Educación
Sábado 03 de Septiembre de 2016

De padres y madres que "negocian" y de hijos con "mucho poder"

¿Tienden los padres a negociar más que a establecer límites? Frente a este interrogante La psicóloga Mariana Prelas responde. "Se puede motivar a un chico para que haga algo pero a veces encontramos situaciones invertidas y un niño con mucho poder que le dice al padre «yo hago lo que vos me pedís si a cambio me das tal cosa». Existe un desbalance de poder que debe existir pero no por parte del niño. Los chicos toman decisiones para las que no están preparados cognitivamente para hacerlo. Muchos padres aseguran que están cansados y que tienen problemas, es entendible porque somos parte de una sociedad que demanda mucho. A veces es preferible demorar una respuesta hacia al niño que contestarle enseguida y sin pensarlo, no tiene que ser inmediato, pueden manifestar que lo pensarán y primero las personas a cargo de ese pequeño se pondrán de acuerdo. Esa gratificación inmediata que reclama el niño no es tan buena, hay que exponerlos de alguna manera a la frustración".

La especialista sostiene que advertirle a un niño que se lo va castigar, se le sacará tal juguete o recibirá algo a cambio si se porta bien no funciona para mejorar las conductas durante la niñez. En cambio, se puede reforzar lo positivo desde el elogio y el afecto y no desde lo material; y explicar por qué sí y por qué no, pero siendo breves y claros, con un lenguaje que ellos puedan entender, tratando de buscar otras alternativas posibles: "Con esto no podés jugar pero vamos a buscar algo con lo que sí puedas", o "vamos a guardar este juego para poder jugar a otro", y evitar así decirle "si no guardás este juego, no jugás nunca más".

"En algunos hogares se les tiene miedo a los hijos, por temor al escándalo o por no escucharlos gritar y llorar. Pareciera además, que social y culturalmente existe una necesidad de mantener a los niños felices todo el tiempo, entonces dicen que hacen lo que sea para que sea feliz, y el chico crece aprendiendo que consigue las cosas de esa forma. Tampoco se trata de que sienta temor ante su padre o madre, porque no sería un vínculo sano", concluye Prelas y remarca que no existe el manual de cómo ser buen padre o una buena madre, y que con cada hijo será diferente.

—¿Cómo se percibe en el aula esta conducta, y cómo repercute en el ámbito escolar frente a una maestra que también pierde autoridad?

—Del Pazo: Es difícil enseñar y aprender, así como relacionarse asertivamente con los pares cuando lo que está en juego es la relación con el docente. A partir de una relación de autoridad saludable es posible que se lleve a cabo el hecho educativo en orden y sin grandes conflictos. Un maestro puede perder autoridad por su propia inmadurez o dificultad para ejercerla (por desconocimiento o por su historia personal) o porque los alumnos no reconocen autoridad en ningún adulto debido a su experiencia en el hogar. Por ende, la mayor parte del tiempo que debería estar dedicado al proceso de socialización y de enseñanza-aprendizaje "se pierde" en resolver un tema relacional, que si bien es necesario, debería darse de un modo más natural cuando padres y docentes actúan como tales, con idoneidad y preparación.

Prelas: La escuela es un ámbito que establece pautas y reglas estructuradas, y es el primer lugar donde los niños y las niñas tienen que cumplirlas. De todos modos esta característica tiende a modificarse y se cuestiona a la institución educativa y a los docentes. El vínculo con los pares también es un gran aprendizaje, es un espacio donde el chico percibe que su compañero tiene una crianza distinta a la suya, con otra configuración familiar donde los límites funcionan diferentes. En este tenemos que ser flexibles como adultos y aceptar que hay otros que piensan distinto y educan de manera distinta. Esto hace que más de una vez los papás se cuestionen si hacen bien las cosas, si es lo mejor para su hijo y dudan, por ejemplo, si comprarle un celular o dejarlo ir a un baile. Cada uno debe confiar en sus pensamientos y convicciones; y claro que se pueden equivocar pero también pueden solucionarlo. Este desafío también lo tienen las docentes que se encuentran con un grupo de alumnos que ha recibido límites y pautas de manera diferente.

—¿Qué inquietud o necesidad manifiestan los chicos en esta relación con los adultos?

—Del Pazo: Los noto muy solos, con poco tiempo para compartir espacios de diálogos y comunicación con su familia ya sea por el trabajo de sus padres o porque a pesar de estar en casa, cada uno de los miembros de la familia está metido en sus cosas de manera individual, especialmente en las pantallas como la televisión, la computadora o el celular. También observo muchos chicos sobreexigidos, llenos de actividades dirigidas, sin tiempo para el juego libre, el pensamiento libre y creativo, o simplemente tiempo para estar con sus abuelos o seres queridos. Revertir o modificar de alguna manera esta situación implica invertir más tiempo para estar con los chicos, conocerlos, escucharlos, interesarse por sus cosas, jugar con ellos, también estar abiertos a cuestionarse y aprender nuevos modos de actuar, sea hablando con otros padres o madres, leyendo, consultando a especialistas y amigos.

—Prelas: Que acepten lo que a ellos les pasa, si un compañero lo molesta o lo carga en la escuela. A veces en la casa, tienden a considerar estas situaciones como insignificantes, cuando en realidad es preciso validar sus emociones y prestarles atención no solo cuando se portan mal sino por las cosas buenas que hacen, que se lo digamos y reforcemos. Necesitan que les brindemos las herramientas y alternativas para que puedan ellos mismos resolver sus problemas. A veces manifiestan que sus padres no los escuchan porque siempre están con el celular, entonces la próxima vez no recurren a ellos.

P.S.

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