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Lunes 20 de Octubre de 2008

Del este y el oeste

Siempre supe —más bien ya es un dato constitutivo— que soy del sur. Que somos el sur del planeta. Dirán que es un hecho convencional, ya se sabe, al menos desde unos ciertos criterios, pero no cabe duda de que, más al sur, siendo esquemáticos, sólo queda la Antártida.

Siempre supe —más bien ya es un dato constitutivo— que soy del sur. Que somos el sur del planeta. Dirán que es un hecho convencional, ya se sabe, al menos desde unos ciertos criterios, pero no cabe duda de que, más al sur, siendo esquemáticos, sólo queda la Antártida.

Pero ¿alguien sabe cuán al oeste estamos, cuán occidente somos? Y ahí me pregunto en serio: ¿cuánto al oeste estamos? ¿Y cómo se separan, se delimitan, se rozan, ese oeste y ese este? ¿Cuál es su "punto de encuentro"?

Sin más datos que los de la representación usual, ni siquiera respetando lo que inequívocamente marcan los paralelos de la Tierra, me doy cuenta de que de México para arriba todo es norte. Y que de Venezuela y Colombia para abajo todo es sur.

¿Y lo del medio? Siguiendo con mis representaciones —más épicas y culturales que cartográficas— América Central pertenece al sur, aun cuando seguramente poco coincide esa visión tan lineal con las más frondosas representaciones, los deseos, las encarnizadas luchas y los temores de sus variados pobladores.

Entonces me digo algunas cosas. Unas de valor poético y otras de sentido práctico.

No cabe duda de que el día nos llega desde el este. Los habitantes del oriente deben enorgullecerse de eso, aunque a ellos finalmente también les amanezca desde más al este, es decir, desde el oeste. Una imagen mental que me acerca a los dibujos y grabados de Escher.

También es cierto de que las primeras operaciones de Bolsa, con todos sus efectos, vienen cada día asomando desde el este. Así como bastantes otras cosas que, para un lado o para otro, inciden en nuestra balanza comercial.

Con toda "lógica" (aunque no sea necesariamente esa la única lógica que lo haya motivado), desde hoy las provincias del oeste argentino seguirán más cerca de lo que mandan los meridianos que las del este. Y Argentina tendrá por unos meses dos husos horarios, como de hecho ocurre en otros países del mundo. Qué loco, ¿no? Y qué cuerdo al mismo tiempo este milagro de amaneceres y noches y relojes.

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