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Domingo 25 de Octubre de 2015

Diseño y desarrollo de fármacos: del laboratorio a la clínica

Una multinacional eligió a Rosario por la calidad de sus científicos para poner en práctica un programa de simulación que muestra el complejo proceso para que una droga llegue al mercado. Dificultades y novedades para encontrar nuevos tratamientos.

Para que una droga llegue al mercado se necesitan entre 10 y 15 años de trabajo y, en promedio, unos mil millones de dólares. Hacer un medicamento implica un proceso largo, lleno de pruebas y errores, y de hecho, las fallas abundan. Sólo una de cada diez de las drogas que se prueban en seres humanos finalmente llega al mercado. Sin embargo, los progresos recientes en biología y bioinformática brindan un conocimiento mucho más profundo de las bases genéticas de las enfermedades y de los blancos terapéuticos permitiendo que ese peregrinar sea menos dificultoso.
  El escenario es de alto riesgo, por eso, elegir qué drogas finalmente llegarán al mostrador de las farmacias de todo el mundo es una decisión compleja. “Por eso implementamos una propuesta educativa e innovadora para tal fin” —explica Marcelo Gutiérrez, director de Desarrollo Científico de los Institutos Biomédicos de Novartis en Basilea, Suiza—, quien estuvo en Rosario junto a un equipo de expertos de Novartis Argentina ofreciendo un curso de simulación informática de diseño y desarrollo de medicamentos en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR).
  La empresa Novartis seleccionó a Rosario para una jornada de innovación y estrechar lazos entre el sector académico y la industria farmacéutica. Los líderes de la compañía en Basilea y Argentina destacaron el prestigio de la ciencia rosarina y las capacidades existentes para formar parte del largo y difícil proceso del desarrollo de un nuevo medicamento.
  Representantes del departamento médico y científico de la compañía, junto al director de Novartis en Suiza, arribaron a Rosario con el objetivo de generar un ambiente de activa discusión donde los asistentes al curso asuman roles arbitrarios y evalúen la toma de decisiones en las etapas más importantes en el desarrollo de un fármaco, utilizando una simulación informática desarrollada por dicha farmacéutica.
  “Existe una estrategia nacional de diversificar, y de tener polos importantes dentro del país siendo uno de los principales Rosario, y el IBR con la jerarquía que tiene y el campus que estamos viendo, para nosotros es un honor implementarlo acá”, comentan los investigadores.
  Se trata de un curso intensivo de simulación, que emplea un software especialmente diseñado por la compañía, donde los participantes discuten y toman decisiones relacionadas con las  etapas involucradas en el diseño y desarrollo de una nueva droga: desde elegir qué enfermedad se va a abordar, el blanco molecular que se va a atacar, qué tipo de búsqueda se va a realizar, y en caso de identificar un compuesto candidato, atravesar todas las etapas de evaluación del candidato hasta que eventualmente sale al mercado.
  “Son procesos que en general llevan 20 años y millones de dólares”, comenta la investigadora Gabriela Gago, promotora de esta iniciativa en Rosario, quien en su grupo de investigación en el IBR estudia a nivel molecular el metabolismo de lípidos en la bacteria que causa la tuberculosis con el fin de validar nuevos blancos para el desarrollo de nuevos compuestos antituberculosos.
  Para el desarrollo de un nuevo medicamento el sector académico es una pata importante, pero más de la mitad del proceso lo realizan las empresas farmacéuticas y allí reside también la mayor inversión de dinero.
  “Ser parte de todo el proceso de diseño y desarrollo de un fármaco te abre el panorama”, destaca Gago y agrega: “Tenés más claro qué buscan las farmacéuticas a la hora de validar un blanco, aprendés mucho en medio de discusiones sobre las causas por las cuales no prospera la droga candidata, entre otros factores”.
  “Algunos creen que con lo que se hace en el laboratorio ya casi estamos frente a una nueva droga”, explica la investigadora, “pero en realidad nosotros estamos involucrados en la etapa más inicial de la búsqueda, el proceso es muy largo y en general es un camino que conduce al fracaso, muy pocas veces se encuentra y se logra validar una nueva droga”.
  Actualmente, el grupo de Gabriela Gago descubrió un grupo de proteínas validadas como blanco sobre las cuales están haciendo búsquedas intensivas en colecciones de miles de inhibidores, con el fin de identificar moléculas candidatas para comenzar a desarrollar un nuevo antibiótico. El obejtivo es  tratar la tuberculosis multirresistente, cada vez más frecuente, incluso en Rosario.

