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Sábado 07 de Septiembre de 2013

Deuda: el mundo mira a la Argentina

 En alerta. Los fallos contra el país en Nueva York preocupan a los centros financieros y a las naciones pobres. 

Siempre se escucha afirmar a los extranjeros que han vivido en el país por un tiempo que la Argentina no da oportunidades de aburrimiento. En sólo pocas semanas después de las elecciones primarias de agosto fueron temas de máxima tensión nacional el impuesto a las Ganancias que pagan los trabajadores, el enfrentamiento con la empresa aérea Lan, el acuerdo petrolero con Chevron y la reapertura del canje de la deuda, entre otros.

En todas las iniciativas que impulsó el gobierno hubo críticas desde distintos sectores con la sola excepción del proyecto de ley sobre el pago de la deuda, que esta semana el Senado dio media sanción por amplia mayoría para intentar evitar una situación internacional complicada para el país.

Para los medios masivos de comunicación es difícil abordar este último tema porque, además de ser muy específico, técnico y aburrido, no genera interés en el público que, equivocadamente, no percibe que su vida pueda verse afectada por una deuda impaga. Sí lo han advertido hasta los más enconados opositores al gobierno, como el radicalismo o el PRO, que habían adelantado su apoyo al oficialismo en una muestra de responsabilidad política.

Pero no sólo en la Argentina la situación causa temor. El mundo financiero internacional está mirando con mucha preocupación cómo termina esta película.

Antecedentes. Para trazar un superficial cuadro que contextualice qué está pasando, se podría decir que la Argentina aún no resolvió en su totalidad la deuda que declaró en default, por casi 90 mil millones de dólares, en diciembre de 2001.

Un 93 por ciento de los acreedores, externos e internos, acordaron en 2005 y luego en 2010 una quita de casi el 70 por ciento y están cobrando. El restante 7 por ciento no lo aceptó, pretende que se le pague el total de sus acreencias e inició una demanda en Nueva York. Un juez de primera instancia de esa ciudad y luego una cámara de apelaciones fallaron a favor de los demandantes, sentencias que ahora podrían revisarse si la Corte de Estados Unidos acepta tratar el caso. Si no lo hace, quedará firme el fallo que obliga a pagar al país la suma de unos 1.330 millones de dólares de una sola vez y al contado.

Algunos pocos fondos de inversión, conocidos como "buitres", manejan parte de esa suma, cuyos bonos fueron comprados a precio de remate y con altas tasas de interés porque nadie confiaba en ellos y ahora pretenden obtener una ganancia sideral. Ese es su trabajo: ver oportunidades de negocios en la desgracia ajena.

Si el fallo se confirma, la Argentina entraría en default pese a que la gran mayoría de los acreedores hayan ingresado al canje de reestructuración de la deuda y aceptaran cobrar menos. Esto significa para el país la imposibilidad de endeudamiento a tasas razonables y las habituales complicaciones que tiene en todo el mundo un deudor incobrable al que todos quieren embargar, desde un barco de guerra hasta las reservas soberanas depositadas en Suiza, casos que hasta ahora no han prosperado.

Es imposible que el gobierno abone la cifra en litigio con los fondos buitres, aunque la tenga, porque les daría un privilegio sobre el resto de los que aceptaron la quita y haría peligrar todo el canje. Y entonces sí el país tendría que declararse en bancarrota. De ahí, a la realidad actual de Grecia, hay sólo un paso.

Aparentemente, el gobierno busca con la nueva apertura del canje mostrar voluntad de pago a quienes hasta ahora nada cobraron por exclusión propia. Se estima que la decisión minoritaria de no entrar en el canje fue un error de estrategia financiera porque la mayoría que lo aceptó obtuvo muy buena rentabilidad en los últimos años, sobre todo con los bonos atados al crecimiento de PBI nacional.

EL gobierno pretende que la cifra del 93 por ciento que reestructuró sus bonos se incremente aún más y que el caso sea visto en Estados Unidos más como político que económico, para lograr que la Corte norteamericana intervenga porque también están en peligro la plaza financiera de Nueva York y hasta el mismo sistema financiero internacional.

