Edición Impresa
Sábado 02 de Abril de 2016

De miradas perdidas

Una invitación a volver a pensar el lugar de las escuelas nocturnas, donde muchos mayores aprenden a escribir.

Hoy nos enfrentamos a un mundo inserto en la sociedad del conocimiento, un mundo donde la persona se mide por lo que sabe, por lo que conoce y por lo que es más allá de símismo en la cultura adquirida, en los saberes presentes, en el paso por la escuela, en las huellas dejadas dentro de una institución escolar. ¿Qué nos pasó como sociedad para que encontremos hoy tantas miradas perdidas en la escuela primaria para jóvenes y adultos? ¿En dónde estuvimos todos los que pertenecemos al sistema educativo para no poder enseñarles a leer, a transitar una escolaridad primaria infantil y que no los excluyera? ¿Dónde estuvimos escondidos para no brindarles a quienes hoy son jóvenes y adultos algo tan digno como es poder comunicarse en forma escrita?

Es tiempo de repensar la escuela para jóvenes y adultos, repensarla desde el respeto hacia esos excluidos escolares que hoy asisten con la esperanza de todavía poder ser alguien en esta sociedad. Es tiempo de ver en esosalumnos, nuestros alumnos de 14, 70 años o más, con la mirada de lo que no se les permitió ser, para tratar de ayudarlos a ser. Es tiempo de ver en nuestros alumnos la urgencia que nos lleva como docentes a exigir para ellos recursos. Ellos hace mucho que esperan y solos no pueden. Sólo con quienes ponen y dejan su corazón en la “nocturna” lo van a lograr. Ellos son nuestros héroes, los que día a día después del trabajo o ya jubilados se sientan humildemente en un banco a esperar la mirada que los acoja para ser escuchados, aprehendidos para conocerlos y saber de su tan resignado sufrimiento. La Escuela Primaria para Jóvenes y Adultos existe: callada, humilde, silenciosa pero que a paso firme transita el lugar donde se le asigna para poner un pizarrón con sillas y tablones para poder enseñar algo tan básico como escribir mamá o algo tan sublime como aprender el Himno Nacional.

La música de la “nocturna” está hecha con manos  gastadas, lápices viejos y cuadernos amarillos, pero con la ilusión intacta del recién llegado a una fiesta, la fiesta del conocimiento; con la impronta de la esperanza de un pasado y de un presente que no fueron y con un futuro que tal vez será. Muchas veces al decir que “soy maestra de nocturna” escuché: —¿Ah, de una Eempa? Y me enoja que mi querida “nocturna” no sea reconocida, no por mí ni por los docentes que las transitamos, sino por ellos, por nuestros héroes, genios, nuestros ídolos, nuestro motor de búsqueda diaria, por nuestros dignísimos alumnos. A modo de nuevas perspectivas de apertura: la escuela primaria para jóvenes y adultos existe. Es necesario e imperativo que no solo desde ella o desde el Ministerio de Educación se la vea, sino desde todo el sistema educativo. Si le miramos la cara a la “nocturna” será la única manera que no cometamos más errores haciéndonos los que no vemos. Hay personas, seres humanos que esperan lo mejor de nosotros y solo hemos logrado excluirlos.



 

Comentarios