Cultura
Domingo 23 de Abril de 2017

Los hoteles, entre el escape de la rutina y la súbita aparición de lo siniestro

En Vidas de hotel, Eduardo Berti le da forma a una antología amena y perturbadora. Apela a un auténtico seleccionado de grandes escritores.

Las antologías son, en sí mismas, un género apasionante. Mosaico diverso. abanico de estilos, se abren ante el lector como un universo heterogéneo y signado por la sorpresa: en ellas late siempre el posible descubrimiento. Muchas veces arbitrarias, tajeadas por el amiguismo o la vocación de su autor de transformarlas en un gesto totalizador —lo cual solo logra convertirlas en un triste símil de una guía telefónica—, lo que las salva de la indiferencia o el justiciero olvido es el talento del antólogo para, por un lado, aproximarse a la anhelada (y obviamente imposible) objetividad como de darle a su elección el toque de originalidad necesario.

Existen numerosos casos de antologías memorables: para citar un par, acaso valga recordar la brillante recopilación de cuentos fantásticos que hicieron Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo, que no deja de reeditarse, o la Antología del cuento extraño, del recordado Rodolfo Walsh. En el caso que nos ocupa, Eduardo Berti ha tomado un eje muy especial: la recopilación de relatos que acaba de publicar Adriana Hidalgo se centra en textos que transcurren o cuyo argumento se vincula, en cierto modo, con los hoteles.
Vidas de hotel, en efecto, se centra en ese enclave tan particular que rompe con la rutina de lo cotidiano y se yergue, por lo tanto, como un tentador espacio literario. Tal como adecuadamente lo asegura el texto de la contratapa, este libro presenta "la habitación de hotel como símbolo de refugio o de encierro, como lugar secreto para lo prohibido, como morada para lo excéntrico o siniestro, como hogar fuera del hogar, como escenario para crímenes o infidelidades, como escondite para un prófugo...".
Y para hacerlo, la erudición de Berti le permite apelar a los servicios de un auténtico seleccionado de grandes escritores, más o menos famosos, más o menos ortodoxos, más o menos respetables y respetados. En la lista figuran desde autores virtualmente igorados por el gran público, como el irlandés William Trevor, el italiano Federigo Tozzi o el belga Jacques Sternberg, hasta celebridades como Henry James, Guy de Maupassant, Antón Chéjov, James Joyce, Katherine Mansfield, Ambrose Bierce. Yasunari Kawabata, Dino Buzzati, Francis Scott Fitzgerald, O. Henry, William Somerset Maughanm o Luigi Pirandello, con las argentinísmas apariciones de Julio Cortázar (con su genial La puerta condenada), Macedonio Fernández, Juan José Saer y Ricardo Piglia.
Si bien no todas las elecciones son afortunadas, y algunas hasta resultan absolutamente cuestionables, eso es parte del encanto de este libro. El prólogo y los comentarios de Berti son valiosos aportes para el lector, tanto el novel como el experto, y contribuyen al placer de la lectura.
Vidas de hotel abrirá con seguridad nuevos mundos a quienes recorran sus páginas y a los viejos lobos les permitirá reencontrarse con textos entrañables, de esos que ayudan a justificar la mismísima existencia humana.

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