Educación
Viernes 28 de Septiembre de 2012

Daniel Filmus: "No hay que tenerle miedo a la discusión política"

El ex ministro de Educación y senador nacional dice que “cuanto más participativa sea la escuela es mejor”

Académico, funcionario y ahora legislador nacional, Daniel Filmus pasó en la última década por distintos lugares que lo colocaron como uno de los referentes de las políticas aplicadas por el kirchnerismo en materia educativa. Senador nacional por la Ciudad de Buenos Aires, considera que el país está en "una etapa de transición" respecto del impacto de la normativa aprobada hace unos años. Centra su mirada en los jóvenes y sostiene que "cuanto más participativa sea la escuela es mejor" y que "no hay que tenerle miedo a la discusión política".

Ministro de Educación nacional de 2003 a 2007, la gestión de Filmus estuvo marcada en gran medida por una batería de leyes largamente reclamadas por la comunidad educativa y la sociedad, como las de educación sexual integral, de financiamiento, de enseñanza técnica y la de educación nacional. Precisamente es sobre esta última, sancionada en 2006 y que permitió dejar atrás la cuestionada ley federal del menemismo, es sobre la que el ahora senador nacional decidió abordar en el libro Educar para una sociedad más justa (Aguilar), escrito con Carina Kaplan.

Allí desmenuza desde la gestación y las claves de la ley, hasta los debates que llevaron al texto final que hoy rige en la Argentina.

Sentido. "Este libro es una deuda que tenía conmigo mismo, me llevó cinco años hacerlo, porque salí del Ministerio con la idea que iba a un lugar no tan intenso y que iba a tener la posibilidad de recuperar esta historia", cuenta Filmus a La Capital. Es que como formador de docentes, considera que era necesario que el largo derrotero que derivó en la ley de educación nacional esté plasmada en un libro, "para que los profesorados y universidades que tengan que discutir el tema tengan un material para hacerlo".

Así el texto aborda el debate en las escuelas y los aportes recibidos tanto de organizaciones sociales e instituciones, como los cambios aplicados ya en el Congreso. Y la incorporación de demandas que van desde la integración latinoamericana, Malvinas, los derechos humanos, las comunidades originarias y la universalización de la sala de cuatro.

—A seis años de aprobada la ley ¿En qué situación estamos hoy?

—Estamos en una etapa de transición. Hay que decir que a diferencia de otras leyes, que cuando vos la aplicás al otro día comienza en la práctica cotidiana a transformarse todo, en la educación las leyes son de mediano y largo plazo. La de financiamiento educativo mejora la inversión pero el impacto de eso en las aulas va a ser dentro de mucho tiempo. En 2005 aprobamos la de educación técnica, porque es increíble, pero en la ley federal de educación se habían sacado las escuelas técnicas y se habían puesto los polimodales, pero los primeros técnicos recién salen este año. Seis años para hacer técnicos y para ser ingenieros cinco o seis años más. Y los cambios en la ley nacional de educación también son de mediano y largo plazo. Pone como obligatoria la escuela media, cuando antes teníamos como obligatorio sólo el ciclo básico de la escuela media, que era el tercer ciclo de la EGB. Pero la ley 1.420, que puso como obligatoria la escuela primaria, tardó 100 años en cumplirse. Pasamos el 95 por ciento de chicos en la escuela primaria después de 100 años que se puso esa norma.

—En medio del debate por el voto joven, hay quienes utilizan la chicana de que se persigue el "voto netbook" ¿Qué le produce esta expresión?

—Eso es como hablar del voto jubilación, es subestimar a la gente pensar que va a votar por un derecho que ya tiene. En todo caso por la netbook no votarían porque ya la tienen y nadie se las va a sacar. Como nadie le va a sacar la jubilación al que ya la posee o el trabajo a los que lograron acceder a los 5 millones de puestos nuevos desde 2003. Se vota por el futuro, no por lo que ya recibió. Me parece que lo que hay en última instancia en la netbook (del Plan Conectar Igualdad que llega a las escuelas) es la apertura a un mundo distinto y una valoración. Yo estaría contentísimo si fuera por la netbook, que la gente eligiera para votar fundamentalmente por un tema educativo, como es tener esa computadora que en muchos hogares humildes es para toda la familia.

