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Sábado 21 de Diciembre de 2013

De policías y saqueos: los límites de la educación

El lugar de la escuela frente a hechos de violencia como los vividos desde principios de diciembre. ¿Qué puede hacer?

Los últimos saqueos fueron muy diferentes de, por ejemplo, los del año 2001. Ahora muchos saqueadores llegaban en camionetas: eran "saqueos preparados", realizados en buena parte por personas que no tenían urgencias económicas. El caso —que no ha sido único— del policía entrerriano que tenía objetos saqueados en su casa muestra a las claras que la liberación de zonas por la policía pudo haber estado pactada, en muchos sitios, cuando no directamente se impulsaban los saqueos desde la institución, en la medida en que ellos eran la base para exigir aumentos salariales al estamento político.

También, en este caso, se prefirió llevar electrodomésticos y celulares en vez de comida, lo cual es una muestra clara de que ahora no se trataba de urgencias extremas, sino más bien de proveerse de objetos que pudieran usarse, o intercambiarse a buen precio.

¿Cuánto puede hacer la educación para mejorar estas situaciones? Por un lado, puede aportar en cuanto a la formación educativa policial. Dentro de las reformas que habrá que hacer de estas instituciones, a partir de sus acciones de fuerza, está la de una formación escolarizada más estricta. Tanto en las exigencias mínimas de ingreso, que debieran al menos incluir la escuela media finalizada, como luego en el proceso de formación en ejercicio, que para confirmar en el cargo debiera exigir al menos dos años de escolarización donde se estudie teoría criminalística, derechos humanos y aspectos legales de la lucha contra el delito.

Eso sí, que la población vaya a la escuela no nos garantiza que alguna vez no pueda dedicarse a saquear, por más calidad que la educación guarde. Es evidente que la educación formal no inmuniza contra esta clase de actitudes. Sin embargo, asumidos estos límites educativos de los que alguna vez escribió el psicoanalista Bernfeld, está claro que la posesión de un buen capital simbólico es una ayuda en estos casos. Es la educación la que pone freno a los impulsos, la que nos enseña a contenernos por respeto al lazo social, o al menos por miedo a que los demás nos rechacen. La educación ayuda, como acceso a bienes simbólicos socialmente compartidos.

Es menos, en cambio, lo que podemos apostar en cuanto a la educación como escalón para salir de la pobreza, o nivelar los estamentos sociales. Por una razón simple: la mejora educativa, inevitablemente se muerde la cola. Si tenemos cada vez más titulados, los títulos valen cada vez menos. De tal modo, si muchos llegan ahora al grado universitario, éste vale menos que antes. Es una paradoja estadística, no es mala voluntad de nadie: la educación cada vez exige más escolarización para llegar a iguales puestos de trabajo. A más educación, menos valor relativo de la misma.

Así y todo, es una ayuda para cualquier sujeto la de asumir las normas sociales por vía de la escolarización; ello atenúa la "libre salida" de los impulsos agresivos que llevamos en el inconsciente. Y por ello no se implica ninguna garantía contra el saqueo o la violencia, pero sí la existencia de un margen subjetivo de freno frente a la propensión a realizarlos; y ello es de por sí una mejora para las condiciones de convivencia social.

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