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Sábado 30 de Julio de 2016

"¿Dónde está Dios, si en el mundo hay gente que pasa hambre?"

El Pontífice rindió homenaje las víctimas de Auschwitz y de Birkenau y luego encabezó un Vía Crucis en la Jornada Mundial de la Juventud.

¿Dónde está Dios? ante el extremismo, la violencia, el hambre y el mal en el mundo, fue la pregunta retórica con la que comenzó ayer el Papa Francisco su discurso tras encabezar el Vía Crucis en la XXXI Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en la ciudad polaca de Cracovia.

"¿Dónde está Dios, si en el mundo existe el mal, si hay gente que pasa hambre o sed, que no tienen hogar, que huyen, que buscan refugio? ¿Dónde está Dios cuando las personas inocentes mueren a causa de la violencia, el terrorismo, las guerras?", se preguntó el pontífice en la explanada del céntrico parque de Blonia, en su segundo día de encuentro con los jóvenes llegados de 187 países a participar de la JMJ.

"¿Dónde está Dios, cuando enfermedades terribles rompen los lazos de la vida y el afecto? ¿O cuando los niños son explotados, humillados, y también sufren graves patologías? ¿Dónde está Dios, ante la inquietud de los que dudan y de los que tienen el alma afligida?", preguntó, frente a una marea de banderas de los cinco continentes.

"Hay preguntas para las cuales no hay respuesta humana. Sólo podemos mirar a Jesús, y preguntarle a él. Y la respuesta de Jesús es esta: Dios está en ellos, Jesús está en ellos, sufre en ellos, profundamente identificado con cada uno. El está tan unido a ellos, que forma casi como un solo cuerpo", se contestó.

"Dios abraza a nuestros hermanos sirios que huyen de la guerra. Los abrazamos con afecto fraterno", especificó Francisco.

En ese marco, frente a más de 100.000 jóvenes que se autoproclamaban "la juventud del Papa", el Pontífice les aseguró que "hoy la humanidad necesita hombres y mujeres, y en especial jóvenes como vosotros, que no quieran vivir sus vidas a medias". "Sean sembradores de esperanza", les pidió a los más de 500.000 jóvenes presentes.

Antes del Vía Crucis, Francisco visitó junto a la primer ministra polaca Beata Szydlo el hospital pediátrico de Prokocim, donde sentenció que "el signo de la verdadera civilización, humana y cristiana es poner en el centro de la atención social y política las personas más desfavorecidas".

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