Cartas de lectores
Viernes 21 de Octubre de 2016

Dios llora por las mujeres

Muy largo ha sido el camino recorrido por la mujer en su lucha reivindicatoria por sus derechos, y a través de grandes cambios socioculturales en el devenir histórico que fueron transformándola de objeto en sujeto, ella logra ejercer un destacado rol protagónico en todos los ámbitos de incursión masculina. Así la vemos desempeñarse con notoria excelencia tanto en áreas políticas, gubernamentales, empresariales, económicas, científicas, como también en arte, docencia y profesiones liberales. Si bien esto es muy loable y meritorio, creo que el problema está en carecer de modelo de mujer con el cual identificarse, cayendo en lamentables desequilibrios que desdibujan patéticamente el diseño original instituido por el Creador del universo y de la pareja humana. Es urgente retornar a ese modelo original para entender que hombre y mujer fueron creados como seres diferentes, diseñados para complementarse y no para competir o rivalizar entre ellos. Esto descarta toda argumentación en cuanto a inferioridad o superioridad de un sexo sobre el otro, siendo diferentes en constitución pero iguales en derechos. En cada mujer, el Creador puso su imagen igual que en el hombre, dando a ambos la misma responsabilidad y privilegio como era el sojuzgar y señorear la Tierra. A lo largo de los tiempos, Dios involucró a la mujer en misiones importantes. También se comunica con ellas en forma personal, como pasó, entre otras, con la madre de Sansón, para avisarle sobre el nacimiento de éste, como con María para anunciar la llegada del Mesías. En un tiempo donde la marginación femenina era mucho peor que en nuestros días, yendo en contra de todas las normas establecidas por la cultura de su sociedad patriarcal, vemos a Jesús con la mujer Samaritana, sanando a la mujer enferma del flujo de sangre, y perdonando a la Magdalena, dando así un duro golpe a los legalistas machistas de su época. Asimismo, las incluye en sus planes llamándolas a su servicio como a Susana, Juana, María y Marta, entre otras, haciéndolas voceras de su reino. Más allá de lo mucho que puede decirse al respecto, en las Sagradas Escrituras la mujer es jerarquizada y presentada como la coheredera de la gracia de la vida, es decir que está destinada, entre muchas otras cosas, a la bendita misión de prodigar la vida y no de quitarla. Asimismo, tanto la familia como el matrimonio, la maternidad y la paternidad son diseños divinos, y oponerse a ellos es oponerse a Dios. Creo que los vandálicos sucesos ocurridos días pasados en nuestra ciudad fueron expresiones infernales canalizadas por grupos organizados para tal fin, pero que de ninguna manera representan a la mujer en su esencia íntima y original. Toda lucha digna debe llevarse a cabo con altura, con orden, con decencia, con decoro, con respeto tanto a sí mismo como al prójimo. Como mujer siento tristeza y vergüenza por las connotaciones violentas, grotescas y soeces de esta convocatoria, signada por actos de salvajismo que junto a lo vulgar y procaz constituyen una bochornosa mixtura frente a la cual llora Dios.

Raquel Pierri

DNI 4.628.115

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