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Sábado 21 de Marzo de 2009

De reformas y cambios en el nivel superior de la enseñanza

Durante la década del noventa, cuando las reformas educativas irrumpían con fuerza y con un mismo discurso piloteado por los organismos financieros mundiales, se hacía hincapié en la necesidad de fortalecer la educación básica. Es obvio que cuando se hablaba de extender la obligatoriedad, nadie podía estar en desacuerdo en favorecer a la franja de chicos que no estaba en las escuelas.

Durante la década del noventa, cuando las reformas educativas irrumpían con fuerza y con un mismo discurso piloteado por los organismos financieros mundiales, se hacía hincapié en la necesidad de fortalecer la educación básica. Es obvio que cuando se hablaba de extender la obligatoriedad, nadie podía estar en desacuerdo en favorecer a la franja de chicos que no estaba en las escuelas; aunque el único fin que motivaba ese objetivo fuese por ese entonces más de contención que educativo.

Sin embargo, al tiempo que esto sucedía, muchas voces de educadores y estudiosos de la realidad educativa advertían que se abandonaba, no ingenuamente, el campo de la formación docente, es decir de los futuros profesores. Y así fue.

Con el tiempo aparecieron las evaluaciones —también internacionales— que mostraron que en los "fracasos escolares" el factor docente era clave. Nuevamente empezó a mencionarse en el discurso, la docencia como base de los cambios.

Por suerte, la nueva ley de educación nacional llegó con una buena noticia: la atención puesta en recuperar el prestigio histórico de los maestros argentinos. Al margen de una que otra mirada diferente, el Instituto Nacional de Formación Docente (Infod) es una muestra de este compromiso, también la decisión de cambiar los planes y extender el tiempo de estudio de los futuros docentes en su carrera.

Por eso, apenas iniciada la actual gestión educativa de la provincia, las señales dadas para el nivel superior de la enseñanza —donde justamente se incluyen, además de los institutos terciarios, los profesorados— fueron muy bien valoradas.

La primera señal fue el nombramiento de María Eugenia Stringhini a cargo de la dirección de superior, una profesional a la que nadie dejó —ni deja— de mencionar como "de lujo", "valiosa por su ética y profesionalismo". Le siguió el anunció de que el 2008 sería el año en que se trabajaría en el cambio curricular de los profesorados, para lo cual se formó una comisión también integrada por educadoras de reconocido prestigio.

Y en tercer lugar, se sometió el trabajo de esta comisión a un ida y vuelta de consultas democráticas con los profesorados, rara vez experimentada en el nivel.

La promesa

La promesa de este esfuerzo era contar en 2009 con los cambios curriculares para la formación docente aprobados por Nación y aplicándose de lleno en las aulas.

Pero iniciado ya el ciclo educativo, y a quince días de empezar las clases en el nivel superior, Santa Fe —que podría haber sido pionera en este terreno— sería hasta el momento una de las únicas tres provincias que aún no elevaron para el visto bueno nacional los cambios impulsados.

¿Por qué si se trabajó tanto durante 2008 se llega a esta situación? A la renuncia —muy lamentada por los profesorados— de Stringhini a fin del año pasado, se sumó éste —fechada el 19 de febrero pasado— una carta enviada a la ministra Elida Rasino por el grupo coordinador de la "Comisión de cambio curricular para la formación docente" donde se muestra mucha preocupación por el rumbo de los diseños que habían sido aprobados "y hasta merecido la felicitación" pública de la ministra.

Es que luego de las consultas sobre los borradores de los diseños con los institutos, varias correcciones y el visto bueno público oficial frente a los directores, la ministra Rasino pidió —casi pisando el año nuevo—, que los revisaran porque "no se ajustaban a los lineamientos filosóficos y políticos" de este gobierno provincial, entre otras razones.

Los argumentos escuchados alrededor de este pedido sorpresivo de ajuste de los nuevos planes van desde la pelea interna por incluir más horas de educación física y áreas artísticas, a la forma de entender la práctica de quienes se forman en la docencia y hasta el personalismo de la ministra, a quién aseguran "le gusta escucharse sólo así misma" y "mantener un único discurso" (al menos hacia fuera).

 

Sin certezas

Lo real es que la comisión se negó a revisar los cambios sugeridos, en una extensa y argumentada carta donde detallan lo realizado durante el tiempo para el que fue convocada.

En la nota se lamentan que "luego del intenso trabajo realizado por los especialistas se decidiera su no implementación recién a fin de diciembre".

Ahora, a la preocupación de no contar con la certeza de lo que sucederá con el cambio prometido para los profesorados, se suma que muchos no ven con buenos ojos que la misma directora provincial de nivel inicial, Silvia Pezzoni, haya sido nombrada también para hacerse cargo del nivel superior de la enseñanza.

Razones no faltan para esta intranquilidad: la atención a la infancia es tan importante como la formación docente, por lo que requieren de miradas propias y específicas. Y por si hiciera necesario refrescarlo, también para no repetir los errores pasados y no postergar a la preparación de los futuros maestros otra vez a un segundo lugar.

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