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Domingo 16 de Agosto de 2015

Dolor y cansancio pueden ser síntomas de un nuevo síndrome

Fibromialgia, fatiga crónica, colon irritable, dolores musculares y cistitis intersticial son enfermedades que se podrían tratar en forma conjunta. Síntomas y posibles soluciones.

Marcela S. vivía con dolores de cabeza, en las articulaciones, en los músculos. Dormía mal —un problema que arrastraba desde que habían nacido sus hijos— y durante el día estaba de mal humor e hipersensible. Como si fuera poco, los alimentos no le caían bien, por lo que era habitual que tuviese acidez estomacal y el abdomen inflamado. También empezaron a hacerse constantes los problemas para retener la orina.

   Esta mujer de 60 años comenzó a experimentar este tipo de malestares en la última década de su vida, con una intensidad variable, pero en los dos últimos años se tornaron mucho más evidentes, complicando su calidad de vida y sus relaciones.

   Obviamente Marcela visitó a decenas de médicos: clínicos, neurólogos, traumatólogos, reumatólogos, gastroenterólogos, urólogos. Se hizo un montón de estudios, pero ninguno arrojó un diagnóstico certero.
  Un médico generalista le dijo hace un tiempo que tenía fibromialgia; el gastroenterólogo le habló de colon irritable y el urólogo de un prolapso. Todos le dieron algún tratamiento farmacológico o inesiológico. Ninguno arrojó un resultado contundente que la hiciese sentir mejor.

   El de Marcela es uno de los tantos ejemplos de mujeres que recorren los consultorios médicos buscando una respuesta a un sinnúmero de desequilibrios físicos y emocionales que no tienen un solo nombre y que, ahora se sabe, podrían ser síntomas de una misma enfermedad llamada síndrome de sensibilidad central (SSC).

   Este síndrome, que puede manifestarse de distintas maneras y presentarse a cualquier edad aunque es más común después de los 40, suele englobar varias patologías como fatiga crónica, fibromialgia, colon irritable, dolor miofacial, cistitis intersticial e hipersensiblidad a determinados alimentos o medicamentos.

   Las personas que lo padecen, en su mayoría mujeres, tienen un sistema inmunológico que presenta una sensibilidad desmedida a distintos estímulos como pueden ser algunos alimentos, neumoalergenos, sustancias químicas o estímulos físicos con consecuencias negativas importantes para su vida social, familiar y laboral.

   “A muchas mujeres que sufren este tipo de problemas les dicen que están locas y ni el propio grupo familiar las entiende. Pasan por un montón de consultorios hasta que la medicina les da respuestas”, dijo a Más la médica psiquiatra Andrea Márquez López Mato, especialista en medicina del dolor y directora del Instituto de Psiquiatría Biológica Integral, de Buenos Aires.

   “Se conocía que todo este grupo de enfermedades de distinto origen compartían determinadas características con síntomas comunes como dolor, cansancio, insomnio, desánimo y dificultad para concentrarse, y que presentaban una mayor prevalencia en el sexo femenino, pero durante mucho tiempo se desconoció qué mecanismos tenían en común. Fue el doctor Muhammad Yunus, profesor de medicina de la sección Reumatología de la Universidad de Illinois, de Estados Unidos, quien sumó trabajos en los que se corroboraba mediante estudios de neuroimágenes que todas estas personas presentaban una ampliación en la zona de recepción del dolor en el cerebro. Así las agrupó bajo el nombre de síndrome de sensibilidad central (SSC)”, explicó la médica.

   Estas patologías, como sucede en todas las enfermedades crónicas, activan patrones inflamatorios que producen depresión, por lo que muchas veces se presenta un impacto en lo psíquico que es secundario a la enfermedad. Los cuadros de depresión pueden a su vez generar dolor en sí mismos “por la acción de las citoquinas proinflamatorias que promueven una disminución en los niveles de ciertos receptores cerebrales como la serotonina, la noradrenalina y la dopamina”.

   “A esta altura es incómodo aclarar que no se trata de un invento, pero las pacientes nos relatan que aún deben dar explicaciones sobre lo que les pasa”, comentó López Mato.

   La psiquiatra mencionó que “la mayoría de los médicos conoce el síndrome de sensibilidad o sensibilización central, se habla durante la carrera de medicina de esta patología pero no siempre es diagnosticado como corresponde”.

