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Domingo 27 de Abril de 2014

De la primera cocina a la era pos Berni

En la esquina, choferes de dos carros de asalto y una patrulla charlan distendidos. Imágenes de la Rosario pos Berni.

Jueves 24, 15.30, San Martín y San Luis. Cerca de quince efectivos de Prefectura ingresan al bar que está enfrente del cine Monumental. Otro grupo se despide y enfila hacia un hotel de la zona. En la esquina, choferes de dos carros de asalto y una patrulla charlan distendidos. Imágenes de la Rosario pos Berni. Esa que desde el 9 de abril está, por más que a las autoridades provinciales no les guste el término, intervenida por fuerzas federales.

Después de la cinematográfica llegada de los uniformados comenzó el avance en territorio, que en los barrios más humildes fue copado por narcos que se transformaron en señores feudales.

El gobierno provincial era consciente de la problemática. El Gabinete Social había identificado 20 barrios rosarinos sobre los que destinará gran parte de una inversión bianual de 4 mil millones de pesos en obras de infraestructura, saneamiento y fundamentalmente en programas de inclusión social, convivencia y seguridad.

En esta etapa de recuperación de jóvenes y devolución de dignidad a ciudadanos rosarinos (olvidados hasta ahora), provincia y municipio trabajan juntos. No es menor el hecho de que cuatro empresas estén por reabrir con ayuda municipal para poder emplear allí a jóvenes en situación de vulnerabilidad social. Pibes que hoy viven en el feudo narco y que por algunos billetes son rápidamente seducidos para emplearse como soldaditos en búnkers de drogas.

Para poder actuar era necesario una importante intervención de las fuerzas federales. Como dijo el secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, había que volver a hacer pie en un territorio que se perdió. Resta esperar si alguna vez llegará la autocrítica de las autoridades locales para explicar por qué se arribó a esta situación.

Los búnkers no son de ahora. Florecieron como hongos en las barriadas en la última década ante la inacción de gran parte de la policía y presuntas connivencias políticas y judiciales.

Hace seis años se desmanteló en Rosario la primera cocina de cocaína. Los narcos comenzaban a procesar su basura en los barrios de la ciudad. La regenteaba Roberto Del Valle Padilla, alias "el tuerto Boli", un correntino que hizo raíces en Ludueña y creó allí su imperio.

El día que cayó, los pibes del barrio se cansaron de tirar piedrazos contra los patrulleros. "El tuerto" era su empleador, el socio de otro narco a quien las maestras de la escuela de la zona pedían protección para que no las asaltaran al bajar del colectivo, el que solucionaba algunos problemas económicos acuciantes... "el Tuerto" suplía para aquellos vecinos enojados de febrero de 2008 la presencia estatal.

En su casa de calle La República desmantelaron la cocina de droga, le incautaron diez kilos de cocaína y cerca de un millón de pesos. Estuvo preso cuatro años. Sí, leyó bien. Sólo cuatro años. En 2012 estaba otra vez en Ludueña fabricando merca de pésima calidad para que los pibes se limaran el cerebro, hasta que alguien lo acribilló a metros de la comisaría 17 en un ajuste de cuentas.

Entre su ascenso, gloria y ocaso hubo muchas muertes, complicidades y un gran desmembramiento social. Recuperar ese terreno perdido llevará años. El peso de ley deberá tener fuerza para que otros "tuerto Boli" no estén tan poco tiempo en la cárcel y sus socios uniformados también terminen a la sombra. Justo es remarcar que esta semana se procesó a un policía por enriquecimiento ilícito.

Habrá que preguntarle ahora a los especialistas si parte de la solución para darle seguridad a la gente pasa por sacar policías retirados y cadetes de segundo año a patrullar las calles. Legisladores lo esgrimieron como un gran triunfo en el Senado provincial. Quizás el triunfo hubiese sido no dejar que los narcos crecieran tanto. Por lo menos se reconoce el problema. Ojalá se actúe en consecuencia.

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