Ovación
Martes 06 de Septiembre de 2016

Diario de viaje: Vivir en las alturas

"Venir a Mérida y no subir al teleférico es un pecado", coinciden los merideños. Para quienes ayer tuvieron la suerte de cumplir con ese paso (entre ellos el enviado de Ovación) fue como tocar el cielo con las manos. Parece mentira que la mano humana sea capaz de tal construcción.

"Venir a Mérida y no subir al teleférico es un pecado", coinciden los merideños. Para quienes ayer tuvieron la suerte de cumplir con ese paso (entre ellos el enviado de Ovación) fue como tocar el cielo con las manos. Parece mentira que la mano humana sea capaz de tal construcción. Mérida lo disfruta, además de ofrecerlo. Es el sistema de teleférico Mukumbarí, cuya base está en el casco urbano y desde donde se parte hacia los casi 4.800 metros sobre el nivel del mar, con un recorrido de 12,5 kilómetros. Una experiencia a bordo del teleférico más largo y alto del mundo. El municipio de Mérida agasajó a la prensa local y argentina para experimentar esa sensación de placer indescriptible con palabras.

La estación Barinitas, a 1.600 metros, desde donde se parte, es el inicio del recorrido. Hay cuatro estaciones más: La Montaña (2.436 metros), La Aguada (3.425), La Loma Redonda (4.045) y Pico Espejo (4.765). En este último ya falta el oxígeno. En el trayecto se vive algo especial, disfrutando de una estructura imponente, que fue construida por los venezolanos, en el mismo lapso en el que una empresa suiza (la encargada de traer los carros, con capacidad para 60 personas o 4.675 kilos) llevaba adelante la ingeniería electromecánica. Parte del viejo sistema (dado de baja en 2011 por obsoleto) hace al paisaje y parte del transporte de carga de materiales. Al lado está la nueva estructura, que funciona desde este año y pocos pueden darse el gusto de utilizarla ya que aún no está abierta al público.

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