—¿Cómo ve el debate por la participación de los chicos en las escuelas?

—La educación argentina de la ley 1420 surge con un solo objetivo: el de la nacionalidad. Cuando hicimos la ley la planteamos con cuatro objetivos: la identidad local y nacional, la igualdad social, la productividad y la democracia y participación. Pero la diferencia entre este último y los otros tres es que para desarrollar ese tipo de competencia no se estudia de memoria. La democracia se aprende a través de valores que se logran en la práctica. Si uno enseña de memoria cuántos diputados y senadores hay y cómo se eligen no se aprende democracia. Eso se da si el clima institucional en una escuela es democrático y hay participación. Por eso, muchísimas escuelas de todas las provincias tienen mecanismos de consejos de grados, centros de estudiantes, formas donde los chicos, a partir de que empiezan a madurar, puedan ir tomando decisiones. Porque cuanto más participativa sea la escuela es mejor. Y en este sentido igual los centros de estudiantes, que son quienes representan en buena medida múltiples demandas que tienen los chicos y también necesidades de expresión cultural, artística y deportiva.

—¿Y qué pasa cuando se prohíben, como pasa en algunos colegios privados?

—Todo atentado contra la posibilidad de que funcionen los centros de estudiantes no es bueno. No hay que tenerle miedo a la discusión política. Hoy imaginamos un debate muy serio sobre los chicos que participan políticamente. Pero a mí me preocupan los chicos que están en la droga, excluidos, o en la pavada de cualquier tipo. Un chico más preocupado por qué es lo que necesitan sus compañeros, cómo lo puede resolver, cómo ayudar a la escuela, o cómo participar políticamente es en última instancia un chico más responsable, más solidario y tiene mucho más para aportar a la sociedad. Pero la participación es de abajo hacia arriba, no tiene que ser obligatoria. Donde no surgen de abajo no sirve. Ahora, qué bueno que haya centros de estudiantes, que haya debate y discusión y que eso sea también un semillero para que estemos discutiendo la posibilidad de elegir a los 16 años, que para mí tiene que ser un voto optativo.


Daniel Filmus 2


Juventud, violencia y exclusión

Ya sea por estigmas vinculados con la delincuencia y la marginación, como por su participación política, discutir acerca de la juventud es un eje que emerge recurrentemente en la agenda mediática. Con formación de sociólogo, Daniel Filmus da algunas pistas para comenzar a desgranar este complejo tema. "Es muy difícil hablar de la juventud: está la de los sectores marginales, medios y la de los altos. Pero lo común es pugnar por ingresar a una sociedad que se les hace difícil. El mejor ejemplo lo vi en una pintada en Alemania que decía «Papá, quiero tu trabajo». La juventud tiene el doble de desocupación que el resto de las edades, y tiene que pugnar con ciertas estructuras que están consolidadas de manera determinada. Las sociedades más abiertas al ingreso de la juventud son las que tienen una educación más difundida, porque realmente brinda mejores posibilidades".

El planteo de Filmus se enlaza con el debate por el voto a los 16. "En nuestra sociedad, —dice— se discute si puede esa juventud o no votar. Pero cuando en 1916 se permite votar a los 18 años estaba en la escuela el 7 %. A los 16 años hoy tenemos más del 80 % dentro de la escuela". "Pero —continúa— cuando la juventud ve que se le cierran las puertas y aún estudiando no puede ingresar al trabajo se expresa violentamente. El que trabajó tiene un adversario que es el patrón o el Estado. Ahora, el que es excluido de toda la sociedad ve como enemigo a la sociedad, entonces puede matar a alguien para sacarle una zapatilla. Si a la juventud no le abrimos los caminos para incluirse productivamente sucederá lo que pasa en muchos lugares de Europa, donde buscan caminos más cercanos a la violencia.

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