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Domingo 18 de Agosto de 2013

De México a Paraguay y las Paso, hay un cambio en la tendencia de fondo

La insostenible expansión del gasto, la inflación y los rasgos autoritarios han hecho entrar en crisis al modelo estatal populista

La asunción de Horacio Cartes en Paraguay, la perceptible debilidad del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, la reforma petrolera en México y el resultado de las primarias en Argentina son fenómenos unidos por un denominador común. Los tiempos de auge del modelo estatista-populista en América latina, basado en un redistribucionismo sin controles ni eficacia de la riqueza creada por las commodities, están quedando atrás. Las cumbres de la Unasur en las que los presidentes centristas son minoría y parecen arrinconados por los bolivarianos y sus aliados, marcan un balance de poder regional que está cambiando.

En Venezuela, luego de la muerte de Chávez, el modelo sumó un grave problema: Nicolás Maduro. Un presidente que es un repertorio de limitaciones y que además está sospechado de haber ganado con fraude. Desde Caracas ya no surge un potente polo de influencia regional. Sin caudillo carismático no hay plebiscitarismo autoritario que se sostenga, dado que falta la pieza central. Si encima el sustituto no sólo no es carismático sino que ni siquiera es un sobrio conductor y buen administrador, la crisis está servida. Y su doble crisis, política y económica, pone al postchavismo a la defensiva, haciéndolo más agresivo que nunca puertas adentro, pero mucho menos influyente en el escenario regional.

En el caso argentino, desde las elecciones primarias del domingo el estilo crecientemente autoritario del segundo krichnerismo ha quedado muy golpeado. El avance del poder central sobre el sistema institucional y la economía han sido rechazados en forma clara por el 70 por ciento de los ciudadanos. El encuestador y analista Carlos Fara señaló: "Desde que Cristina asumió su segundo mandato, el electorado está percibiendo un exceso de intervención estatal (63 por ciento), y está corriéndose al centro, buscando un mayor equilibrio entre Estado y mercado". Ya no son sólo las grandes empresas y sus gurúes quienes se lamentan del estatismo sino ciudadanos de a pie agobiados por los impuestos y la inflación.

Pero además, en estos dos años, el gobierno de Cristina hizo un neto viraje en política exterior hacia posturas radicales que pusieron al país —casi— en el mismo grupo que Venezuela y sus aliados del Alba. El inexplicable acuerdo con Irán y el marcado acercamiento al eje bolivariano son los puntos salientes de ese giro de la política exterior de CFK. Hay que decir que muy poco contribuyeron a su popularidad, especialmente entre las clases medias.

A todo esto puede sumarse la llegada a la presidencia de Paraguay de Horacio Cartes, un "colorado" que pretende tener un perfil muy diferente a su viejo partido. Paraguay, ahora con un gobierno legítimo para todos, incluidos los actores regionales, debe ser readmitido en el Mercosur y ya lo fue en la Unasur.En cuanto a Brasil, Dilma y Lula hoy ganan cómodamente en todos los sondeos con vistas a las presidenciales de 2014. Pero está claro que la política de grandes gastos del Estado deberá ser revisada, en un modelo que igualmente siempre ha cuidado al inversor privado y mantenido bajo control la inflación. En México, el nuevo mandatario, Enrique Peña Nieto ha iniciado una reforma constitucional para dar mayor participación a los privados en el sector petrolero. La estatal Pemex viene perdiendo producción en forma sistemática desde hace demasiados años.

Son todos fenómenos políticos que marcan una clara necesidad de ir en otra dirección a la que ha predominado durante esta década. El ciclo de hegemonías prolongadas y tendencialmente autoritarias basadas en la continua expansión del Estado y en el impuesto inflacionario al parecer se está terminando.

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