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Miércoles 28 de Septiembre de 2011

Directivos y mánager no deben equivocarse más

La política futbolística de Newell's en el último año fue un fracaso. Y Javier Torrente fue una consecuencia de esto, no la causa. El origen hay que buscarlo en las decisiones dirigenciales y en las determinaciones del mánager Gustavo Dezotti.

La política futbolística de Newell's en el último año fue un fracaso. Y Javier Torrente fue una consecuencia de esto, no la causa. El origen hay que buscarlo en las decisiones dirigenciales y en las determinaciones del mánager Gustavo Dezotti. Como así en aquellos que ayudan pero no resuelven. Es que en el fútbol no hay casualidades, todo deriva del acierto o el error. Y en este terreno los responsables sumaron yerros, uno tras otro, algunos leves y otros muy groseros. Tal vez por exceso de confianza, quizás por falta de ingenio para obtener los fondos de inversión para capitalizar a un plantel, o en definitiva porque no supieron solucionar una sucesión de problemas que derivaron en esta crisis. Y si bien la honestidad no está en discusión, aunque lo que debe ser un aspecto natural aparezca como una cualidad, lo cierto es que el conocimiento debe ser una condición imprescindible para ejercer determinadas funciones. He aquí la cuestión.

Entonces bien caben algunas preguntas tras la salida de Torrente. ¿Es el único que debe dar un paso al costado? ¿La responsabilidad del armado de un plantel es sólo del entrenador? ¿El mánager no tiene la potestad para rechazar algunos requerimientos del técnico o es acaso un simple gestor? En ese caso más que un mánager, Newell's necesita sólo un empleado administrativo que acompañe a algún directivo para cerrar las negociaciones. Un ejemplo alcanza para exhibir la mala composición de una plantilla: Newell's tiene cuatro volantes centrales (Bernardi, Villalba, Mateo y Riveros) pero carece de volantes por derecha, no tiene laterales y desde la salida del uruguayo Boghossian, tras un controvertido acuerdo, no incorporó un centrodelantero que convierta goles.

Sería casi un abuso periodístico recurrir al archivo para enumerar todos los jugadores que sumó esta gestión para comprobar los pocos réditos obtenidos, con el agravante de que no sólo no capitalizó al plantel sino que devaluó a algunos futbolistas de cuantía que ya tenía. Es que la realidad exime de ese recurso de búsqueda. Por supuesto que no se pretende que los responsables de este momento rojinegro asuman públicamente su propia torpeza, lo que sí se hace indispensable es que cambien de hoja de ruta, y para eso necesitan dejar de ser un grupo de amigos para convertirse en un cuerpo de gestión eficiente, aunque pierdan a algunos integrantes de la mesa chica por su impericia.

El presidente Guillermo Lorente ya no tiene margen de error. Debe ejercer el poder que ostenta para cambiar el rumbo. No hay más espacio para excusas. Este es el momento. Los fundamentalistas de la gestión deben dejar de mirar sólo el espejo retrovisor para justificar este preocupante presente. Y los pragmáticos deben entender que el fútbol no es para improvisados. Lo que no se invirtió ayer se perdió hoy. El próximo entrenador que contraten debe ser de jerarquía, así como los dos próximos refuerzos que tendrán que sumar a fin de año. No hay opción. Lo tienen que saber. Porque el hincha ya se los hizo saber: "Con Newell's no se jode".
 

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