Brexit
Sábado 23 de Julio de 2016

Del Brexit a los dólares del monasterio k

En foco. El impacto de la salida de Gran Bretraña de la Unión Europea no es posible aún valorarla en toda su dimensión. Sí, parece ser el comienzo del voto protesta contra el sistema en los países centrales que no aciertan en mejorar la calidad de vida de la gente. El voto argentino y la crónica decadencia moral.

La salida de Gran Bretaña de la Unión Europea ha sido interpretada y debatida largamente por toda la prensa del mundo porque supone un duro golpe a la globalización en términos económicos, políticos y sociales. El voto contra el establishment, la tradicional política partidaria y el temor a la "invasión" extranjera es lo que podría explicar, en forma de síntesis superficial, por qué los británicos se inclinaron por el sentimiento antieuropeo.

Gran Bretaña nunca adoptó la moneda común europea, el euro, y mantuvo en vigencia su libra esterlina (cosa que no hicieron Alemania, Francia ni Italia, principales economías de Europa). Con Londres como uno de los centros financieros del mundo (junto con Nueva York, Hong Kong, Singapur y Tokio) y capital de un imperio que ya no es tal pero que mantiene su vigencia, la separación del Reino Unido traerá cambios a la economía mundial que nadie aún se anima a pronosticar.

El triunfo de la salida británica de la UE fue un sacudón que aún rebota en los mercados mundiales y del que nadie, incluida la Argentina, saldrá indemne. Pero eso no es lo más importante, sino poder entender qué subyace detrás de ese voto de protesta contra el sistema y por qué, de inmediato, los nuevos populistas conservadores cuasifascistas, como Marine Le Pen en Francia o Donald Trump en Estados Unidos, salieron a celebrarlo. ¿El Brexit implica un cambio de paradigma en la aldea global? ¿Es una señal de que el mundo ha iniciado un camino diferente al de la integración, la solidaridad y la distensión propiciada por Europa después de las dos guerras mundiales pese a la avalancha de masacres del fundamentalismo islámico?

Calidad de vida. Para Christian Dustmann, profesor de Economía y experto en migración en el University College de Londres, el voto a favor del Brexit "ha sido muy emocional" porque, en realidad, "la racionalidad no ha jugado ningún papel en este referéndum. Si hubiese jugado un rol destacado, el Reino Unido seguiría en la UE. Todo esto tiene que ver EN_DASHexplicóEN_DASH con que en los últimos 7 u 8 años gran parte de la población se haya sentido perjudicada. Y que, como siempre, se haya culpado de ello alNONBREAKING_SPACEestablishment. Muchos han votado a favor de la salida como forma de protestar contra el gobierno", dijo.

Durante una entrevista en la televisión alemana, Dustmann aseguró que la muy controlada política migratoria británica tampoco es la explicación al Brexit, sino la difícil situación económica del país desde la crisis financiera mundial de 2008. "El gobierno conservador del ex primer ministro Cameron practicó, desde hace años, una política de austeridad extrema, lo que se tradujo en la reducción de muchos servicios públicos. La atención sanitaria se ha visto empobrecida, los tiempos de espera en los hospitales aumentaron e incluso ha tenido efectos en el transporte público local y regional. A esto —añadió— se sumó la caída en picada que han sufrido los salarios reales. Han sido y siguen siendo años muy difíciles para los ciudadanos. Sobre todo para aquellos que están en el extremo inferior de la escala de ingresos, especialmente en el norte de Gran Bretaña", explicó el especialista.

El proceso de separación puede demorar varios años, para beneficio del poco más del millar de funcionarios británicos que trabajan en Bruselas, una ciudad donde se aprecia a simple vista el despliegue fastuoso y burocrático de la sede de la Unión Europea. Sus enormes y lujosos edificios y sus interminables oficinas no comulgan con la situación de la población de muchos países miembros, como Grecia, por ejemplo, que casi no puede pagarle a sus jubilados y viene haciendo un ajuste fenomenal en su economía para saldar deudas a los bancos europeos que le prestaron indiscriminadamente en el pasado. Mientras tanto, Bruselas pide ahora acelerar el Brexit y mantiene en vigencia el siempre usado proverbio británico de "Keep calm and carry on". (Mantengan la calma y continúen).

Nerviosos. Los que no están en calma son los norteamericanos, incluso los sectores de poder, que ven que el voto británico podría espejarse en las presidenciales de noviembre y llevar a Donald Trump a la Casa Blanca. "Los británicos han recuperado su país y se declararon independientes de la Unión Europea. Es algo fantástico. En todo el mundo la gente está enojada. Están enfadados por las fronteras, están enfadados por la gente que entra en su país y toma el control de él, y nadie ni siquiera sabe quiénes son", dijo el magnate inmobiliario sobre el resultado del Brexit, y ahora envalentonado con su candidatura presidencial lograda esta semana.

