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Sábado 29 de Octubre de 2016

Después de cinco siglos, abrieron el sepulcro de Jesucristo

Un equipo científico inició la tarea de estudio y restauración del lugar más venerado por cristianos y católicos de todo el mundo.

Un grupo de científicos restauradores abrió luego de varios siglos la superficie de lo que tradicionalmente se considera la tumba de Jesucristo, ubicada en la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén, Israel.

En la cámara más recóndita del sitio que se cree es la tumba de Jesús, el equipo retiró una capa de mármol por primera vez en siglos en un intento por llegar a la superficie de piedra original donde yació el cuerpo de Jesús.

Casi cinco siglos había permanecido sellada la tumba, santuario de cristianos. En 1555, el entonces custodio de los Santos Lugares, el franciscano Bonifacio de Ragusa, logró de Solimán el Magnífico permiso para restaurar el edículo anterior, que databa de la época de las Cruzadas y se encontraba en un estado deplorable. Desde entonces y hasta ahora, nadie volvió a ver lo que ocultan las sagradas piedras del Sepulcro,

Esta reapertura tuvo lugar, según fuentes del complejo religioso, el miércoles pasado. El hecho fue publicado por la revista National Geographic.

"El mármol que cubría la tumba ha sido sacado y nos sorprendió la cantidad de material de relleno que encontramos", explicó Fredrik Hiebert, arqueólogo residente de la National Geographic Society. "Será un análisis científico largo, pero finalmente podremos ver la superficie original sobre la que, según la tradición, fue acostado Jesucristo", agregó.

El lugar del entierro está contenido dentro de una estructura llamada Edicula, que fue reconstruida entre 1808 y 1810 tras ser destruida en un incendio, y que actualmente está siendo restaurando por un equipo de la Universidad Técnica de Atenas.

Según explica National Geographic, el proceso le está dando una oportunidad única a los especialistas para estudiar cómo fue originalmente el sitio más sagrado para el cristianismo". El lugar fue identificado como la Tumba de Cristo en el año 326 por la madre del emperador romano Constantino, Helena.

La tradición cuenta que el cuerpo de Jesucristo fue llevado a un sepulcro dentro de una cueva luego de ser crucificado por los romanos en el año 30 o 33. Para los cristianos, el hijo de Dios resucitó tres días después de su muerte, cuando una mujer entró al lugar y no encontró al cuerpo.

La Iglesia del Santo Sepulcro, conocida también como la Iglesia de la Resurrección, se erige allí y está bajo la custodia de seis iglesias cristianas: la Católica Romana, la Griega Ortodoxa, la Armenia Ortodoxa, la Cóptica, la Etíope Ortodoxa y la Siríaca.

Muchos historiadores sostienen que la caverna original fue destruida hace años. Pero un arqueólogo que acompaña al equipo de restauración dijo que las pruebas de radar de sondeo terrestre determinaron que las paredes de la caverna en realidad están erguidas —con una altura de 1,8 metros y conectadas a roca firme— detrás de los paneles de mármol de la cámara en el centro de la iglesia. Se trata de una pequeña sala de apenas tres metros cuadrados que alberga la tumba y a la que se accede por una puerta de 1,33 metros de altura.

"Lo que se descubrió es extraordinario", expresó Hiebert, sobre el sitio sagrado, atracción principal de una de las iglesias más viejas del Cristianismo y uno de sus santuarios más importantes del universo.

"Por lo general yo paso mi tiempo en la tumba de Tutankamón —afirmó Hiebert en referencia al sitio donde está sepultado el faraón egipcio—, pero esto es más importante". National Geographic se asoció con restauradores expertos griegos para documentar las tareas.

La iglesia del Santo Sepulcro es un edificio del siglo XII que descansa sobre restos del siglo IV en la Ciudad Vieja de Jerusalén. La tumba estuvo cubierta por un revestimiento de mármol al menos desde 1555 y probablemente desde siglos antes.

El edículo fue restaurado por última vez en 1810 después de un incendio, y requería una restauración después de años de exposición a la humedad y al humo de las velas. Una enorme jaula de hierro construida en torno al edículo por las autoridades británicas en 1947 como soporte aún se mantiene, pero no es suficiente.

La exposición del nicho está dando a los investigadores una oportunidad sin precedentes para estudiar la roca original, lo que puede ayudar a comprender mejor no sólo la forma de la cámara de la tumba, sino también la evolución del punto focal de veneración desde que fue identificado por primera vez por Helena de Constantinopla.

"Estamos en el momento crítico para la rehabilitación del edículo", estimó la investigadora griega Antonia Moropoulou, que dirige el equipo de restauradores de la Universidad Técnica Nacional de Atenas.

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