Policiales
Jueves 29 de Septiembre de 2016

Desbaratan una banda que usurpaba casas para instalar quioscos de drogas

La policía detuvo a 10 personas y secuestró medio kilo de droga. El líder tiene 18 años y los allanamientos fueron en zona sur.

Una investigación de un mes y medio desembocó ayer en un operativo policial en la zona sur de Rosario con la detención de diez personas y el desmantelamiento de "La banda del Gordo" Alan. Sus integrantes, calificados como "violentos" y "sin escrúpulos", se dedicaban al narcomenudeo y, bajo amenazas de muerte, expulsaban a familias de sus casas donde luego instalaban aguantaderos o quioscos de venta de drogas. Aunque son de Tablada, los maleantes extendían sus dominios a villa Banana y a Tiro Suizo, donde ayer la mañana se concentraron los allanamientos en lo que fuera Fuerte Apache.

Si bien el miedo predomina entre los vecinos de las zonas periféricas de Rosario tomadas por el brazo narco, como se notó ayer en Presidente Roca al 5100, algunos logran vencer ese estado y denuncian situaciones que mantienen a familias enteras encerradas en sus casas. Ese es el caso de una mujer que se animó a contar en una nota que publicó este diario el pasado 4 de septiembre la persecución que sufrió (ver aparte), lo cual permitió avanzar en la investigación que llevó a que la Dirección de Control y Prevención de Adicciones de la policía de Santa Fe, con orden del juzgado Federal 3 de Rosario, desmembrara la banda.

A las 9 de la mañana la Tropa de Operaciones Especiales (TOE) allanó una casa de Valparaíso al 2500, en villa Banana, donde detuvo a Brandon B., Cintia E. y Federico D. Tras ello, sobre las 9.30, ingresaron imprevistamente por calle Presidente Roca al 5200, una zona de viviendas sociales donde supo estar el asentamiento precario Fuerte Apache. En una casa con la numeración 5209 detuvieron a Gustavo Z., de 36 años; Alexis "Blanquito" S., de 21 años; Rubén Edgardo B. y Lucas B.

El quiosco. En un domicilio de Presidente Roca 5180 se detectó el funcionamiento de un búnker de venta de drogas y apresaron a Walter Luis P., de 39 años, y a Melisa Andrea P., de 24. En Presidente Roca 5173 cayó el cabecilla de la banda, Alan Vladimir "El gordo" E., de 18 años; y Federico Ezequiel "Polaco" I., de 20 años.

Además la policía secuestró un revólver calibre 22, una moto Guerrero robada el 16 de agosto pasado, 6 mil pesos en efectivo, medio kilo de cocaína, 11 bochitas de la misma droga y varios teléfonos celulares.

La denuncia. Tras el operativo el comisario Alejandro Druetta dio detalles del caso: "Veníamos investigando un lugar de venta de drogas hace dos meses. En esos días una señora denunció en La Capital que había sido amenazada por una banda narco y desalojada de su casa. No sólo fue corrida, sino que obligada a vender droga ella se negó y lo denunció en Fiscalía". Druetta confesó que "es muy preocupante y alarmante esta modalidad, pero se resolvió rápido porque así lo decidió el juzgado federal y se pudo detener a los diez integrantes del grupo".

"Se trata de personas jóvenes, entre 18 y 25 años, todos ligados al narcotráfico. A nuestro criterio es gente muy peligrosa y sin escrúpulos", explicó Druetta. De acuerdo a la investigación "El gordo" Alan es de barrio Tablada y "tendría conexiones con integrantes de la banda de Los Monos", a tal punto que algunos señalan que él o un familiar directo suyo está sospechado de aguantar en una casa de las islas a Ramón "Monchi" Machuca (detenido y procesado como líder la banda de Las Flores), en algún tramo de los tres años que estuvo prófugo.

A "El gordo" Alan le enrostran también un intento de homicidio. "Es peligrosísimo, tiene antecedentes por narcotráfico y hermanos fallecidos por esa circunstancia. Además está apuntado como sicario", deslizaron las fuentes.

"La mayoría de las personas que viven en esta zona son trabajadores, pero están atemorizadas ya que se constató que tomaron al menos cuatro casas tras sacar a las familias de prepo", dijo el jefe policial.

Las casas allanadas ayer pertenecen a una cuadrícula prolija de viviendas sociales de dos plantas sin terminar y ante la presencia policial, algunos muchachos miraban con recelo y los vecinos ni se asomaron al umbral de sus casas. Es que como ocurre en los barrios vulnerables, el miedo se respira todo el tiempo. La gente sabe que el paso de la policía es fugaz y no se plantea una estrategia social posterior a esa intervención para atacar el flagelo que los preocupa y pone sus vida en riesgo. Los grupos delictivos lo saben y vuelven.

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