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Sábado 15 de Junio de 2013

Dichos y hechos sobre los planes de estudio de los profesorados

Por María Soledad López / Una mirada crítica sobre cómo se implementaron los cambios en la formación de maestros

Antes de la implementación de los nuevos planes de estudio para la formación de maestros de educación inicial y primaria en la provincia de Santa Fe, muchos profesores sostuvimos que la cátedra experimental Talleres de Producción Pedagógica (TPP) era un error, por el modo de implementación que ocasionó la deserción de muchos de nuestros estudiantes porque la carrera se debió cursar en doble turno y que otros estudiantes siguieran adelante con excesivo sacrificio. Pero también fue un error, fundamentalmente, por la carencia de fundamentos epistemológicos, teóricos y prácticos sobre la práctica. De hecho, los TPP se han desarrollado desde enfoques que contradicen totalmente los fundamentos explicitados en los mismos diseños curriculares y en las normativas nacionales.

Es decir que, nuestra oposición no era caprichosa sino basada en nuestra experiencia práctica y permanente formación teórica. Las abundantes investigaciones acerca de la epistemología de la práctica ya han superado las visiones que la reducen a "aplicar" una teoría buscando una "solución a una problemática", descontextualizada, por cierto, y también con serios errores teóricos y prácticos que han desorientado a nuestros estudiantes y provocado la deserción de muchos maestros de las instituciones asociadas que inicialmente se habían integrado a los TPP.

Posición. Muchos profesores sostuvimos esta posición desde el comienzo, aunque nunca fuimos consultados ni escuchados. No conocimos el preproyecto del diseño con estas cátedras experimentales (TPP, Itinerarios por el Mundo de la Cultura y Movimiento y Cuerpo), ya que, si bien se realizaron convocatorias durante 2008 para participar en la construcción de los diseños, al momento de aprobarlo no fueron tenidas en cuenta muchas de las sugerencias, advertencias e intervenciones de los actores institucionales. Además, en el borrador que llegó a las instituciones en octubre del 2008 no se preveían estas "cátedras experimentales" ni se pusieron a discusión en las instituciones.

Recién iniciado el año lectivo, en marzo del 2009, llegaron los diseños definitivos incluyendo estos espacios ante la sorpresa de quienes habíamos participado ingenuamente.

Pseudoparticipación. En Santa Fe ya conocemos lo que ha pasado con los diseños curriculares que no se construyen a partir de la participación de los actores involucrados, y lo que es peor, los que han sido producto de procesos de pseudoparticipación, que son aún más engañosos, ya que están signados por la "falsa" consulta que intentó legitimar decisiones ya tomadas. Una consulta que se limitó a pedir información, que luego no fue utilizada y que no se basó en la participación, es decir, en el diálogo, el intercambio, la reflexión, el análisis colectivo y la búsqueda de consenso entre todos los actores involucrados.

Ejemplo de esto han sido los planes de estudio de la década de los 90, cuando los diseños estuvieron a cargo de expertos, siguiendo pautas cerradas y descontextualizadas y el proceso estuvo signado por la mutua desconfianza.

La construcción de estos últimos planes para la formación de maestros de nivel inicial y de nivel primario, implementados a partir de 2009, siguen teniendo rasgos de pseudoparticipación, ya que, no sólo no fuimos consultados sobre estas cátedras experimentales que incluyeron, sino que tampoco somos parte de la revisión de las mismas. Las evaluaciones realizadas han sido descontextualizadas, fragmentadas y con instrumentos cerrados, más bien para confirmar la propuesta que para reunir información para la mejora y el cambio, mediante sistemas informáticos que no posibilitaron explayarse. Pero, además, sin comunicación y difusión de los resultados y, lo que es peor aún, sin participación de los actores involucrados en la revisión y transformación del currículum.

