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Domingo 10 de Julio de 2016

Del ocio a la fábrica

En su libro, Jaskel Shapiro describe cómo la instalación del Swift en Saladillo dio por tierra con los proyectos urbanísticos de la burguesía local.

Hacia los años 1870/80 el ámbito de la ciudad llegaba a lo que conocemos como el radio de los bulevares, Oroño y Pellegrini, con el río al este. Un creador trabajo del historiador Diego P. Roldán se refiere a los propósitos de las elites dirigentes de sustraer el barrio Saladillo para la vida y el esparcimiento de aquellas, alejadas, segregadas, del tumulto y sobre todo de la pobreza, de las masas de trabajadores que se incorporaban a la actividad económica de la época.

   Es oportuno recordar que las calles de la ciudad llevan nombres de personas que merecen recuerdo y honra, con otros cuyo mérito fue haber sido terratenientes urbanos, especuladores de tierras y viviendas, rentistas voraces y aprovechados de las necesidades de vivienda, aumentando penurias a la pobreza y a la miseria. Avenida Arijón es una extensa avenida, suerte de línea de frontera del sur de la ciudad. Debe esa denominación a un señor Manuel Arijón —y a un hermano suyo, venido de España, originario de Galicia, que se embarcó en 1857 en un pequeño navío como tantos miles de inmigrantes europeos que luego arribarían a nuestras playas para la aventura de una nueva vida.

   El primer empleo de Arijón fue el de cadete de un almacén, "Pobre diablo", ubicado frente al viejo mercado central. Algo sabía de lenguaje y matemáticas elementales que le sirvieron par ir saliendo de pobre.

   Hacia 1866 ya tenía una casa dedicada a la exportación y, entonces, trajo a su hermano menor, José Arijón. Éste se hizo experto en negocios de alfalfa y se dedicó a su exportación. Luego contrajo matrimonio con Fausta Coll, cuya familia tenía alguna fortuna. A ella la recuerda también una calle que se llama, precisamente, avenida Fausta, en el barrio Saladillo. No demoraría mucho en convertirse en el primer propietario del lugar conocido como Aldea Saladillo, con 1.500 varas en el sur rosarino.

   José Arijón también se dedicó al negocio de la alfalfa y siguió la vocación por los negocios inmobiliarios, además, a dar préstamos personales, a participar en sociedades financieras, bancarias, distinguiéndose de su hermano por su mayor dinamismo, premura y destreza para esos negocios.

   En 1868 ya fue socio de la naciente Bolsa de Comercio y fundador de la Sociedad Rural de Rosario. Para 1921 era dueño de una importante cantidad de inmuebles, 44 propiedades alquiladas a familias, 144 departamentos dados en alquiler y el mayor conventillo de la zona de Refinería, el que contaba con 95 habitaciones ocupadas por 369 almas, con un solo pico de agua corriente y cuatro letrinas (...).

   Pretendían, como se dijo, que esa parte de la zona sur fuera "un refugio natural en estado de virginidad, una extensión verde y pura y aún no hollada por la mano del hombre, ni por la civilización ni por su equivalente la urbanización". Hubo disputas, debates, sobre preservar estos parajes ante proyectos y realidades que impulsaban otros destinos. Balneario y otras construcciones hacían pensar en Mar del Plata y también lugares más alejados y, ¿por qué no lugares de Francia?

   Pero las cosas no fueron así. En pocos años, como dice su autor, se pasó "del ocio a la fábrica". En la zona sur de la ciudad se fueron asentando los mataderos municipales, el Mercado de Hacienda y la planta del frigorífico Swift. Terratenientes y ganaderos de la Sociedad Rural de Rosario intentaron crear un polo local de comercialización, alternativo al mercado de Liniers de Buenos Aires, el que concentraba la comercialización de la hacienda, con la posibilidad de fijar precios que tendrán influencia en otros mercados. Un mercado local permitiría comercializar hacienda de las provincias limítrofes por cuanto abarataba fletes y gastos que implicaban su traslado a Buenos Aires. También impulsaban el proyecto de Nuevo Matadero y de un frigorífico regional, cuestiones que se discutían mucho.

   Pero la compañía Swift tenía los mismos proyectos, y fue más rápida.

   En 1907 había inaugurado sus actividades en Berisso, en el Gran Buenos Aires. Se proponía integrar el negocio agropecuario desde la cría del novillo hasta la venta de carne enfriada y congelada y disputar los mercados extranjeros.

   El poder económico de esta fuerte empresa norteamericana provocaba preocupación entre los hacendados que querían competir con el negocio. "«Los yanquees», que pretenden criar, faenar, congelar y exportar (...)que realizarían a bajo costo y mantendrían bajo presión a los hacendados locales", opinaban representantes de dichos intereses locales, según lo publicado en Del ocio a la fábrica, de Diego Roldán. La discusión de la ubicación del matadero local llevó años, con propuestas aprobadas y desechadas.

   En cambio «los yanquees» del Swift ya habían comprado terrenos para levantar esa gran planta frigorífica. Las ventajas geográficas y naturales de Rosario, su entorno, fueron codiciadas desde su temprano desarrollo, antecedente notable de lo que sería el puerto rosarino y en años más recientes la red de puertos privados y el complejo sojero.

   El lugar del Swift, en punto sur oriental del arroyo Saladillo, lugar de confluencia con el Paraná, resultaba inmejorable para una industria cuya producción estaba orientada a la exportación.

J. S.

Bio

Jaskel Shapiro, autor de Asalto a la democracia sindical, es economista "con sentido político y social", tal como a él le gusta definirse. Ha seguido temas que tienen que ver con movilizaciones populares que conmovieron a la ciudad y en este trabajo se refiere, particularmente, al modelo sindical generado desde 1943/45, que "casi sin variantes mantiene una estructura verticalista, con una institucionalidad que facilita una función decisiva de las cúspides de las federaciones, que muchas veces contaron con auspicio patronal y estatal", señala el autor.

   En el libro relata la experiencia en el Sindicato de Obreros de la Carne entre 1961 y 1962, bajo la secretaría de Ramón Zarza, y también avanza sobre la problemática de lo que se ha denominado el Cordón Industrial del Paraná, en períodos de demanda de democracia sindical.

   Shapiro también ha publicado El Caracazo y los Saqueos de 1989 en Rosario y Los Rosariazos (compartida la autoría de Oscar González y Enrique Gigena).

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