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Sábado 26 de Junio de 2010

Diseñaron materiales didácticos para retener a chicos aborígenes

Juegos, rompecabezas y libros son algunos de los materiales didácticos diseñados por maestros que trabajan con niños y jóvenes aborígenes.

 Juegos, rompecabezas y libros son algunos de los materiales didácticos diseñados por maestros que trabajan con niños y jóvenes aborígenes. Estas herramientas tienen varios méritos, entre ellos ser el resultado de un trabajo de investigación de larga data realizada en las propias aulas de escuelas del norte y centro santafesinos, pensadas para ofrecer una mejor educación a los chicos de poblaciones tobas, wichis y mocovíes. La iniciativa es inédita para la provincia y fue dirigida por una investigadora de la Universidad Nacional de Rosario, Bibiana Pivetta. El desafío ahora es garantizar su continuidad.

  El nombre de este proyecto es largo, pero hay que conocerlo porque resume la tarea de más de cinco años: "Proyecto aborigen para la integración (Proabi). De la investigación acción interdisciplinaria a la construcción de materiales didácticos interculturales". También es el título que recibe el libro que se presentó ayer en Reconquista y que compila los principales ejes de este estudio, con la palabra de los maestros, idóneos y alumnos protagonistas de esta experiencia.

  Hay que saber que el Proabi se implementó por primera vez en la provincia en 2005, en 23 escuelas del norte y centro. Fueron elegidas por tener más del 50 % de su matrícula con alumnos aborígenes. Las etapas contemplaron estudiar las áreas de ciencias sociales, naturales y la alfabetización. Todo el proyecto fue sostenido económicamente por tres fundaciones: la Inés Tomassetti (Argentina) que estuvo desde el inicio hasta la actualidad y las españolas Santa María y Pueblos Hermanos, que apoyaron en la primera parte.

Respeto a la identidad

Según cuenta la profesora Pivetta, la meta pasa por ofrecer a los chicos de pueblos aborígenes una mejor calidad educativa, respetando sus identidades. Para esa tarea fue esencial reconocer el papel clave que tienen los docentes. Pero sobre todo valorarlos "como protagonistas en la construcción de un conocimiento colectivo", tal como expresa Pivetta. Por eso la invitación fue a capacitarse teóricamente, para en un ida y vuelta con el trabajo en el aula ir pensando distintas estrategias, que ayudaran a los chicos a pensar que la escuela es un buen lugar para estar. Un método que en el rigor de la academia se conoce como "investigación acción".

  ¿Y se logró? Bibiana Pivetta prefiere decir que es un trabajo a largo plazo, no hablar de números, pero sí de ejemplos concretos: "En uno de los Cepas (Centros de Educación Para Adultos) donde asisten los adolescentes que repitieron o quedaron afuera de las primarias por distintas razones, o bien muchas chicas que ya son madres, hicieron una revista de historia oral. Ahora están enloquecidos pidiendo la próxima".

  Es que precisamente uno de los objetivos es que los alumnos aborígenes tengan la palabra, en un marco de respeto a sus identidades culturales.

  Pivetta recuerda que en esta tarea, si bien los maestros fueron de alguna manera los hacedores directos de este proyecto, en el mismo también se involucraron alumnos, supervisores, familias y sobre todo los representantes e idóneos de las comunidades aborígenes.

Escuelas protagonistas

En la última etapa del proyecto, cuatro escuelas fueron las seleccionadas para hacer una síntesis de lo trabajado. El resultado: un libo, un CD interactivo y cajas didácticas para trabajar en las aulas. Se trata de las escuelas Nº 6.173 de Campo el 94 (Colonia Durán) del departamento San Javier; la Nº 6.111 Colonia la Lola, la Nº 453 de Los Laureles y el Cepa Nº 6.789 de la comunidad Rachaglaté, de Colonia La Lola, las tres últimas del departamento General Obligado.

  Los materiales —dice la investigadora— fueron construidos por artesanos del norte, "donde tanto trabajo hace falta". La idea es que circulen, con la apoyatura teórica de referencia, por las escuelas con poblaciones aborígenes.

  De todas maneras, Pivetta considera que es clave darle continuidad a esta iniciativa, que es única e inédita para la educación santafesina, en tanto reconoce el potencial de los maestros como protagonistas del cambio, y facilitadores de la capacitación focalizada en las necesidades de los contextos donde enseñan.

  "No se necesitan grandes presupuestos sino facilitar los encuentros en distintas escuelas que comparten estas realidades, tenemos los materiales teóricos y recursos humanos para sostenerlo", dice la educadora.

  Según advierte Pivetta, el proyecto obtuvo reconocimiento ministerial en 2007, y recibió desde el inicio el apoyo constante de las delegaciones regionales donde se implementó. Igual, insiste en expresar que el desafío pasa ahora por garantizar la continuidad y el efecto multiplicador que bien pueden darles los propios maestros.

 

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