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Domingo 14 de Junio de 2015

De esto sí se habla

Silvina Peirano es orientadora sexual en discapacidad. Impulsa la figura del asistente sexual, que ya generó polémica. Una charla intensa para animarse a pensar en los prejuicios relacionados con el amor, el deseo y la intimidad.

Silvina Peirano es profesora en educación especial, orientadora sexual en discapacidad y fundadora de la organización Sex Asistent, que tiene sede en Barcelona, España, donde ella vivió durante años. Decidida a revolucionar la mirada que tenemos sobre nuestra propia sexualidad propone, sin eufemismo y con fundamentos, hablar sobre la erótica, las relaciones íntimas y el amor, pero particularmente entre personas con discapacidad. ¿Por qué? Porque si en general no sabemos bien a qué nos referimos cuando decimos sexualidad, mucho más difícil es plantear este tema entre quienes tienen alguna particularidad física o mental, entre quienes integran el mal llamado colectivo de los “discapacitados”.
 Si frente a una persona con discapacidad es su patología o característica la que lo antecede, si el mote de “distinto” adquiere protagonismo a la hora de comer, moverse, jugar, hablar, trabajar, qué queda para el aún misterioso mundo de la sexualidad. Así, el morbo se despierta y genera esa atracción hacia lo que se cree malvado o desagradable o lo que es lo mismo en este caso: puro y completamente angelical. Porque la persona con discapacidad no tiene sexo, ni edad, ni gustos, ni deseos. Al menos de esa manera aparece representada para muchos, y entre esos muchos se anotan el propio entorno, los amigos, la familia.
  “Padre y madres de jóvenes con discapacidad suelen venir a pedirme consejos. «¿Qué hacemos?», preguntan. Se inquietan por saber cuál es la solución para ese hijo o hija que tiene necesidades sexuales, porque casi siempre las cuestiones ligadas a lo sexual están planteadas desde la necesidad y no desde el deseo, mucho menos desde la identidad. Se paran en el lugar del permiso, de habilitarlos o no habilitarlos para... y lo primero que yo les digo es que se interroguen por su propia sexualidad para entonces empezar a comprender un poco más la sexualidad de su hijo, tenga o no una discapacidad”, reflexiona Peirano, que dará un taller en Rosario el viernes en la sede del Centro Universitario Rosario Inclusiva (Curi).
  La complejidad del tema abruma y atrapa. Una pregunta abre otras tantas y no hay respuestas únicas porque no hay dos personas iguales aunque la discapacidad se empecine en englobar, ocultar, no hacer distinciones. “Las personas con discapacidad son los nadies, son como un combo, no hay  allí bisexuales, transexuales, homosexuales, heterosexuales ...”, reflexiona Peirano.
  Quien tiene una enfermedad o problema físico que condiciona algunos aspectos de su vida parece no tener derecho a sentir, amar, mucho menos gozar, en soledad o con un otro. Como si eso que les pasa, eso “que les tocó” lo absorbiera todo. Así se ve desde la familia, en lo institucional, así lo ven incluso algunas personas con discapacidad que resignan lo que sienten. “Por eso yo planteo politizar, filosofar, erotizar en torno a la discapacidad y eso debe ser alentado sobre todo por las propias personas con discapacidad”, destaca Peirano.
  Hacer ruido para demostrar que es posible, que existe y que es una cuestión que debe ser atendida. Por ello la profesora impulsa, entre muchas otras acciones, la figura del asistente sexual (sexual asistent) que ya funciona en otros lugares del mundo: personas capacitadas en el acompañamiento de quienes por ejemplo no pueden movilizarse por sus medios, tienen alguna parálisis, dificultades para expresarse. La idea —que ya fue presentada públicamente— generó, primero sorpresa, y después una catarata de rechazos y resistencias.
  “Me dicen que aliento la prostitución, la esclavitud sexual, y yo estoy hablando de mujeres u hombres que deciden ejercer el trabajo sexual y que además, en este caso, tienen la sensibilidad, empatía y capacitación necesarias para querer trabajar con quienes tienen estas características particulares. No es lo mismo acariciar o tocar un cuerpo que tiene una sonda, a una persona con parálisis o ciertas dificultades mentales... hay que saber hacerlo y desear hacerlo, y no sólo hablo del contacto físico sino también de la posibilidad de la escucha y la mirada, porque el acompañamiento no se piensa desde el punto de vista de la enfermería o rehabilitación sexual sino desde lo humano”, comenta.
  El asistente sexual también podría colaborar con parejas en las que ambos tienen un funcionamiento físico diverso para moverse y que quieren estar solos, en total intimidad, sin ropa, por ejemplo. Sin esa asistencia capacitada una pareja en estas condiciones tiene que pedir ayuda al padre, la madre o un amigo para poder tener un encuentro sexual, lo que implica una clara invasión a la independencia y la privacidad. “Alguien formado para esto puede ayudar a acomodar sus cuerpos facilitando el encuentro físico y ayudándolos a colocarse un preservativo”, señala.
  “Quienes impulsamos este acompañamiento no decimos que todas las personas con discapacidad deben tener una asistencia sexual, pero sí que tienen derecho a contar con una opción superadora de lo que ya tienen y en definitiva enriquecedora”, comenta.
  En Buenos Aires, Peirano organiza fiestas “cachondas”: encuentros de integración entre personas con o sin discapacidad que quieren tomar algo, reunirse, charlar, mirarse, hacer amigos, encontrar una pareja estable u ocasional. La movida tiene muchos adeptos, pero les resulta complicado encontrar lugares accesibles donde reunirse. Muchos bares tienen los baños en pisos altos o subsuelos, ingresos imposibles de sortear con un bastón o una silla de ruedas, por mencionar algunas dificultades.

Silencio y miedo

  La sexualidad es tabú en las familias y en las instituciones. “He visitado lugares de internación donde pregunto por el tema sexual y me dicen: «Acá no tenemos ningún problema con eso». Bueno, entonces ¡tienen un gran problema!”, reflexiona Peirano. Porque abordarlo implica dilemas, es como un rompecabezas que requiere destreza, creatividad, habilidad, conocimiento y recursos. “Promuevo los debates porque no hay una única manera de encontrar soluciones.  Hay cuestiones puntuales que resolver, es cierto, pero creo que es algo más amplio, que no es lineal, y en lo que no hay tanto que aprender sino mucho por desaprender”.
  Derribar mitos, dejar las fábulas de lado y animarse a ver, a escuchar, a comprender, son desafíos que se plantea esta mujer que está convencida de que si hay personas que no pueden disfrutar de su sexualidad o ejercerla es por un problema social que vale la pena intentar modificar.
  “Me gustaría que no se hable de discapacidad ligada al dolor, a la imposibilidad y al padecimiento porque atrás de eso viene la idea de que se trata de gente que debe estar sola, que no necesita compañía, amor, mimos, afecto y mucho menos placer sexual”. La invitación está hecha.

Encuentro en Rosario

Silvina Peirano brindará el próximo viernes 19 un taller denominado “Mitología de la sexualidad especial” en el Centro Universitario Rosario Inclusiva, en Laprida 1268. El  arancel es de $400 para el público en general.
La preinscripción se realiza completando el formulario on line en: https://goo.gl/25VQnE

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