"El pueblo americano —agregó Trump para ya relacionarlo con su interés político— tendrá la chance de volver a declarar su independencia y votar por las políticas comerciales, de inmigración y relaciones internacionales que pondrán primeros a nuestros ciudadanos".

Del otro lado del Atlántico, Marine Le Pen, líder del partido de extrema derecha Frente Nacional, dijo que el Brexit es "una victoria de la libertad" y de inmediato salió a reclamar el mismo referéndum en Francia, donde el año que viene hay elecciones presidenciales en las que por primera vez la ultraderecha tiene chances de ganar. Si previamente Trump triunfa en noviembre y Le Pen le sigue en abril de 2017, el mundo ya no será el mismo: el posmodernismo que dio paso a la modernidad líquida quedaría perimido definitivamente y un nuevo modelo social, probablemente aún más deshumanizado por un individualismo más egoísta que el actual, emerja por varias décadas.

Cómo no esperar el voto protesta antisistema en todo el mundo cuando las condiciones económicas, aún en los países desarrollados, se resienten. Cuando, además, avanza el miedo al extranjero en lo laboral y el fanatismo musulmán radicalizado torna inseguras a las grandes capitales. A esto se suma un vacío de valores a nivel global, donde lo que se destaca es el bienestar de pocos y asoma el desinterés por los expulsados del sistema.

Las nuevas generaciones advierten cómo en distintas zonas del planeta son imparables las guerras civiles que causan decenas de miles de muertes y éxodos masivos, y que África es un continente perdido por la crónica violencia y la miseria absoluta, entre tantas lacras contemporáneas que también llegan a Latinoamérica.

En todo el mundo. Esta región del planeta no es inmune al fenómeno global de decadencia moral y de pérdidas de valores. El triunfo de Mauricio Macri podría inscribirse en el mismo fenómeno del Brexit porque supo concentrar la expresión de la protesta y bronca ciudadana con una imagen impoluta de su partido que ahora deberá sostener durante los próximos cuatro años en un país donde la regla es la corrupción y la honestidad sólo refugio de los héroes de la Patria.

El espectáculo, que recorrió el planeta, de un ex funcionario de primer nivel del gobierno anterior que intentó esconder casi nueve millones de dólares en un monasterio ayudado por religiosas tiene pocos antecedentes en el mundo. Un monasterio que no tiene todos los papeles en regla y monjas que no lo son, es una muestra cabal de que en Argentina aflora lo trucho en donde se busque.

Cómo no calificar a la Argentina en el mismo nivel de corrupción que un país del África subsahariana cuando ex bancarios y luego constructores se vuelven millonarios en pocos años, cuando dirigentes empresarios admiten haber pagado sobornos (el famoso 15 de Movicom) al personaje que arrojaba bolsos con dólares al interior del predio religioso. Todo muy brutal por su ejecución, pero una señal más que aún los gobiernos que se inclinaron por un mejor reparto de la renta nacional no han podido abandonar la tentación del enriquecimiento personal, no ya de un robo hormiga sino de principales figuras que hacen sospechar de todo un sistema dedicado a una asociación ilícita.

Pero ese mismo voto protesta contra el sistema británico o los icebergs de la corrupción en la Argentina podrían volverse como un bumerang contra quienes lo supieron capitalizar. El actual presidente del Banco Nación confiesa que no traerá al país dinero que tiene en el exterior, el escándalo del dólar futuro salpica a muchos integrantes del gobierno y la secretaria de la oficina anticorrupción que debe controlar al Estado es militante de partido oficial, por sólo mencionar algunas desprolijidades que comienzan a aparecer.

El tema central es que no se trata de hacer más prolijo lo irregular, sino que desaparezcan por completo de la Argentina las estructuras montadas por años para delinquir, una tarea utópica y equivalente a lograr de inmediato la felicidad y el bienestar total de todos los habitantes de este mundo.

El hartazgo de la gente por las políticas de la globalización, que no alcanzan ni siquiera para una buena calidad de vida en los países centrales, arrancó en Gran Bretaña, como la Revolución Industrial en el siglo XVIII. Puede ser el comienzo de un nuevo modelo, puede significar nada más que una grieta poco profunda. Nadie lo sabe aún con certeza ni en Europa ni en la Argentina, donde los cambios siempre llegan, aunque a veces demoren.

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