Blancos terapéuticos

  “El puntapié para comenzar con el desarrollo de un nuevo fármaco lo dan las necesidades médicas insatisfechas. Luego hay que conocer en profundidad la enfermedad y el siguiente paso es conocer la vía metabólica implicada”, explica Pablo Bianculli, médico pediatra y asesor científico de Novartis, quien trabaja en áreas terapéuticas como inmunología y dermatología, que incluyen enfermedades inflamatorias, reumatológicas y dermatológicas.
  “Ahora estamos trabajando con psoriasis y urticaria crónica. Y somos entusiastas de establecer vínculos con la ciencia local”, dijo.
  Bianculli agrega: “Nos cautiva la posibilidad de crear un vínculo entre la ciencia local, preclínica y clínica, de drogas que ya comercializamos o vamos a comercializar y lograr abordajes integrados, como en lo que se viene que es la medicina traslacional, para eso nos apoyamos en institutos como este para poder llevarlo al paciente”.
  Iván Stigliano, de la misma empresa, es doctor en ciencias biológicas y resalta la importancia de establecer un puente para compartir datos y experiencias. “Academia e industria tenemos los mismos intereses, el beneficio de un paciente, y para esto armamos un equipo de innovación”. Stigliano, resalta lo interesante que es la comunicación para establecer prioridades o un plan de acción para llevar adelante un proyecto juntos. “Aprendemos mucho de los científicos, nosotros les brindamos un pantallazo general sobre cómo se desarrolla una droga y cómo se lleva adelante un proceso que está en el orden de los billones de dólares, entre los 10 y 15 años”.
  Por su parte, Marcelo Gutiérrez, de origen filipino, actual director del departamento de Desarrollo Científico de Novartis, en el Instituto de Investigación en Biomedicina (NIBR) en Basilea, Suiza, en diálogo con Más comenta los objetivos actuales de su división, encargada de desarrollo de capacidades científicas y clínicas en países emergentes. “Trabajamos con científicos y médicos en Africa, Sudamérica y Rusia. Sabemos que el mayor aumento de la población en los últimos 30 años se dio en Asia y en Africa, y es allí donde se desarrollan y aparecen nuevas enfermedades que queremos combatir”, destaca.
  Desde la empresa ofrecen en este momento un programa de intercambio para investigadores jóvenes, y becas para que usen equipamiento y los laboratorios en Suiza. Varios argentinos ya resultaron beneficiarios de esta propuesta.
  “Para nosotros investigación y desarrollo van de la mano en un esfuerzo para poner en el mercado medicamentos nuevos y mejores en el menor tiempo posible”, explica su director y agrega que “los pacientes están en el centro de todos los trabajos de descubrimiento de medicamentos que llevamos a cabo. Los científicos determinan las enfermedades sobre las cuales concentrar los esfuerzos de investigación, en base a dos preguntas: ¿nuestro conocimiento de la causa o el mecanismo responsable de la enfermedad es suficiente o puede mejorarse?, y ¿la enfermedad en cuestión constituye una necesidad médica no satisfecha? Si la respuesta a estas dos preguntas es afirmativa, elaboramos un programa de investigación con el fin de comprender mejor la enfermedad y encontrar un tratamiento eficaz”.
  “La ciencia del descubrimiento precoz determina las causas de una enfermedad a nivel molecular, utilizando descubrimientos propios, así como los de colaboradores externos. Buscamos pistas tanto en la experiencia que los pacientes tienen de su enfermedad como en el compendio de conocimientos médicos históricos y científicos, junto con los cada vez mayores conocimientos de la biología, la química y la genética humana”, señala.
  Gutiérrez menciona: “Hacemos muchas, muchas pruebas, esencialmente de seguridad, primero en animales e in vitro, como lo requieren las autoridades sanitarias. Ahora, las pruebas en animales e in vitro sirven para predecir algunas cosas muy bien —como la toxicidad en seres humanos— pero no son tan buenas para predecir eficacia. Ese es el gran desafío. Para cuando llegamos a los seres humanos hemos invertido alrededor de 60 a 70 millones de francos suizos. Y en la fase III, entre 60 y 300 millones, dependiendo de cuántas indicaciones se desarrollen. De modo que nuestro enfoque es aumentar las pruebas en pequeños grupos de pacientes para que cualquier droga que llegue a la fase III sea bastante segura y funcione”, concluye.

Equipo virtual

Se selecciona un grupo de participantes con perfiles asociados a la temática pero de distinta formación. En esta primera edición se seleccionaron principalmente miembros del IBR cuyos temas de trabajo tuvieran relación con el descubrimiento de nuevas drogas, pero también participaron integrantes del Instituto de Química de Rosario (Iquir), de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la UNR, de la Plataforma de Biología estructural y Metabolómica (Plabem/IBR-Conicet) y de empresas privadas (Zelltek, Quintiles).
  La dinámica del curso se plantea como un juego de roles, en general intercambiados con los que tienen en la vida real, justamente para ampliar sus conocimientos, y estar al tanto de cada etapa del proceso de desarrollo de una determinada droga.
  A lo largo de la jornada, los participantes se van enfrentando continuamente con situaciones que se deben resolver luego de la discusión grupal, las decisiones se van plasmando en el programa y se va avanzando hacia el objetivo final mientras el programa va calculando el tiempo consumido y el dinero invertido.
  Este programa fue inicialmente diseñado para que participen los nuevos empleados que se incorporaban en los institutos de investigación de Novartis, justamente para que pudieran comprender en qué parte del proceso global estaba insertado su puesto de trabajo. Y posteriormente se extendió hacia el resto del mundo como parte de las estrategias educativas de la empresa.

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