El Mundo
Jueves 27 de Octubre de 2016

Desmantelar el bloqueo económico a la isla: una estrategia a largo plazo

"Cuando uno hace algo que no funciona durante 50 años, es hora de probar algo nuevo". Barack Obama pronunció esa frase ante el Congreso de Estados Unidos cuando Washington y La Habana retomaron el año pasado unas relaciones diplomáticas rotas por más de medio siglo. Nada pudo hacer no obstante para levantar el embargo que EEUU impuso a Cuba en los 60 tras el triunfo de la revolución de Fidel Castro y contra el cual, desde 1992, se pronuncia anualmente una mayoría de países en la ONU.

Solo el Congreso estadounidense puede hacerlo y la mayoría de los legisladores se opone a dar su visto bueno a una medida que supondría el fin de la prohibición del libre intercambio de bienes y servicios y el de la prohibición a las inversiones estadounidenses en Cuba. Ante esta situación y desde que apostó por el deshielo con Cuba, Obama utilizó su poder presidencial para suavizar las restricciones económicas sobre las que tiene atribuciones, desmontando de facto una parte del bloqueo. "La prohibición de viajes a Cuba fue prácticamente desmantelada", dice el analista Juan Carlos Hidalgo.

Sobre el papel, los estadounidenses siguen teniendo vedado el turismo en Cuba, pero Obama flexibilizó los trámites por los que pueden acogerse a 12 formas para viajar allí, aduciendo intereses culturales, académicos o religiosos. Vacacionar en la isla dejó de ser imposible para ellos. Obama autorizó además los vuelos directos entre ambos países y desde el 31 de agosto hay seis aerolíneas americanas que operan desde Miami y otras cuatro ciudades estadounidenses a nueve destinos cubanos. De momento, las restricciones para compañías cubanas siguen vigentes.

Antes, el 1º de mayo, se retomaron los cruceros: con 700 personas a bordo, ese día partió de Miami el primer barco de pasajeros hacia Cuba en más de 50 años. Obama también autorizó la venta de bienes agrícolas y equipos de telecomunicaciones, restauró el servicio de correos y se habilitó el uso de tarjetas de crédito y débito de bancos estadounidenses. "El objetivo es facilitar las transferencias de dinero desde EEUU, apoyar al sector privado cubano, en especial a los cuentapropistas, para que se fortalezcan como actores sociales y políticos independientes del gobierno cubano", dice Michael Shifter, presidente del centro de análisis Inter-American Dialogue.

La última tanda de flexibilizaciones fueron a mediados de este mes. Entre otras cosas, Obama puso fin al límite de 100 dólares para entrar habanos y ron cubanos, abrió la puerta a importar medicinas de la isla y permitió a los estadounidenses participar en investigaciones médicas conjuntas, con o sin fines comerciales. Las medidas "podrán tener cierto impacto a nivel micro que a la larga podría ser importante, pero no variarán en mayor medida la dinámica económica entre los dos países en el corto plazo", dice Hidalgo. "Es una apuesta a largo plazo para Obama, consciente de que la normalización de las relaciones con Cuba no llevó a un cambio político en la isla. Cree que la mejor forma de promover el pluralismo en Cuba es facilitando los intercambios económicos para impulsar a los cuentapropistas y generar oportunidades para que los cubanos no dependan del gobierno", dice Shifter.

El éxito de la estrategia de Obama no está asegurado sobre todo teniendo en cuenta que el mandatario dejará la Casa Blanca en enero. Donald Trump afirma que de ganar revertirá la política hacia Cuba. Hillary Clinton apoya el acercamiento a Cuba, pero ya mostró que sus prioridades de gobierno en el primer año serán otras.

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