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Domingo 03 de Abril de 2011

Dolor y desconfianza

La muerte siempre conmueve. Y cuando se trata de una muerte prematura, y además evitable, nos deja impotentes, preocupados, temerosos. Así nos sentimos muchos cuando conocimos la historia de una joven mamá de Cañada de Gómez que falleció por no recibir la atención médica adecuada. Con fiebre, tos y dolores, fue una y otra vez al centro asistencial. En todo momento minimizaron su condición y murió días después.

La muerte siempre conmueve. Y cuando se trata de una muerte prematura, y además evitable, nos deja impotentes, preocupados, temerosos. Así nos sentimos muchos cuando conocimos la historia de una joven mamá de Cañada de Gómez que falleció por no recibir la atención médica adecuada. Con fiebre, tos y dolores, fue una y otra vez al centro asistencial. En todo momento minimizaron su condición y murió días después.

Ahora, una jueza determinó que dos de los médicos que la descuidaron deben pagar más de un millón de pesos por mala praxis.

Que se apague la vida de una joven de 18 años con un bebé todavía prendido a sus pechos porque no recibió la asistencia médica necesaria, es sencillamente estremecedor. Entonces las voces se alzan, y se multiplican: "Los médicos no saben nada; pasa todos los días; a estos tipos no les importa el paciente; para ellos es un número más..." Así lo escuché, repetido en muchas bocas que iban conociendo la noticia.

El desahogo, inevitable, nos expone a caer en situaciones arbitrarias, que aún en momentos de dolor es preciso revisar. Porque le toca a la Justicia, con los medios adecuados, condenar a quienes cometieron este gravísimo error. Porque de todos modos, nada podrá reparar jamás la pérdida infinita, para ese hijo, esa familia y esos amigos. Porque nosotros, humanos, vulnerables y dependientes del saber médico, tenemos derecho a enojarnos y a opinar, pero no a generalizar.

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