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Miércoles 11 de Mayo de 2011

Doce puntos para la educación santafesina

No importa el tema, pero si hay una fórmula que funciona en tiempo de campaña electoral es la de enumerar las propuestas (o promesas) en 5, 10 ó 20 puntos.

No importa el tema, pero si hay una fórmula que funciona en tiempo de campaña electoral es la de enumerar las propuestas (o promesas) en 5, 10 ó 20 puntos.

Siguiendo esa lógica a la que adhieren muchos candidatos, no parece tan desacertado en este momento hacer un ensayo de prioridades sobre la educación santafesina, dejarlo abierto para seguir sumando, dar el debate y, por qué no, llamar la atención sobre lo que aún se inscribe en el terreno de las urgencias.

Prioridades que surgen del día a día, de recorrer escuelas, hablar con los pibes y maestros, y sobre todo de las reflexiones que acercan sobre lo contingente y lo necesario.

1. Las decisiones que se toman en educación son políticas (desde aquella que define qué enseñar, hasta la que decide en qué se invertirá el presupuesto). No estaría nada mal recuperar los espacios de debates en las escuelas, que superen los simulacros de consulta y participación, y que inviten a discutir el rumbo de la política santafesina, qué se hace, por qué y para qué (con el horizonte de la construcción de una ley provincial). Quizás eso evitaría desajustes entre gestión y escuelas, como lo muestra --por citar un ejemplo-- el diseño curricular para la escuela secundaria, que incluye ensayos de materias, como el famoso "Colaboratorio"; o desconoce lo integral y propio que distinguen a la educación media y técnica, avanzando parcialmente en las transformaciones.

2. Los chicos se sienten felices cuando descubren que aprenden. Más al darse cuenta que son valorados todos por igual. Un buen ejemplo es el de la entrega de las netbooks: son iguales para todos. Pero no ocurre lo mismo cuando saben que no tienen clases de música o dibujo por falta de cargos, o que se los posterga "porque son poquitos", como si un solo niño no tuviera valor por sí mismo. La calidad de los aprendizajes está directamente relacionada con la manera en que el Estado imagina, diseña y asigna un lugar a los niños y niñas en las aulas.

3. La escuela inclusiva, plural, para todos, ya no admite más dilaciones. Y esto no es una discusión sólo académica o cultural sobre las llamadas Necesidades Educativas Especiales (NEE), sino física y palpable. Resulta increíble saber que hay chicos que no pueden concurrir a un aula común por barreras arquitectónicas. Alcanza con ver las pocas escuelas que tienen rampas en sus ingresos.

4. La educación rural como aquella que atiende a las comunidades aborígenes requieren de miradas específicas (y esto no quiere decir segregar), no sólo por lo propio de los lugares y poblaciones a quienes asisten, sino también porque son las más castigadas por el trabajo infantil y la discriminación real y simbólica.

5. La asistencia desde temprana edad al jardín, en particular de los pequeños de sectores más vulnerables, ayuda a transitar una mejor escolaridad. Y está demostrado que es preventivo de futuros fracasos en los aprendizajes y aporta a la retención escolar. Es preciso avanzar en la universalización de la salita de 4 años.

6. La educación de adultos (en especial la media) debe dejar de ser la que recepcione todos aquellos niños y adolescentes que la llamada escuela común no quiere, no puede o no sabe dar respuestas. Cada vez hay más adolescentes que terminan su secundario en las Eempas (sobre todo privadas), aún sin tener los 18 años y con sólo presentar un certificado de trabajo, por cierto de dudosa credibilidad. Hace falta entonces revisar cómo atender a esta franja de pibes a quienes el sistema no encuentra cómo retener.

7. Los jóvenes de la educación superior -profesorados o no- tienen que ser convocados a tener un lugar en las decisiones de lo que aprenden, a peticionar sin miedo y a disentir con lo que se les enseña. Es el mejor ejercicio para luego ser parte de la construcción de instituciones más democráticas.

8. El mantenimiento de las escuelas es clave para garantizar las clases. Es decir, si todos los chicos tienen su propio banco, salones pintados, limpios, con puertas y ventanas que cierran, tienen seguramente una ventaja más para aprender. Sin embargo, aún es una realidad que los más pobres son quienes más padecen los techos que se caen y los baños que se tapan. Hace falta un plan para que los eternos problemas de infraestructura no encuentren respuestas inmediatas sólo cuando los medios dan cuenta de ellos.

9. Un buen plan de lectura abre las puertas a cualquier otro saber y al disfrute estético. Hacer de esta práctica la principal herramienta de enseñanza y aprendizaje debiera ser una constante para todas las áreas (también en la formación de los profesorados). Es preciso que los libros estén en las aulas, junto a las nuevas tecnologías, pero invitando a abrírselos todos los días. No alcanzan las acciones ocasionales, sólo son "palabras al viento". Y hay que preguntarlo una vez más: aún no se entiende por qué no se reparten desde la gestión provincial los miles de libros (con selecciones valiosísimas de autores) que dispone el Plan Nacional de Lectura.

10. Si algo puso en evidencia la reciente capacitación sobre la boleta única electoral que recibieron los maestros provinciales es que la formación docente no puede estar sujeta a los vaivenes del momento político. No era necesario suspender las clases para explicar lo que bien hace un spot televisivo. La capacitación docente en servicio es un derecho a ejercer con tiempo, planificación y escucha, y desde ya con los mejores capacitadores, que muchas veces están en los propios maestros de cada escuela. Tampoco la formación puede funcionar como premio y castigo, como ocurrió durante la Segunda Semana de la Lectura en Rosario, donde los únicos habilitados a asistir con auspicio del ministerio eran los maestros de aquellas escuelas que el año pasado habían adherido al programa "Palabras al viento" (ver resolución Nº 479/11).

11. Mientras directivos y maestros se turnen para barrer salones por falta de porteros, hacer compras para el comedor escolar y la copa de leche, y pelear precios con los proveedores, más alejados estarán de poder desplegar la tarea pedagógica para la que fueron convocados, estar atentos a los aprendizajes de los chicos y hasta de su propia formación profesional. (De paso hay que decir, que si se suman estas tareas -y tantas otras no descriptas- a las propias de enseñar, es bien pobre el salario que cobran).

12. Felizmente en la Argentina hay leyes clave que organizan el sistema educativo, desde la que garantiza el financiamiento hasta la de los 180 días de clase, de educación sexual integral, la técnico profesional y la nacional de educación. Leyes discutidas y consensuadas, que de aplicarse plenamente en la provincia estarían resueltos más de uno de estos puntos por los que más de una vez han reclamado profesores y estudiantes.

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