo.

El tío de los autores del atentado vive también en Estados Unidos. "Estamos avergonzados, son los hijos de mi hermano", reconoció apenas la televisión mostró las imágenes de los jóvenes. Pero más allá de esa identificación, dijo algo interesante para tratar de entender qué pasó por las cabezas de esos dos muchachos: "Se esforzaron para adaptarse a Estados Unidos pero terminaron odiando a todo el mundo", explicó.

Denominador común. ¿Es posible trazar un paralelo entre las historias de terror del trío neonazi y los hermanos chechenos? ¿Hay que abordar el análisis desde la psicopatología, la sociología o la política-económica internacional?

En ambos casos se trata de jóvenes que tuvieron una infancia desdichada y que fueron armando sus vidas como pudieron, pero en dos países que ofrecen posibilidades de desarrollo personal. Alemania tiene hoy casi pleno empleo y Estados Unidos se recupera aceleradamente de la crisis financiera surgida en 2008.

Estas consideraciones de historias familiares complejas no explican por sí solas la aparición de este nuevo fenómeno de terrorismo celular sin conducción piramidal. Pero existe y crece.

En un seminario internacional sobre terrorismo global desarrollado hace un par de años en Nueva York ya se anunciaba esta nueva modalidad de terror de pequeñas células urbanas. "No esperen que Bin Laden (todavía no había muerto) dirija todas las operaciones terroristas desde una cueva en Afganistán o Pakistán. Eso es fantasía", dijo un experto en temas de seguridad. Y parece haber tenido razón.

Este lunes se publicó en el diario "The New York Times" un excelente análisis del periodista Scott Shane, titulado "A Homemade Style of terror: Jihadists push new tactics" (Un estilo casero de terror: los yihadistas promueven nuevas tácticas), donde se recuerda la sugerencia de Samir Khan, un norteamericano que se unió al brazo yemenita de Al Qaeda: "Fervientemente recomiendo a los hermanos y hermanas de Occidente que consideren ataques en el propio patio trasero de los Estados Unidos. El efecto es mayúsculo, complica al enemigo y estas acciones individuales son casi imposibles de contener", les dijo.

Con sugerencias como estas en un proceso creciente de radicalización del Islam en jóvenes que viven en países occidentales y que también pueden servir como guía a los violentos racistas alemanes o de otras regiones del mundo, la situación se torna más que complicada.

El potencial atacante es pequeño en número, indetectable, está en todas partes y su poder es letal.

El propio Samir Khan, muerto por un avión norteamericano sin tripulación en septiembre de 2011, fue el ferviente instigador del "do- it- yourself terrorism" (haga terrorismo usted mismo). De la misma manera como se publicita hacer una torta o decorar una habitación, llamaba a cometer baños de sangre preparados en casa. Khan, nacido en Carolina del Norte, tenía una publicación donde exhortaba a cometer los ataques caseros: "Fabrica una bomba en la cocina de tu madre", aconsejaba en unos de los artículos que ofrecía a través de la web. Tal vez los hermanos chechenos tomaron esas enseñanzas al preparar la bomba en una casera y común olla de presión.

El periodista del diario neoyorkino agrega en su artículo que las autoridades creen que el atentado de Boston fue acorde a las instrucciones del ya desaparecido Khan y ofrece un ejemplo de cuán devastador puede ser un ataque aunque la cifra de muertos sea baja. También, que la tragedia en el maratón de Boston ofrece un caso de estudio sobre la compleja mezcla de personalidad e ideología que aparece en la violencia extrema.

La misma esencia. ¿Los alemanes Uwe Böhnhard, Uwe Mundlos y Beate Zschäpe; los chechenos americanos Tamerlan Tsarnaev y Dzhokhar Tsarnaev tienen algún punto de contacto a pesar de tratarse de objetivos criminales aparentemente distintos? ¿Qué conclusión, aparte del desprecio por la vida humana y la intolerancia por el diferente, puede sacarse de estos dos casos? La esencia y los métodos parecen similares, la explicación, un abanico multidisciplinario de difícil abordaje.

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