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Sábado 11 de Agosto de 2012

De la Universidad de Manchester a Nuevo Alberdi

El profesor rosarino, radicado en Londres Leandro Minuchin explica los alcances de un acuerdo con el Movimiento Giros.

Estudiantes de la Universidad de Manchester analizarán el proyecto Ciudad Futura que el Movimiento Giros desarrolla en Nuevo Alberdi en Rosario. En particular lo que compete a dar respuesta a los problemas habitacionales, al uso social de la tierra. Para concretarlo acordaron la creación del Instituto de Materialidades Sociales del Sur Global. El profesor rosarino Leandro Minuchin, doctor en estudios urbanos de la Universidad de Manchester (Reino Unido), donde ejerce como docente e investigador, fue clave para que se concrete este convenio.

Minuchin es egresado de la Facultad de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). En 2002 partió a Europa donde realizó distintos estudios de posgrados. En Londres realizó su doctorado en estudios urbanos, donde tuvo un ofrecimiento —que aceptó— para hacer docencia e investigación. Actualmente es titular de la cátedra de arquitectura y urbanismo global en Manchester.

El año pasado conoció de cerca el trabajo territorial que desarrolla el Movimiento Giros en Nuevo Alberdi. De ahí en más comenzó un intercambio que culminó este año con el lanzamiento de este Instituto, que como bien define Minuchin "si bien tiene un nombre rimbombante" (de Materialidades Sociales del Sur Global) tiene como objetivo investigar y desarrollar sistemas constructivos.

De paso por la ciudad, el educador rosarino radicado en Londres explicó que hace muy poco la Universidad de Manchester decidió formalizar el Instituto y convertirlo en una cátedra para alumnos de los últimos años de arquitectura.

—¿Cómo se origina este acuerdo entre la Universidad de Manchester y el Movimiento Giros de Rosario?

—Fue en 2011, cuando inicio un proceso de investigación de políticas de construcción en ciudades latinoamericanas. Me interesaba muchísimo la posibilidad de entender cómo los movimientos sociales estaban, de alguna manera, iluminando la instancia política de la construcción, el problema de la tierra y de la vivienda; además de renovar un lenguaje que los partidos políticos tradicionales no estaban viendo y formulando como política pública urbana. Ahí me empapo de lo que estaban haciendo en el barrio y en el territorio; y surge la necesidad de crear una especie de estudio, que es el Instituto de Materialidades Sociales para el Sur Global. Si bien el título puede sonar rimbombante tiene el objetivo de abrir un espacio académico que dé voz a un movimiento social, con la intención de iluminar procesos contemporáneos de urbanizaciones de ciudades del Sur Global. Rosario es un caso emblemático.

—¿Qué es hace a Giros diferente a otros movimientos?

—El caso de Giros es emblemático y da cuenta de procesos muy puntales sobre el desarrollo inmobiliario que alteran la trama urbana, de viviendas de barrios cerrados y de su participación para que no se continúen expandiendo las urbanizaciones cerradas. Nosotros buscamos tomar un estudio muy claro del caso para entender un proceso que se está dando en todas las periferias urbanas de la Argentina y del Sur Global, en particular donde hay un rápido proceso de crecimiento urbano pero con mucha desigualdad social. Entonces lo particular de Giros es entender la materialización y la construcción en este proceso. Para ellos no es únicamente un problema de la vivienda sino que tiene que ver con la producción del territorio y con el pleno involucramiento.

—¿Cómo se involucra entonces la academia?

—La clave que intentamos incorporar en el estudio y que se está desarrollando en Manchester es que no se puede hacer sin experimentar. No se puede programar la "ciudad futura" sino se experimenta, y para eso necesito construir. Me puedo equivocar, lo puedo corregir pero no puedo quedarme en una especie de llamado discursivo sobre la necesidad de un cambio si no puedo presentar una alternativa real. Y no para resolver el déficit total de vivienda que tiene la ciudad, pero sí para mostrar que lo instalado en Nuevo Alberdi está funcionando. Una de las formas de experimentar de Giros es que decidieron reutilizar un container marítimo y presentar la posibilidad de que se pueden hacer viviendas muy accesibles, móviles, de manera rapidísima y preparadas estructuralmente para zonas que pueden no ser necesariamente tan urbanizables. No hace falta mucho para levantarla del suelo y prevenir inundaciones. La intención es recuperar esas experiencias para generar un marco académico que de alguna manera copie la originalidad de Giros.

—Una manera de que la Universidad intervenga en los problemas sociales.

—Lo que quiere hacer la Universidad de Manchester (UM) es tomar los problemas que aparecen en estos procesos contemporáneos de urbanización, y experimentar con soluciones materiales. El de Giros es un ejemplo concreto que abre la posibilidad de la experimentación con una materialidad nueva como puede ser un container; y también de trabajar con estudiantes del ciclo final de arquitectura de la UM para que se sienten a debatir cuál es la potencialidad de esa materialidad, cuál puede ser la mejor manera de entender ese proceso constructivo y la forma de saber popular que existe en el barrio. Tenemos la intención no sólo de generar la tipología, sino diseminar ese conocimiento técnico popular. El otro gran ejemplo que quiere tomar el Instituto es el proceso constructivo, algo muy complejo, que no tiene que ver con la pala, la cal y la arena, sino que involucra la plata, las regulaciones y los mecanismos de financiamiento.

—¿Cómo sigue este primer contacto?

—El estudio empezará a desandar su camino formal a partir de septiembre, porque lo sugerimos como una propuesta opcional para estudiantes de 4º y 5º años de arquitectura de la UM. Una primera parte de trabajo es saber cómo se produce la ciudad y para eso hay que entender la trama desigual de expansión propia de América latina y del Sur Global, pero también del Norte. La originalidad aquí es que nosotros vamos a poder iluminar procesos que también se están dando en el Norte, en Europa y en EEUU, de otra manera, pero ocurren. Y la segunda parte es recuperar la instancia de experimentación, descubrir cómo se produce la ciudad, investigar y experimentar formas de intervención. Es una instancia académica que vincula la investigación con la intervención.

—¿Eso contempla la posibilidad de un intercambio entre estudiantes?

—Exacto. Ojalá podamos hermanar procesos educativos entre la Universidad de Manchester y la UNR, para permitir que vengan estudiantes de allá para ver qué pasa en Nuevo Alberdi, y a la vez que vayan estudiantes de Rosario con su propio bagaje a entender dinámicas territoriales, habitacionales que son igual de complejas en el Norte; y de esa manera poder establecer un diálogo.

—¿Esta propuesta permitiría además pensar en otro perfil de egresado?

— Claro. Esto está orientado a las cinco décadas que vienen, donde la ciudad tiene una centralidad política que nosotros no estamos acostumbrados a entender y que vamos a tener que reordenar. Por eso la idea es que el estudio que se está montando y se lanza en septiembre intentará abrirles la cabeza a los estudiantes de arquitectura, que tradicionalmente están perfilados a pensar una instancia de diseño. Queremos ofrecerles momentos de diseño y momentos políticos. La idea es utilizar ese marco de investigación para presentar alternativas concretas aplicadas y comprometer al estudiante en un proceso sociopolítico completo, con la plena autonomía y libertad para que decida. Pero en definitiva, es poder mostrarle a un arquitecto, que está involucrado en un proceso de construcción, el vínculo directo e inmediato que tiene esa instancia de construcción con el entramado social.

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