Cultura y Libros
Domingo 28 de Mayo de 2017

Un manual fragmentario sobre la sal y pimienta de la literatura

En El libro de los géneros recargado Elvio E. Gandolfo se ocupa de sus grandes amores como lector: la ciencia ficción, el policial, el terror, el fantástico

Intenta disimularlo, con exilios alternados en Montevideo y Buenos Aires. Pero fracasa. Es que por más que se aleje de la ciudad donde creció y se formó como escritor, Elvio Eduardo Gandolfo, nacido en Mendoza, es irrefutablemente rosarino. Y no sólo rosarino, sino lagrimal. Y además, bien trifurca.

Esa cualidad queda a la vista en la provocativa, atractiva, adictiva recopilación de artículos y notas críticas llamada El libro de los géneros recargado (Blatt & Ríos, 2017), cuya primera edición, más breve y sin el adjetivo en el título, vio la luz con el sello de Norma en 2007. El volumen, con la imagen del autor riéndose (no necesariamente de nosotros) a mandíbula batiente en la tapa, es un auténtico, fragmentario y con seguridad involuntario manual sobre la ciencia ficción, el policial, el fantástico, el terror, en fin, todo aquello (habría que sumarle el ya extinto género "de aventuras") que constituye, para muchos, la sal y pimienta de la literatura.

Basta hacer una pequeña lista de los escritores a cuya obra y vida alude Elvio E. en este libro para explicar lo que se quiso decir: Philip K. Dick, Olaf Stapledon, Raymond Chandler, Evgueni Zamiatin, Stanislaw Lem, Richard Matheson, Gastón Leroux, Georges Simenon, James Ellroy, Arthur Conan Doyle, Patricia Higsmith, Mary Shelley, Stephen King, Henning Mankell, C. S. Lewis, Haruki Murakami, John Carpenter (no es escritor, sino director de cine, pero no importa). Etcétera.

Se trata, no pueden quedar dudas, de un manjar para fanáticos. Más allá de las épocas (diversas) y los medios (más que diversos) en los que y para los que fueron escritos estos textos, su calidad es pareja y alta. Lejos de todo engolamiento o academicismo, la mayoría son verdaderos microensayos, informados hasta un nivel de obsesión, amenos y, como corresponde, polémicos.

Porque Gandolfo. al fin, sigue llevando en las venas la sangre de los lagrimales, ese grupo que se nucleó en torno a la legendaria revista literaria rosarina a caballo entre las décadas del sesenta y setenta. Al sumergirse en El libro de los géneros recargado quien escribe estas líneas no pudo evitar sentir que estaba en medio de una conversación con Eduardo D'Anna, Hugo Diz y hasta Sammy Wolpin. Y es que todos ellos son portavoces, con matices, de una misma visión de la literatura. ¿Cómo describirla? Acaso basten algunas pinceladas: irreverencia, humorismo, antisentimentalismo, coloquialismo. Y una prohibición absoluta de la solemnidad, sinónimo infalible de aburrimiento.

La estética del querido lagrimal está bien viva en Gandolfo, que desde los supuestos márgenes de la literatura dispara munición gruesa contra todos aquellos que ignoran y hasta desprecian a los escritores "de género".

Perdónalos, Lovecraft. Discúlpalos, Hammett. Exonéralos, Dunsany. Amnistíalos, Bradbury. No saben lo que hacen.

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