Cultura y Libros
Domingo 10 de Septiembre de 2017

Rumores que se cocinan a fuego lento

En tres relatos policiales dotados de sorpresa y un humor feroz, Melina Torres logra climas perturbadores a partir de un oído sensible

En donde hay oscuridad y muerte a veces el relato policial puede provocar en el lector una felicidad inefable. Cuando eso ocurre se evidencia que es tan importante lo que se está contando como valiosos son esos detalles que, sin tener nada de casuales, le van dando espesor a los personajes, a las pasiones, a los paisajes. Ninfas de otro mundo, un libro compuesto por tres textos breves, es el debut literario de Melina Torres, una periodista nacida en Santa Fe en 1976, pero que devuelve en sus historias un caudal de experiencia narrativa de una madurez mayor a su edad.

Los relatos están organizados y sostenidos en dos personajes fuertes. Son dos policías de la Dirección de Análisis Criminal de Santa Fe a los que les toca investigar enigmas. Hasta ahí todo puede tener una resonancia clásica del género. Lo específico está en construir tramas donde, aunque no siempre forme parte del dominio elegido para la acción, Rosario está presente de una manera verosímil y perceptible. También en la ferocidad de un sentido del humor que no tiene como función suavizar nada sino acercar a la forma en que los personajes dominantes, los inspectores, abordan los misterios a resolver.

Torres convierte a los investigadores en dos criaturas vigorosas y centrales. La que prevalece como líder es Silvana Aguirre. Inteligente, mal hablada y con una marcada debilidad —"las rubias tetonas"— en los rasgos de macho de Aguirre hay un esfuerzo por ganarse respeto en la aridez de las pesquisas policiales pero a la vez una conciencia de su lugar de mujer, de una desventaja que sin sobreactuaciones no tolerará contra nadie que sufra la injusticia. Su persona de confianza, socio y complemento, es Herrera, un policía despierto que no solamente comparte con Aguirre la sagacidad para el oficio. Más que nada lo que los une fuertemente es una melancolía derivada de una soledad común, de la certidumbre de que no serán amados. Un sentimiento también compartido con Agudo, el perito forense. "¿Sabés por qué vos y yo estamos solos?", le dice Aguirre en la autopsia de una deseada empleada de pueblo. "Porque llegamos a las mujeres lindas cuando ya están muertas".╠

El primero de tres relatos parejos, "El alma va a venir", es el mejor del volumen. Aguirre y Herrera son comisionados de Rosario a un pueblo de mala muerte del Chaco justamente por el crimen de la dependiente de una farmacia, hija del comisario del lugar, en un lugar alterado donde todos se vuelven sospechosos. El modo en que se configuran los personajes hace que se note que la autora ha dedicado buena parte de su joven vida a leer pero sobre todo a escuchar. Es en el plano de los diálogos donde en ese páramo asfixiante, en el que los rumores se cocinan a fuego lento, todo se vuelve verdadero. Aún lo mágico, como la voz de esa anciana mortecina que le revela a Aguirre que la clave que busca va a llegar, "porque de la la lluvia uno se escapa, pero no se escapa del alma mal sepultada".

En ese oído atento de Torres está el logrado inicio de la atracción de los textos. Pero también hay registro del mecanismo del policial, el que hace que el narrador detente siempre el control de la sorpresa y del movimiento pendular de la sospecha hacia los diversos actores de la trama. En los dos cuentos que completan el libro —el asesinato de una travesti cerca de la cancha de Rosario Central y la desaparición de la mujer de una celebridad menor de la televisión local— el recurso del humor y de la intriga estructuran los relatos. Y es por su habla reconocible que el lector a los personajes los ve, los siente, los toca, les teme y los quiere. En situaciones donde más que las intuiciones se imponen los estados de ánimo para la construcción de los climas. En ellas se nos revela que el asesinato, además de resultado de una voluntad cruel, puede tener relación con el error, con el accidente o con un acto imaginario.

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