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Sábado 28 de Marzo de 2015

De los conflictos cotidianos en el aula al acoso y la narcocultura

En un congreso realizado en Rosario se analizó la agenda de las diferentes violencias que se expresan en la escuela.  

Situaciones de conflictos reiteradas en el aula y docentes que ya no saben cómo resolverlas, agresiones verbales y físicas, y distintas maneras de discriminar son algunas de las violencias más conocidas que se manifiestan en las escuelas. A esa agenda, se han sumado en los últimos años el acoso por las redes sociales y la “narcocultura”. La problemática se trató durante el congreso “Violencia en la escuela”, al que asistieron unos 400 educadores de Rosario, la región y otras provincias. Fue el viernes 20 y sábado 21 pasados, y estuvo organizado por la Fundación Sociedades Complejas y el Instituto Santísimo Rosario.
  Uno de los paneles de este congreso trató “La violencia en la Argentina y México. Experiencia de trabajo con docentes y alumnos”. Tuvo como disertantes a las profesoras e investigadoras María Teresa Prieto Quezada (Universidad de Guadalajara) y Telma Barreiro (Universidad de Buenos Aires).
  Prieto Quezada citó una investigación en la que lleva, junto a otros investigadores, más de 10 años de trabajo y que “fija orientaciones sobre violencia, convivencia y disciplina”. Trabajo difundido en la publicación del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (Comie). Aparecieron en esa nómina de problemas, la discusión sobre la competencia de la familia y la escuela en la enseñanza de los valores (de quién es la tarea, qué pasa con la educación ciudadana), también la organización escolar y los espacios para mejorar la convivencia; además de las distintas miradas que admite el término disciplina.

“Bullying”.  No quedo afuera de esta enumeración, el llamado “bullying”. “Es un problema serio y en crecimiento”, dijo la educadora mexicana sobre este fenómeno que gana espacio en los debates educativos, pero más en los medios de comunicación. Tampoco quedó al margen, la discriminación ante la discapacidad, haciendo un llamado a favorecer “una cultura que aprecie lo diferente”. Y en ese desafío de superar la discriminación, también recordó la deuda sobre el tratamiento de las cuestiones de género en el ámbito educativo.
  La investigadora de la Universidad de Guadalajara habló de otras  nuevas formas de violencia que se agregan a la agenda más conocida, al menos para la escuela. “La violencia se va metamorfoseando, cambiando, moviéndose”, advirtió para aludir a los casos del denominado “ciberbullying” o acoso por las redes sociales “que cada vez se muestra con más fuerza” y afecta a los estudiantes.
  Entre esas nuevas y graves preocupaciones también están “el consumo y abuso de drogas”, sobre lo que admitió aún faltan estudios serios, profundos. Y de inmediato planteó el debate ineludible que abre la presencia de “la narcoviolencia en la escuela”. “Esto nos ha marcado a todos. Hay un crecimiento de la narcocultura en los jóvenes”, manifestó.

Narcocriminalidad. Prieto Quezada compartió su intranquilidad sobre cómo se expresa este fenómeno de la narcocriminalidad y su influencia en las poblaciones más vulnerables. Y que hoy llega a los jóvenes también a través de las redes sociales, en blogs donde se resaltan las figuras de narcotraficantes o en letras de canciones que incluso cantan los más pequeños de la escuela primaria. Y algo más, dijo que hasta los chicos le mostraron “armas que desconocía”. “Hoy es fuerte el tema de la narcocultura en México”, se lamentó y recordó que la consecuencia que se muestra en la cantidad de asesinatos.
  No fue casualidad que el inicio de este panel se diera con la proyección de un video realizado por jóvenes mexicanos de nivel superior, en homenaje a los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, desaparecidos hace 6 meses, el 26 de septiembre de 2014. Video donde los jóvenes piden justicia, vivir en paz y que estas desapariciones no queden impunes. La proyección  fue seguida con un respetuoso silencio por los asistentes y acompañado de un sentido aplauso al final.
      María Teresa Prieto Quezada es doctora en educación y magíster en investigación en ciencias de la educación. Actualmente, coordina las áreas de Investigación y Posgrado del Centro Universitario del Norte, de la Universidad de Guadalajara. Es autora de artículos publicados en las revistas Mexicana de Investigación Educativa del Comie, Iberoamericana de Educación, Educación y Desarrollo en México y Novedades Educativas.

Modelos y valores. “En la escuela hay situaciones de violencia, pero la escuela no es una institución violenta”, aseguró la profesora Telma Barreiro al iniciar su extensa disertación. Más tarde, y en otro tramo de su conferencia, agregaría: “Ningún niño nace violento, si es así es porque en algún momento ha sido violentado”. Barreiro es profesora en filosofía (UBA), fue investigadora independiente del Conicet y es autora, entre otros de los libros: “Hacia un modelo de crecimiento humano”; “Perfeccionamiento docente universitario, relato de una experiencia (en colaboración)”; “Trabajos en grupo”; “Conflictos en el aula” y “Los del fondo”. Fundó y dirige la “Casa del encuentro”, un centro de investigaciones grupales.
  Durante su presentación, invitó todo el tiempo a profundizar en las causas que llevan a las diferentes situaciones de violencias y que se expresan en las aulas, pero también a pensar para cada caso salidas tan necesarias como posibles.
 Consecuente con esa mirada de reflexionar sobre qué desencadena la violencia que excede a la escuela, señaló como una de las razones al modelo de vida que rige en el mundo. Modelo asociado “al afán de lucro, al éxito, al consumo y a la necesidad de ser un ganador”, además de las desigualdades sociales que producen malestar. Al respecto, consideró que al ser la escuela parte de ese mundo, lo que debe preocuparle es “el sistema de valores dominantes”.

Situaciones reiteradas. Barreiro hace más de 20 años investiga sobre violencias en las escuelas. En un ida y vuelta de preguntas con las asistentes al congreso, repasó aquellas “situaciones de conflictos reiteradas”, que las docentes muchas veces no saben cómo resolver; como la apatía, la dispersión, la agresión, la discriminación, los grupos antagónicos, las agresiones a otros chicos y al docente, la falta de interés, y los grupos que hostigan a otros, por citar unas pocas conocidas. Y a esa nómina sumó “el uso de los celulares y de las netbooks”. En su opinión, lejos de desesperarse, hay que pensar “cómo crear un clima de convivencia”. Un tema sobre el que hace eje su investigación.
  Insistió entonces en reconocer la multicausalidad de factores que aparecen cuando se analizan estas problemáticas, que van desde la realidad socioeconómica de las familias, las adicciones, los conflictos familiares, y otras relacionadas con las necesidades psíquicas básicas, como el afecto y el reconocimiento. De alguna manera todo eso genera fracasos y más tarde conflictos que se expresan también en el aula, analizó Barreiro en su conferencia.
                                         

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