La ciudad
Jueves 11 de Agosto de 2016

Dos científicos de la UNR fueron galardonados a nivel nacional

Hugo Gramajo y Paula Casati son investigadores del Conicet y docentes de la Facultad de Bioquímica. Recibieron prestigiosos premios

Dos investigadores de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) fueron galardonados con dos de los más prestigiosos premios científicos que se otorgan anualmente en el país: el Houssay y el Jorge Sabato. Ambos, de la Facultad de Bioquímica, pero de centros distintos del Conicet. Hugo Gramajo, del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR), que recibió el premio Jorge Sabato 2015; y Paula Casati, del Centro de Estudios Fotosintéticos y Bioquímicos (Cefobi), merecedora del Houssay.

Las dos distinciones son otorgadas por el Ministerio de Ciencia y Tecnología a quienes "a lo largo de su carrera contribuyeron a la producción de nuevos conocimientos, a desarrollar innovaciones tecnológicas de impacto social y productivo, y a promover la transferencia de conocimiento y la formación de recursos humanos".

Que sobre un total de 9 galardones y 55 universidades nacionales, dos premios hayan recaído en investigadores de la UNR llena de orgullo a la comunidad científica local.

Las distinciones se agrupan en cuatro categorías: ciencias biológicas, agrarias y veterinaria; ciencias de la tierra, del agua, de la atmósfera y astronomía; ciencias humanas, e ingenierías, arquitectura e informática.

A su vez, cuatro premios son Houssay a secas y recaen sobre científicos menores de 45; otros cuatro son Houssay Trayectoria, para mayores de esa edad, y hay otro único, el Jorge Sabato, especialmente dedicado a quienes aportaron a "la transferencia y el desarrollo tecnológico con impacto económico productivo en sectores críticos para el desarrollo económico social del país".

Aparte de Gramajo y Casati, resultaron premiados científicos de la Ciudad de Buenos Aires (4), La Plata (2) y Mar del Plata (1).

Mezcla. "Al enterarme sentí una mezcla de cosas: sorpresa, porque no me había propuesto para que me lo dieran, orgullo y una alegría tremenda", confiesa Gramajo (57). El investigador, salteño de nacimiento y egresado de grado en Tucumán, lleva años trabajando en la UNR, donde obtuvo un temprano título de doctor en 1988.

Después partió con una beca posdoctoral a Inglaterra, donde vivió un "despertar" al universo del "uso de las bacterias con un fin tecnológico", suerte de leit motiv en sus investigaciones.

"Esa experiencia afuera me orientó y me abrió la cabeza, no sólo en lo que hace al perfeccionamiento, sino a tener otras miradas", dice Gramajo, cultor del trabajo grupal, al que concibe como "condición" para el avance científico "porque, como siempre, los logros son de un equipo: cada uno aporta desde su lugar".

En esa investigación grupal —su equipo del IBR está integrado por 15 personas— "tiene que haber mucha discusión y puntos de vista, y los egos deben quedar de lado para aprender a aceptar las buenas ideas de los demás", argumenta.

Gramajo lleva veinte años en investigación básica y biotecnológica. Inicialmente, con la producción de quimosina, una proteína clave para la industria alimenticia, específicamente la de quesos, a través de la bacteria Escherichia coli.

"Desarrollamos un método nuevo y económicamente viable para transferirlo a la industria", explica. Concretamente, mediante la "manipulación genética de un microorganismo para que pudiera servir como plataforma en la producción de esa proteína pura". A tal punto que "todo lo que es industria quesera mediana y grande ya usa la quimosina pura".

A esos pasos les siguieron otros, "donde con la misma bacteria desarrollamos otra plataforma tecnológica más sofisticada" para la producción de compuestos bioactivos "como los antibióticos, los antimicóticos o los anticancerígenos". Esa vez los resultados impactaron en la industria farmacéutica.

"Valorada". Casati (44), en cambio, desde el Cefobi, trabaja en investigación estrictamente básica.

Licenciada en Biotecnología y doctorada por la Facultad de Bioquímica de la UNR, también transitó por la experiencia de trabajar algunos años fuera del país, en su caso en Estados Unidos (Universidad de Stanford).

Su actual trabajo en el Cefobi consiste en estudiar —ella misma se encarga de simplificarlo— "los efectos o las respuestas de las plantas a la radiación ultravioleta". Para ello utiliza "distintos modelos para diferentes especies de plantas", entre ellas maíz y sorgo.

También en su caso la investigación supone un trabajo en equipo dentro del Cefobi y, a la vez, "en colaboración con otros equipos del país y el exterior".

Con modestia, afirma que el premio que acaban de otorgarle representa un reconocimiento a todo ese trabajo. "Este tipo de cosas te hacen sentir valorada", precisa la investigadora, quien al igual que su otro colega premiado dedica parte del tiempo laboral a dar clases en la facultad.

Gramajo se encarga de dejar claro cuán ligadas están la investigación y la docencia. "Que dos premios nacionales a la ciencia hayan recaído sobre Bioquímica llena de orgullo a la facultad y a la UNR, y habla de la importancia que tienen la educación y la formación de recursos humanos". Un círculo virtuoso que obliga a "hacer un esfuerzo superlativo por seguir apoyando una educación del mejor nivel y el desarrollo de la ciencia".

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