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Sábado 02 de Noviembre de 2013

Debates necesarios para hacer posible la democracia

La Escuela Nº 1.267 recordó el regreso a la vida democrática hablando de los problemas del barrio

"A algunos la droga les pega bien y están tranquilos, a otros les pega mal y salen a robar". El comentario lo hace un adolescente, y lo comparte en un taller especialmente dispuesto para debatir los problemas que afectan a los barrios, a la escuela y desde ya para pensar en salidas posibles. La inseguridad, la violencia y las adicciones ganan la charla. Esta invitación a intercambiar miradas y preocupaciones sobre la realidad social fue parte de lo preparado por la Escuela Nº 1.267 Latinoamérica para recordar los 30 años de democracia.

"Solidaridad, democracia, participación", decían unos carteles coloridos colgados en el salón principal de la Latinoamérica, ubicada en Rodríguez al 2800, donde concurren chicos a la primaria y a la secundaria. A treinta años del regreso a la vida democrática, la escuela se propuso trabajar con los alumnos la idea de apropiación de la palabra, desde el debate y los problemas más cercanos. La estrategia fue usar un video como disparador, donde se veía a vecinos de un barrio español describiendo qué había para mejorar y cambiar en el lugar.

En talleres. Los salones fueron los espacios elegidos para ese intercambio. Llegaron y se mezclaron —divididos por colores— chicos de la primaria con los de la secundaria (anexo de la Escuela Nº 360 que funciona en el mismo edificio que la 1.267). "El mayor problema es la inseguridad" fue lo que más se escuchó. Una definición claramente asociada a "la droga" y "hasta a la misma policía".

"A mi me ofrecieron (droga) pero yo dije que no, por más que me carguen y me traten de «nenita», porque mi mamá me enseñó a decir que no", explicaba uno de los adolescentes en este ida y vuelta. Una de sus compañeras advertía sobre las edades de consumo: "Un pibito de 8 años me preguntó si tenía un faso para darle. Le dije que no y lo reté, si era mi sobrino que tiene la misma edad le pego".

"Esto es así y es difícil que cambie. Vos ves cómo la cana se acerca a los búnkers sin que pase nada", contaba enojado otro de los chicos. Enseguida una de las docentes insistió en pensar en una salida posible a semejantes y complejas problemáticas. "Sabe que pasa, la adolescencia no es fácil", le retrucó el adolescente dejando sin palabras por un rato a todos.

Consumos tempranos. Se escuchó que muchos llegan con sueño, cansados "porque están en la esquina hasta muy tarde", "que a los 11 hay chicos que ya empiezan a tomar fernet" ("o antes", soplará alguien desde un rincón del salón).

En una de las aulas, la conversación era intensa, trascendía lo propio y deseable para la infancia. Fue cuando uno de los nenes de primaria puso la voz de alerta, casi como pidiendo oxígeno y dijo: "Seño, el tema de la droga me tiene cansado. Hablemos de reciclaje".

Sabio y oportuno el llamado de esta criatura que no pasaba los 10 años. Después de todo la escuela, el aula, la educación están para compartir estos dolores, pensarlos juntos, ofrecer otras miradas, y también —como reclamó este chico— para no perder de vista que es el lugar para hacer la diferencia.

Comunidad. A esta idea de compartir preocupaciones y pensar soluciones en conjunto estaban invitados, antes y para el acto, las vecinales, comerciantes del barrio, familiares, el centro de salud y la capilla, entre otros. Sin embargo, no hubo la respuesta esperada.

Al comenzar la actividad, una de las docentes, dijo en sus palabras de bienvenida algo así: "Queremos que la escuela sea el lugar de ustedes, y la sigan viendo siempre como un lugar seguro".

Antes había leído un texto alusivo al acto. "La democracia se debe expresar en todos los ámbitos sociales y el más cercano es el barrio. Porque el espacio social que constituyen las comunidades barriales debe contener y expresar la vigencia de la democracia. En las barriadas se debe acceder a los derechos a la salud, a la educación, a la recreación, a la participación. Acceder a ellos también nos exige compromisos y participación a todos, incluidos los niños, los adolescentes y jóvenes, los adultos y personas mayores", leyó entre otras ideas.

"Las necesidades y planteos realizados en los talleres serán reunidos en un documento que entregaremos a la «interbarrial», donde participan distintos organismos estatales y no gubernamentales", dijo la vicedirectora de la primaria, Alicia Cámpora, para contar que la idea es "darle continuidad" a este debate y encontrar respuestas.

Consejeros. A la 1.267 asisten 149 chicos, mayormente son del barrio y de otros aledaños. En tanto que a la secundaria provienen además de otras barriadas un poco más alejadas como San Francisquito y hasta de Tío Rolo. En la primaria funcionan los "consejos estudiantiles", integrados por dos nenes y dos nenas por grado (con delegados titulares y suplentes). "Cada tanto nos reunimos, hablamos de todo lo que pasa en la escuela, desde el comedor, lo pedagógico y hasta los problemas que aparecen en el barrio", contó Cámpora.

A manera de conclusión, la vicedirectora repasó que en los talleres surgieron reclamos por "más seguridad" y pedidos de los alumnos como "mejorar las cárceles, porque así como están no sirven", "combatir la corrupción: ni policías ni gendarmes corruptos". Pero también demandaron "más trabajo, más espacios para jugar y hacer deportes".

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