Policiales
Miércoles 16 de Noviembre de 2016

Denunció a su padre y a su hermano por vender drogas con apoyo policial

Marisa vive atemorizada junto a su esposo, sus seis hijos y sus tres nietos. Sólo pretende que apresen a sus familiares.

Marisa Martinotti y su familia están atrapados en una telaraña de la que no sabe cómo salír. Meses atrás denunció a su padre y a su hermano por regentear un punto de venta de drogas en el barrio 7 de Septiembre. También denunció a efectivos de la subcomisaría 21ª por brindarles protección. Desde entonces padeció varias amenazas por parte de su hermano, hechos que quedaron registrados en cinco denuncias presentadas en la Fiscalía Regional Rosario y en la Fiscalía federal. En tanto, la madrugada del domingo la casa de Marisa, en Fresno al 7900, fue atacada a balazos. Por el hecho un día después dos muchachos que andaban en una moto fueron detenidos.

"Hablo porque no puedo más, no tengo opción, estoy contra la pared", dice angustiada y en busca de una protección que aún nadie le brindó. "A todo el mundo le contamos que nos quieren matar, pero todo el mundo nos dice que tenemos que esperar. Desde la Fiscalía Regional me dijeron que tengo que esperar hasta el viernes porque el fiscal que tiene agrupadas mis denuncias no está en la ciudad; en la Justicia federal primero me dijeron que tenía que hacer una carta y ponerla en un buzón en (el Tribunal de) Oroño al 900. Ayer (el lunes) fui a averiguar y me dijeron que recién el 11 de noviembre Gendarmería Nacional había tomado mis denuncias. Nosotros vivimos aterrados, encerrados, mis hijas dejaron de ir a la escuela y yo perdí un empleo. Todo eso porque denuncié a mi padre y a mi hermano y nadie me da respuestas", explicó esta madre de 40 años, seis hijos y tres nietos.

Papeles a la vista. Marisa relata su historia sentada a la mesa del su comedor. Allí desplega una decena de denuncias junto a Juan, su marido, algunas de sus hijas y una vecina.Entre todos cuentan el contexto que derivó en que el ataque a tiros contra el frente de la casa. ¿Los principales sospechosos? Carlos, su padre, y "Toro", su hermano. El primero ya tiene antecedentes por infracción a la ley antidrogas. El segundo, un ex barra de Rosario Central que fue condenado a 12 años de prisión por el asesinato de Maximiliano Infante, ocurrido el 10 de enero de 2002 en Sarratea y Juan José Paso, en Fisherton. Estuvo preso en Coronda hasta que en junio de 2006 la Cámara de Apelaciones de Rosario anuló la sentencia por falta de pruebas que sustentaran el fallo.

"Con mi padre y con mi hermano todo se terminó de ir al carajo cuando en abril de 2015 allanaron mi casa buscando el lugar donde él vendía droga, un lugar que estaba al lado de mi casa. Se llevaron detenido a mi marido y tanto mi padre como mi hermano querían que él se hiciera cargo de una mochila con droga y un arma que ellos me tiraron en el patio. Yo les ofrecí a los de la PSA (Policía de Seguridad Aeroportuaria) abrir la casa de Toro para que allanaran. Pero no me dieron bolilla. Mientras hacían el acta en mi casa, Toro sacaba bolsas de la suya", recordó la mujer.

Un auto blanco. "Después vino el asesinato de «Caly» (Carlos Alejandro Paz, el 27 de julio pasado en Schweitzer al 6800), donde el auto que usaron era muy parecido al de mi hermano. Como Caly había tenido problemas con Toro y en el barrio se decía que mi hermano había estado metido en eso, nosotros fuimos a hablar con la viuda para decirle que no teníamos nada que ver y evitar así quedar en medio de la bronca. Pero cuando Toro se enteró de eso me amenazó diciéndome que le había batido la cana", recordó Marisa.

Ese epsiodio, en la relación entre Toro y Marisa, operó como la gota que rebalsó el vaso. A partir de ese momento hubo una serie de amenazas que la mujer registró en la Fiscalía Regional. "Me pidieron paciencia. Que no fuera a los medios porque sino todo se iba a caer. Me dijeron que aguantara hasta el viernes, que el fiscal regresaba a Rosario. Pero yo no tengo tiempo porque mi hermano pasa todo el tiempo por la puerta de mi casa y me amenaza", explicó Marisa.

Hace dos meses la mujer fue a denunciar a su padre y a su hermano en los Tribunales federales. "Hice una carta y la puse en un buzón" (de la vida), explicó. Después probó con la Fiscalía federal. Allí le tomaron la denuncia y "el lunes, después de que me tirotearan la casa, fui enojadísima y me explicaron que el 11 de noviembre Gendarmería tomó mi caso. Pero a mi la casa me la balearon el domingo 13", dijo desesperanzada.

El ataque. Fue poco después de la 1 de la mañana del domingo cuando en la vereda de Fresno al 7900, las hijas de Marisa hacían tertulia con amigas. "Las chicas estaban en la calle y vieron pasar a Toro en un Volkswagen Gol blanco. Vinieron y me contaron. Les dije que se metieran adentro y entonces se escucharon los balazos. Un proyectil dio en la pared, otro en un perfil de la galería. Dos balazos dieron en el camión de un vecino. Nosotros no sabíamos donde esconder a mis nietos. Todo eso pasó a 30 metros de las cámaras de videovigilancia de Sánchez de Loria y Jorge Newbery que deben haber tomado todo. Los vecinos vieron que Toro disparaba desde la esquina", confió Marisa. "Con la bronca a cuesta nos fuimos hasta el búnker (a 200 metros de la casa) y lo escrachamos. Y también los escrachamos por Facebook",contó.

"El lunes Toro pasó por la puerta de casa y me gritó: «Voy a volver esta noche y te voy a cagar a tiros». Y él tiene una medida de exclusión de 200 metros de mi casa. Entonces comenzaron a pasar motos, motos y motos. Cansados, nos fuimos hasta el búnker y lo escrachamos de nuevo. Entonces llegó la policía y comenzaron a buscar un auto blanco como el de mi hermano, que andaba en una moto negra. A la moto la agarraron en José Ingenieros al 8000, pero al auto no", advirtió.

Dos detenidos. Desde el Ministerio de Seguridad se indicó que Lisandro L., de 21 años, y Nicolás M., de 23, fueron detenidos por el hecho y se les secuestró un revolver calibre 32 Smith & Watson con seis cartuchos (dos de ellos servidos) y una moto Yamaha YBR 125. Ambos serían soldaditos del búnker de drogas regenteado por Toro y por su padre.

Marisa también denunció connivencia de sus familiares con la subcomisaría 21ª y realizó la denuncia al 0800 de Asuntos Internos. Luego de lo ocurrido, la fiscal de Flagrancia Andrea Vega dispuso que las autoridades de la Unidad Regional II dispusieran el traslado del sumario a la seccional 17ª dado que la sub 21ª está bajo la lupa. "Yo estaba en la 17ª esperando ampliar la denuncia y los familiares de los dos pibes detenidos me vinieron a increpar. «¿Qué te hizo a vos mi hermano?» me preguntaron, y yo tuve que poner la cara sola porque ningún policía me apoyó. La verdad es que ya no sé qué más hacer. Yo sólo quiero que a mi padre y a mi hermano los metan presos y los investiguen", concluyó Marisa entre sollozos.

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