Cultura. En las instituciones tenemos una cultura de participación y compromiso, la que debería tenerse en cuenta a la hora de elaborar y evaluar un plan de estudios. Deberíamos intervenir todos los actores: profesores, expertos, funcionarios, investigadores, padres, graduados, estudiantes. Sin desconocer que es difícil alcanzar un plan ideal que represente la totalidad de las opiniones, es importante lograr un consenso que tenga en cuenta tradiciones, historias, experiencias, contextos, debates actuales al respecto. Los procesos participativos dan cuenta de una sincera convicción de cambio, de respeto por la participación y el diálogo y se sustentan en el supuesto de que los profesores somos los mejores expertos, capaces de participar en la elaboración, implementación y mejoramiento del currículum.

A pesar de que no fuimos consultados, ni en la construcción ni en la revisión de estos espacios experimentales, que advertimos desde el principio que no iban a ser viables y que tenían gravísimos errores conceptuales-epistemológicos, intentamos acompañar a nuestros estudiantes en el cursado, aunque se nos negó permanentemente la participación. Ejemplos de estos abundan en las instituciones: en muchas oportunidades hemos convocado a los coordinadores de los TPP a participar de las reuniones plenarias y no han asistido "porque funcionaban en un sistema paralelo" y no tenían obligación; las autoridades de los institutos desconocían el funcionamiento del taller; los mismos se realizaban fuera del edificio institucional; entre muchos otros ejemplos que llevó a que nuestros estudiantes estén "tironeados" entre la organización institucional y el sistema paralelo de los TPP.

Selección. Además, cabe señalar lo irregular e improcedente que ha sido el modo de selección de los coordinadores de este espacio, ya que fue distinto a lo normado para los docentes del nivel superior; y que además, los perfiles de estos coordinadores, como todos sabemos, en muchos casos no tienen formación acorde a las problemáticas abordadas, al nivel para el cual forman y no reúnen las condiciones de exigencias previstas para desempeñarse en el nivel superior.

Después de todo lo padecido, ahora, el Ministerio de Educación de la provincia ¿nos impondrá que estos coordinadores se transformen en "facilitadores" dentro de nuestros espacios de Talleres de Práctica? ¿Facilitadores de qué? ¿de la tarea a la que venían oponiéndose? ¿de la relación con las instituciones asociadas que venimos construyendo hace tiempo? ¿del modo de entender la práctica profesional? Creer que los docentes de práctica, los co-formadores y los estudiantes de profesorados necesitamos facilitadores para funcionar mejor es una ofensa a nuestra profesionalidad y un desconocimiento total de lo que se viene trabajando en las instituciones.

Erogación innecesaria. Además, ¿es necesaria la erogación de tanta cantidad de dinero en tantas horas cátedra para sumar una persona más a los Talleres de Práctica que ya están conformados por más de un profesor? ¿No sería más adecuado que se aumente la carga horaria de los profesores de práctica con experiencia y que reúnen los requisitos exigidos? ¿No sería mejor que se destine ese dinero a reconocerle económicamente la función que viene cumpliendo gratuitamente el co-formador? ¿No sería mejor que con esas horas los institutos podamos recuperar y cubrir las funciones de investigación y de capacitación para estudiantes, graduados, docentes noveles y co-formadores? ¿No sería más justo que esas horas se concursen y la tome gente idónea y habilitada?

Me resisto a recibir a "los facilitadores" en el espacio de Taller de Práctica, me resisto a sostener un "proyecto" (o intento de) con el cual no coincido desde sus fundamentos y que, sobradas pruebas hay que no ha funcionado. Me resisto a compartir un trabajo colaborativo con personas que siguen cobrando esas horas a pesar que no las están trabajando y que, si tuviesen ética, renunciarían porque el proyecto experimental no funcionó (los docentes nunca tuvimos horas pagas para evaluar nuestras prácticas, estos coordinadores están evaluando el espacio desde noviembre del año pasado sin dar clases frente a los estudiantes). Me resisto a que la provincia siga malgastando fondos y se encapriche en sostener estos espacios, emparchando la idea original utilizándonos, ahora sí, a los profesores de los institutos que ingresamos a la docencia por la puerta y no por la ventana.

Espero que mis compañeros se sumen, que los directivos nos acompañen, que los estudiantes nos comprendan y apoyen y que el gremio nos defienda y respalde. Y espero, sobre todo, que el Ministerio de Educación y sus funcionarios, esta vez, nos escuchen.

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