Policiales
Domingo 27 de Noviembre de 2016

Denunció que le usurparon la casa para poner un búnker

Carlos Ojeda tiene 59 años y en los últimos dos "le faltó suerte". Su madre lo dejó solo con su soltería, se quedó sin trabajo y para sumar males unos "narcos", como él dice, le usurparon su casa de Fisherton.

Carlos Ojeda tiene 59 años y en los últimos dos "le faltó suerte". Su madre lo dejó solo con su soltería, se quedó sin trabajo y para sumar males unos "narcos", como él dice, le usurparon su casa de Fisherton. Entre la mala racha y los errores terminó en la calle y durmió varios días en la Estación de Ómnibus Mariano Moreno. Cuando pensó que todo había pasado, dos personas que conoció en la calle le ofrecieron vender chipá pero terminaron golpeándolo y lo expulsaron de su humilde vivienda. "Creo que en mi casa van a poner un búnker. Son consumidores y no me extraña que quieran hacer negocios", dice con la voz del que todo lo perdió y ahora vive con "una familia que me aguanta".

Hace cuatro meses Ojeda llegó al límite de su escasa economía y conoció a un hombre apodado "El leproso". La mañana del 19 de noviembre ese hombre y otro lo golpearon, le tiraron una olla por la cabeza y le cortaron la ceja con una cuchilla. Ensangrentado y confundido Ojeda llegó al Hospital Centenario para que lo curaran y de allí a la seccional 17ª a realizar la denuncia. A la noche, pasadas las 22, volvió a su casa de calle Chazarreta al 7200 y ya no pudo entrar. "Me cambiaron el candado y la cerradura", dice sin explicar demasiado.

Esa noche durmió en la terminal. La mañana del domingo fue nuevamente a la seccional para denunciar la usurpación y le dijeron que el sumariante no estaba, que tenía que esperar y que no había un fiscal disponible. Vagabundeó y la noche lo encontró por segundo día en un banco de la terminal.

Los días sucesivos los pasó buscando que la policía echara a sus ex amigos de su casa. "Me dijeron que yo tenía que presentar la escritura, pero no la tengo", dice Ojeda.

Una mañana conoció a "Tito", un policía evangélico que se apiadó de él y lo llevó a su casa a convivir con su esposa y sus hijos. El 23 de noviembre fue a la Fiscalía, donde un secretario le dió el golpe final: "No se puede hacer nada hasta dentro de una semana. Espere", le dijo.

Otros males. "Yo vivía con una chica, Flavia, y trabajaba en un bar de Córdoba y Rodó, a dos cuadras de mi casa. Después me enteré que cuando yo me iba a trabajar, entre las 22 y las 8, ella vendía drogas. Yo estaba preocupado y me hice amigo de un muchacho que la echó, pero resulta que el tipo me pedía 2 mil pesos por mes para que no me hicieran nada los amigos de la piba", cuenta.

Ojeda era ferroviario y en la presidencia de Carlos Menem se acogió al retiro voluntario, cuando los ramales pararon y cerraron. "Llegué a tener un poco de plata, pero con el tiempo se fue. A mi madre la llevó mi hermana a vivir con ella al sur y yo me quedé solo y sin casa", cuenta. "¿Se podrá hacer algo para que me den mi casa? ¿Y si ponen un búnker y voy preso?", se pregunta.

El hombre muestra la declaratoria de herederos y los impuestos pagos de su casa, muestra la ceja cortada y los golpes, su camisa y el pantalón que consiguió en una feria "gratis, porque mi ropa quedó en la casa". Lo otro que tiene es una denuncia y un bolsito casi vacío.

"No sé que puede pasa. La policía tendría que sacar a estos muchachos. Pero me dijeron que yo los dejé entrar y que ellos tienen que esperar la orden del fiscal para sacarlos, pero yo no tengo donde ir", balbucea sin saber de su futuro.

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