Escenario
Sábado 14 de Enero de 2017

De los montes de La Forestal al éxito en Buenos Aires

De aquel nacimiento en los montes de La Forestal _recordado en 1997 cuando grabó "Santa Fe al norte", de Rafael Ielpi y Carlos Pino en su disco "Cartas"_, su paso por Alto Verde y su crianza en casa de sus tíos donde trabajó a destajo, Horacio Guarany comenzó a amar a la canción

De aquel nacimiento en los montes de La Forestal _recordado en 1997 cuando grabó "Santa Fe al norte", de Rafael Ielpi y Carlos Pino en su disco "Cartas"_, su paso por Alto Verde y su crianza en casa de sus tíos donde trabajó a destajo, Horacio Guarany comenzó a amar a la canción. También en Santa Fe inició sus pasos artísticos estudiando guitarra con Santiago Aicardi y actuando en la escuela primero y la radio después. Con ansias desbordantes _como vivió toda su vida_ apenas pudo se largó para Buenos Aires y cantó en boliches por lo que le dieran, mientras vivía en un barco donde oficiaba como cocinero. Fue cantor de la orquesta del maestro paraguayo Herminio Giménez y la vida le puso delante una oportunidad cuando se embarcó, en Montevideo, junto a su amigo el titiritero Javier Villafañe, en un barco que los llevaría a Moscú al festival de las juventudes y, tras un arrollador éxito ultramarino regresó a Buenos Aires, donde era uno más de los tantos que luchaban por sobrevivir. Pero se encontró con la sorpresa de que un disco que había grabado antes de partir sonaba en las radios y rápidamente se convertía en un éxito masivo.

La vida no siempre le sonrió. La represión lo arrinconó y sus amigos lo sacaron poco menos que a la fuerza de la Argentina. Se exilió en México y en España donde casi muere de nostalgia. "Me vine porque me iba a pasar como a Zitarrosa", me dijo un día en su casa de Luján. Cuando dejó Castro Urdiales regresó a la Argentina y literalmente comenzó de nuevo. Inició una nueva vida en su mítico barco con el que navegaba desde San Fernando hasta Santa Fe y fondeaba donde mejor le parecía. Allí vivió hasta que se reencontró consigo mismo escribiendo y rehaciendo su vida con una mujer rosarina. Sus amigos le consiguieron una casa en Luján y allí se asentó para encarar años fructíferos en los que siguió componiendo canciones y escribió varios libros ("El loco de la guerra", 1992; "Las cartas del silencio", 1993; "Sapucay", 1994; "Memorias del cantor", 2002; "La creciente, Alto Verde querido", 2005, y "Mujer de la vida", 2015) y hasta filmó una película más ("El grito de la sangre", 2014), que se sumó a las que había hecho en su primera etapa artística.

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