Cultura y Libros
Domingo 10 de Septiembre de 2017

Una lucha por el sentido que define los votos

El foro

Una de las ideas que planteó Pablo Semán sobre las recientes elecciones primarias de agosto fue que "justo en el país de la batalla cultural permanente vinimos a olvidar que el sentido de la crisis económica se construye, y que la discusión política de estos dos últimos años la vino ganando el gobierno". Un planteo original para analizar a los votantes en relación al factor económico y al partido oficial.

—¿Qué análisis hizo sobre las últimas elecciones?

—Una de las razones por las que intervine en el debate público sobre el voto fue que, desde el punto de vista del oficialismo, de la oposición y de muchos analistas políticos, parecía innegable que como la situación económica no era del todo buena, o era directamente mala para muchos, la gente podía votar en contra del gobierno. Quedó muy claro que en una alta proporción que esto no se dio. Lo que quise decir y debatir es que esa manera de pensar era suponer que la gente no elabora su sensación económica a partir de símbolos y narraciones, en las que el malestar económico se resignifica. Hubo como dos alternativas: la tesis de que la culpa del malestar la tiene el gobierno anterior, por un lado; y por otra, los ajustes y aumentos del actual gobierno.

—¿Y qué terminó pasando?

—Pensando en la elección en la provincia de Buenos Aires, lo que pasó, centralmente, es que la tesis del gobierno de que la culpa del malestar la tienen sus antecesores terminó por triunfar. El voto estuvo movilizado por los intereses económicos pero estos se definen en el seno de una disputa por el sentido de esos intereses económicos. El gobierno logró imponer su tesis, yo creo que todos los que fueron de la mano del gobierno acompañan la idea de que la culpa es del gobierno anterior, pero también la acompañan todos los que votaron a la oposición y no votaron a Unidad Ciudadana. Se podría hacer la cuenta inversa a la que propuso el kirchnerismo: el 60 por ciento votó contra el gobierno pero el 60 por ciento quiso no votar a Cristina. Y en ese 60 por ciento que no vota al kirchnerismo en Buenos Aires la idea de que el gobierno anterior es el responsable del mal funcionamiento de la economía se impuso.

—¿Cómo está constituida la identidad del votante?

—El universo del votante constituye su representación sobre la vida económica y política, está influenciado por los medios masivos, por las redes sociales, sindicatos, asociaciones, la vida vecinal, la familia. Esa multiplicidad de instancias en la que se forma el voto a su vez es variada y plural. No podemos decir que toma una decisión sí y solo sí por los medios. Si te fijás, a pesar de tener todos los medios en contra Cristina Fernández hizo una muy buena elección (y también tuvo buen desempeño en 2011 en condiciones parecidas). La gente no siempre tiene una diferencia cognitiva muy grande con los medios y no es fatal ni necesario ni absoluto que a lo largo del tiempo vayan de la mano las preferencias cognitivas de los medios y de la gente. Dentro de un registro de influencias que existen, las personas intentan hacer más o menos lo que quieren. El voto no es autónomo y hay que ver cuál es el mapa de influencias, y en este mapa incluyo los medios masivos, que han sido insistentes en una opción política, pero también le dieron atención a la crisis económica. Pero los medios, insisto, no son la única influencia.

—¿Y qué definió el voto?

—Muchos medios estaban temerosos, aún los oficialistas, de un voto-castigo económico. Tanto en el programa de Fantino como en el diario La Nación, increpaban a funcionarios del gobierno por el aumento de la luz. Hasta el periodismo híper oficialista planteaba la tesis que sostenía la oposición. No insistieron tanto en que el problema ahí era la "vuelta de Cristina". En este sentido, el voto se construye a partir del adversario. La construcción del voto es relacional y la preferencia es contextual.

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