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Viernes 30 de Abril de 2010

Día de la Chupina: "La transgresión no se anticipa"

 A los 12 años Sebastián y Nicolás decidieron hacerse la chupina. Estaban en 7º grado y querían experimentar algo de lo que, sabían, pasa en el secundario. Sin medir mucho los riesgos, se refugiaron en el cíber del supermercado del barrio, el mismo donde madres y vecinos hacen sus compras. El final es fácil de imaginar. Pero ¿qué diferencia a esta chupina con la que hoy festejan cientos de chicos rosarinos en un mismo día? "La transgresión no se anticipa, porque no sería tal", dice el pedagogo de la UNR, Pablo Urbaitel.

A los 12 años Sebastián y Nicolás decidieron hacerse la chupina. Estaban en 7º grado y querían experimentar algo de lo que, sabían, pasa en el secundario. Sin medir mucho los riesgos, se refugiaron en el cíber del supermercado del barrio, el mismo donde madres y vecinos hacen sus compras. El final es fácil de imaginar. Pero ¿qué diferencia a esta chupina con la que hoy festejan cientos de chicos rosarinos en un mismo día? "La transgresión no se anticipa, porque no sería tal", dice el pedagogo de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) Pablo Urbaitel.

Las crónicas periodísticas coinciden en que el Día de la Chupina se originó en la Escuela Nigelia Soria de Rosario, el 27 de abril de 1993. Luego se promovió desde una FM local, de ahí en más la idea original se volvió masiva y se estableció el último viernes de abril para festejar este día.

"La chupina no es un hecho novedoso, es un ritual propio de las instituciones más bien autoritarias", dice Urbaitel, y enseguida invita a preguntarse "por qué hoy se explicita". Opina que el fenómeno del que hoy participan cientos de adolescentes rosarinos se inscribe en esta necesidad de "las sociedades del espectáculo donde hay que mostrar todo", donde se "diluyen los límites entre lo público y lo privado".

Según explica, la institución de una jornada para la chupina (rata o rabona) marca una diferencia con aquella surgida en una escuela de mucho control: "Entonces hacerse la chupina era un acto libertario, de rebeldía, de decir me escapo de una escuela de mucho autoritarismo". Y agrega: "La transgresión no se anticipa, un hecho constitutivo de la transgresión es no decir qué se va a hacer".

Para Urbaitel, la cuestión invita a hablar del papel de los adultos. "Alain Ehrenberg (sociólogo francés) dice que hoy se cayó el par permitido-prohibido para dar lugar al par permitido-posible", y agrega que "antes los adultos ponían las prohibiciones, ahora lo posible". Por eso plantea que "los chicos bien saben que esta chupina generalizada es en todo caso una transgresión de escaso o impredecible riesgo de sanción".

—¿Hay que sancionar a quienes falten hoy?

—Sí, debe ser así, de lo contrario no hay normas. No estoy hablando de una restauración conservadora, sino de la existencia de un contrato tácito: es decir, a la escuela se va, se toma asistencia y no se puede faltar.

—Muchos piensan que este tipo de decisiones se pueden negociar con los chicos.

—A la agenda escolar la marcamos los adultos, no la armamos en una paritaria; después se puede discutir. No hay que perder de vista el rasgo universal de la escuela. Hay que tener decisiones políticas de educación para todos. Lo otro genera exclusión.

—¿Se queda con el Día de la Chupina o con la de antes?

—Con la de antes, y no por nostalgia, sino por la posibilidad de decidir cuándo uno lo quiere hacer. Es la que preserva el acto privado de la decisión, de qué amarra me quiero soltar y en qué momento.
 

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