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Martes, 10 de noviembre de 200920:25 | Cultura

César Aira, un "típico" megalómano argentino que cruza la cordillera

El escritor argentino César Aira, estrella de la Feria del Libro de Santiago, confiesa que todo hombre de su tierra es un megalómano y que ello se traduce en su propia pretensión literaria de buscar un escribir distinto.

Por Mauricio Weibel / DPA

Santiago de Chile.- El escritor argentino César Aira, estrella de la Feria del Libro de Santiago, confiesa que todo hombre de su tierra es un megalómano y que ello se traduce en su propia pretensión literaria de buscar un escribir distinto.

“Para mí eso es una misión del artista”, reflexiona ante una sala llena de chilenos y argentinos que anotan cada gesto, apóstrofe o desvarío que enuncia el autor de “La Confesión” y “El Infinito”.

Aira, responsable de unas 60 novelas cortas, admite además que su obra, aunque inspirada en Jorge Luis Borges y César Vallejo, está marcada por lo bufonesco, como una opción meditada.

“Lo mío es usar la cultura popular moderna, para hacer algo de alta cultura”, explica.

Y en ese camino reconoce la influencia tanto del escritor e historietista argentino Raul Damonte Botana, Copi, como del novelista polaco Witold Gombrowicz.

“Es cierto he admirado a otros escritores, pero los he dejado, es una prerrogativa del lector”, añade con melancolía, recordando las lecturas de Emilio Salgari o Julio Verne.

Luego insiste en que lo realmente importante en la literatura no es escribir bien ni correcto, sino “el hechizo de la palabra incomprensible”, magia que le regalaron Borges y Vallejo, dice.

Por ello, contradidiendo las opciones de Borges, indica que su formato preferido es la novela, “que permite equivocarse”, a diferencia del cuento y el poema que requieren perfección.

 “Por desgracia, ahora basta con poner una frase después de otra y decir que eso es minimalismo”, reclama. “Aunque tal vez sea un defecto mío poner reflexiones y hacerme el inteligente”, ironiza de contraataque.

Sobre lo mismo, admite que es “un esteta del olvido”, aunque reconoce que desvalorar la memoria es un tema políticamente incorrecto, sobre todo en América Latina. “Pero yo olvido para poder crear”, se justifica. “A veces incluso digo: ¿esto ya no lo escribí?”, se burla.

Luego, reconoce que esa opción por el olvido lo lleva a proponer un estilo que busca siempre una fuga hacia el futuro, de finales abiertos y abruptos.

Opción que además lo lleva a flirtear con lo payasesco, rompiendo formalidades y mezclando en sus obras estrategias narrativas que combinan ciencia ficción y telenovelas.

“Sí, es así”, admite riendo. (DPA)

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