Alerta en EEUU. ¿Por qué en Nueva York y en el mundo se mira con tanta atención este caso? En primer lugar, si se confirma que la Argentina tiene que pagar el cien por ciento a ese pequeño grupo que no aceptó la quita, todas las reestructuraciones de deudas soberanas serían pasibles del mismo procedimiento y ningún acreedor toleraría cobrar en el futuro menos del total de lo que le deben. Con ello, el problema de la deuda de los países en crisis sería vitalicio y los países pobres y endeudados del mundo serían cada vez más pobres y sin salida. El fallo de Nueva York niega todo esto pero sus argumentos son muy rebatibles.

En segundo plano, ningún país utilizaría la plaza financiera de Nueva York como jurisdicción para reestructurar deudas porque allí le fallarían en contra, como en el caso argentino.

Este dilema fue retratado con pragmatismo esta semana por un analista financiero del diario "The New York Times" en una nota que, con una amplia fotografía de Cristina y el títuto "Not Crying for Argentina but fearful of a ruling" (No se llora por Argentina pero se le teme a un fallo), explica por qué un ignoto "recalcitrante deudor", como llamaron los jueces neoryorquinos a nuestro país, puede complicar a la principal plaza financiera del planeta.

El analista del diario Floyd Norris escribe precisamente desde la ciudad donde se desarrollan los acontecimientos y comienza su nota con una frase lapidaria: "En el mundo de las deudas soberanas en default, es difícil imaginar un deudor menos dispuesto que la Argentina. Ha incurrido en cesación de pagos una y otra vez por casi dos siglos y ha pedido pocas disculpas".

En la nota se reproduce un informe del gobierno de los Estados Unidos a la Justicia de su mismo país advirtiendo que un fallo contra la Argentina puede dañar el estatus de líder de Nueva York como centro financiero internacional y causar un efecto negativo sobre el dólar, ya que se alentaría a otros países a denominar su deuda en otras monedas y ponerlas afuera de la jurisdicción de la Justicia norteamericana.

Es decir, la preocupación pasa por el negocio que perdería Estados Unidos en cada reestructuración de deudas soberanas y no tanto por las consecuencias para la Argentina, que quedaría como deudor de por vida.

El periodista norteamericano explica algo interesante que argumenta el Fondo Monetario Internacional, muy preocupado también por el asunto: la mayoría de los bonos en el mundo son emitidos bajo la jurisdicción de la Justicia de Estados Unidos o Inglaterra. Pero en Londres los tenedores de bonos no pueden iniciar juicios, sólo lo puede hace su fiduciario si se lo exige la mayoría de los acreedores. Por eso, se teme del estatus de Nueva York para futuras reestructuraciones de deudas y que se acuda en masa a la plaza británica, que espera ansiosa y con los brazos abiertos quedarse con un gran "bussiness".

El temor de Estados Unidos, por supuesto, es el de perder un negocio millonario donde intervienen bancos, fondos y toda la estructura financiera que no hace gratis el trabajo para los países que, como la Argentina, cayeron en insolvencia.

"Si la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos cree que el caso puede sentar un precedente que transforme las reestructuraciones de deudas internacionales, podría ser que se ocupe del asunto argentino", dice el experto en finanzas del diario neoyorquino en una clara señal que tanto los acreedores como la Argentina importan poco. Lo revelante es el impacto político y quién seguirá liderando la plaza financiera donde los países deudores acuden a arreglar sus cuentas impagas.

También Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, publicó esta semana una columna, "The Vultures' Victory" (La victoria de los buitres) que dio la vuelta al mundo. El economista calificó de increíble e inconsistente el fallo contra la Argentina y coincidió en que a partir de ahora Estados Unidos puede no ser considerado una buena plaza para emitir deuda soberana. Y fue más allá al asegurar que los jueces han anulado un principio básico del capitalismo moderno que sostiene que "cuando los deudores no pueden pagar a sus acreedores es necesario un nuevo comienzo".

Por única vez en años, sea por amor o por espanto, todos van en la misma dirección para resolver el tema de la deuda: opositores y oficialistas domésticos, organismos de créditos internacionales y gobiernos extranjeros. Habrá que ver si los jueces norteamericanos se alinean con ese pensamiento sensato o producen otro hito negativo para la historia argentina que tendría también graves derivaciones en el mundo, sobre todo entre las naciones más pobres.

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