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Lunes 17 de Diciembre de 2007

De acá para allá

De acá para allá. Eso pensaba Jota cuando subió al colectivo. Un tatuaje de Rosario Central en la pantorrilla identificaba su pasión. El calor no daba tregua. Por suerte se había comprado esas bermudas tipo cargo, llenas de bolsillos, donde podía guardar el celular. Y para apaciguar el sol, antes de salir, se calzó la gorrita con el escudo de su club, que además le servía para amarrar el pelo que le llegaba a los hombros. Lo que sí le pesaba era el bolso, encima era de esos baratos. Temía que las correas no aguantaran. A poco de andar por el pasillo del ómnibus una mano le tiró de la remera...

De acá para allá. Eso pensaba Jota cuando subió al colectivo. Un tatuaje de Rosario Central en la pantorrilla identificaba su pasión. El calor no daba tregua. Por suerte se había comprado esas bermudas tipo cargo, llenas de bolsillos, donde podía guardar el celular. Y para apaciguar el sol, antes de salir, se calzó la gorrita con el escudo de su club, que además le servía para amarrar el pelo que le llegaba a los hombros. Lo que sí le pesaba era el bolso, encima era de esos baratos. Temía que las correas no aguantaran. A poco de andar por el pasillo del ómnibus una mano le tiró de la remera...
   Años sin verse, desde que Carlistos se fue del barrio. Por suerte se desocupó un asiento de a dos y hacia allá fueron. También con bermudas, pero impecables, el que había sido su vecino y compañero de escuela lo sorprendió con un caluroso saludo. Pelo corto y rubio; encendedor Zipo y celular adheridos al cinturón. El tema, el club, el campeonato que recién empieza, los jugadores nuevos y viejos. "¿Y el barrio?", preguntó Carlitos, con cierta timidez. "Igual, bah, un poco más denso, imaginate", fue la respuesta de Jota. Silencio.
   Tema 2: La familia. "¿Y tu vieja?", se animó Carlitos, siempre prolijo. Retoman la charla. "No vuelve más, está con mi hermana", le contó Jota. Y entonces le cuenta que se fueron en el 2002. A Miami, ella trabaja en un hotel, cree que como mucama. La vieja cuida chicos. "Imaginate si nos crió a nosotros y resistió, se banca cualquier cosa", bromea.
   Y apenas termina de responder revuelve adentro de sus múltiples bolsillos de la bermuda. Tiene una foto, se la muestra. Justo suena un celular, los dos se tocan el cinturón; miran, pero nadie atiende. "¿Y tu hermano?", insistió Carlitos con saber sobre la familia. "Se casó", le responde Jota, seco. Entonces, su supuesto amigo se preocupa, por el tono: “¿Todo bien? ¿Por amor?".
   Jota se acomoda la gorra, y deja de mirar por la ventanilla, se da vuelta y le dice: "Sos loco vos, qué amor, lo hizo por los papeles. Tuvo que poner 5 mil dólares. Está gordo, vive con ellas, mandó un video. Tiene puesta la camiseta".
   Intercambiaron los números de teléfono, y se saludaron. Uno bajó cerca del silo Davis, cruzó la avenida y se perdió entre los edificios altos, cada vez más altos. El otro, siguió su viaje en el colectivo, hacia el norte, rumbo al barrio. Acomodó el bolso cargado de repasadores sin vender y entonces sí miró su celular. Recuperó la llamada perdida y la devolvió. "Sí, todo bien, estoy yendo para casa. Estuve todo el día de acá para allá", respondió Jota.

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