   El origen del SSC —explicó— incluye desde factores genéticos hasta traumas físicos, estímulos periféricos, trastornos del sueño, estrés y eventos adversos sufridos en edad temprana (incluso un grupo de estas mujeres fueron víctimas de abusos sexuales). También puede manifestarse como síntoma secundario a otras enfermedades estructurales como la artritis reumatoidea, la osteoartritis, el lupus sistémico, el trauma posquirúrgico, infecciones (por HIV y otras), pancreatitis crónica, síndrome de dolor regional complejo, neuropatías o por el consumo abusivo de drogas, como por ejemplo de morfina.

   “Mediante la realización de pruebas cognitivas pudo establecerse que casi todas estas enfermedades pertenecen a lo que se denomina neblina cognitiva, que hace que los pacientes presenten un rendimiento intelectual más lento o limitado. Muchas veces la variedad o la inespecificidad de los síntomas genera que los familiares y los propios médicos subestimen al paciente y no le den la entidad que tiene su afección”, remarcó López Mato.

Sin calma

   “Es muy desgastante para quien padece este conjunto de enfermedades encontrar profesionales que diagnostiquen y ofrezcan un tratamiento adecuado. Son personas que no responden a los analgésicos comunes. Es un tipo de dolor que de no ser tratado adecuadamente empeora con el paso del tiempo. Es como si el cerebro de estas pacientes estuviese amplificado a la hora de experimentar distintos dolores”, dijo la psiquiatra.

   La especialista comentó que junto a la médica rosarina Gloria Pizzuto, que tiene una formación de muchos años en los síndromes sensitivos centrales, estudiaron a más de 500 pacientes con esta enfermedad. “Si no se abarca en su totalidad el problema, estas mujeres la pasan muy mal. Tienen fatiga, dolor generalizado, un cansancio que no se restaura con el sueño. Se acuestan y se levantan peor”, agregó.

   López Mato comentó que está disponible para la comunidad médica un libro que se entrega en forma gratuita y que detalla el síndrome y la mejor manera de diagnosticarlo y abordarlo.

   “Los profesionales que más ven este conjunto de patologías que integran el SSC, además de los clínicos y médicos de familia, suelen ser los reumatólogos, los traumatólogos, los anestesistas y los psiquiatras, sobre todo aquellos especializados en el tratamiento de estas afecciones caracterizadas por el dolor y que se detectan mediante estudios de neuroimágenes”, dijo.

   Sin dudas, agregó la médica, “estas enfermedades tienen un componente genético y las gatilla algún estrés físico importante, un estrés inmunológico, alguna infección que no se curó de manera correcta o un estrés psicológico que incluso pudo haberse dado en los primeros años de vida”.

   Aseguró que a su consultorio llegan pacientes con años de dolor crónico, muy desanimadas, con síntomas de depresión o euforia. “Una vez que hacemos el diagnóstico (que incluye pruebas neurocognitivas, análisis bioquímicos, un interrogatorio) iniciamos un tratamiento con drogas específicas que actúan a nivel cerebral, dieta y ejercicios. La elongación es clave pero hay que hacerla de manera progresiva. En general, también hace falta una terapia cognitivo- conductual para ir mejorando los síntomas”, expresó López Mato.

   “Las patologías comprendidas en el SSC presentan poca o nula respuesta a los analgésicos comunes e inclusive a la morfina, y la mayoría de las veces responden a los psicofármacos que son aquellos medicamentos que trabajan sobre el sistema nervioso central, como los antidepresivos y los anticonvulsivos”, explicó.

   Para el doctor Yunus (quien participó en Buenos Aires como invitado del Foro del Dolor y Sistema Nervioso Central, organizado por el laboratorio Pfizer este año) el tratamiento del síndrome de sensibilidad central consiste en “mitigar el estímulo periférico (por ejemplo, la artritis), indicar aquellos medicamentos que actúan a nivel central como los antidepresivos tricíclicos (inhibidores de serotonina y norepinefrina) y controlar los métodos de tratamiento, como la terapia de comportamiento cognitivo”.

   “Estas pacientes suelen ver muy disminuida su calidad de vida, enfrentando problemas en sus actividades laborales y en sus estudios, y hasta en las propias relaciones sociales y familiares. Afortunadamente en los últimos años se las tomó como enfermedades reales y se dejó de considerarlas como un invento de los propios pacientes”, destacó la especialista consultada por Más.

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