Cultura y Libros
Domingo 23 de Julio de 2017

"Quiero que el Museo sea un derecho y no un privilegio", dijo el director del Julio Marc

Profesor e investigador en historia, Pablo Montini acaba de ganar un concurso abierto y público para dirigir el Marc. En su plan de trabajo busca interpelar a las colecciones históricas desde el presente

Se suele decir que las crisis empujan decisiones y abren oportunidades. Tras 2001, una reforma del Estado ofrecía traslados a empleados públicos. Pablo Montini, por entonces graduado en Historia, trabajaba en la Legislatura. Pensó una oportunidad y pidió el traslado al Museo Histórico Provincial Julio Marc. Así se incorporó a los equipos profesionales del museo como investigador. Durante 15 años, investigó al museo, sus colecciones y a su fundador, Julio Marc. Hoy Montini es el nuevo director del museo tras un concurso público y abierto. Y se siente orgulloso, por la importancia del concurso, y por su camino. Su despacho es el mismo escritorio donde todos estos años trabajó, sólo que ahora sus compañeros lo pusieron en valor para la ocasión. "No voy a ir a un despacho, este es mi lugar", afirma apenas comienza el diálogo con Cultura y Libros. Una de las claves de su plan para el museo es que se transforme en un derecho y no un privilegio.

   "Los museos históricos son como las Cenicientas de los museos", dice. "Los de Bellas Artes son los que tienen más protagonismo, más dinero. Es mucho más fácil gestionarlos, porque nosotros cada vez que hacemos una exposición tenemos que generar vitrinas, es más costoso. Además, el patrocinio privado es más complicado porque un museo de historia está vinculado a la historia política. Siempre dependen del Estado y por ende de los vaivenes del Estado", amplía. El desafío lo entusiasma.

   Casi escondido en pleno parque Independencia, algo que le juega en contra, el Museo Marc arroja algunos números y consideraciones a tener en cuenta. Es el museo que más creció en la historia de Rosario, tiene más de 40 mil piezas, es el más grande de la provincia y es referencia obligada para los investigadores en historia por su valioso fondo documental. Hay documentos de puño y letra de San Martín y Belgrano y muchas de sus colecciones son admiradas especialmente. Su biblioteca es otra joya.

—¿Qué tipo de museo histórico te interesa gestionar?

   —Lo interesante es pensar qué museo queremos, qué es hoy un museo de historia, algo que es un interesante debate. Para mí hoy un museo de historia tiene que ver con el presente, con las preguntas que desde el presente le vamos a hacer a nuestra historia y de cuán importante es la historia en la formación identitaria de una región o de un país. Tiene que ver justamente con eso, con la memoria colectiva.

—Bueno, Rosario siempre se está preguntando por su origen....

   —Yo creo que ya lo tiene y que Julio Marc mismo quería justamente hacer esto, un lugar de la memoria de las elites dirigentes rosarinas, pero además era un museo de historia nacional, tiene que ver con eso, con la formación simbólica del Estado nacional. En este caso me parece que la nacionalidad es múltiple, como que hay diversas identidades en juego respecto a la Nación. Me parece que el museo histórico tiene que dar cuenta justamente de eso, de las mujeres, de los pueblos originarios, vincularlo a los niños y trabajar con estas cuestiones, y trabajar con estas demandas del presente. Y es importante para los niños. Me parece interesante, más que darles contenidos generarles, ir por preguntas más allá de Google. Un museo de historia construye ciudadanía porque está hablando de la formación política, de discusiones, de entender ciertos agrupamientos identitarios. Por eso es que hay que pensar continuamente qué museo queremos y para mí esa cuestión deber estar vinculada a las preguntas del presente.

—¿Y por qué quería un museo Marc? Él era un coleccionista muy reconocido en Rosario...

   —Sí, él era coleccionista, estaba muy interesado en la historia, en realidad era abogado, había estudiado jurisprudencia y era juez de la Cámara Federal de Apelaciones, tenía muy buenos contactos en la provincia, estamos hablando de 1936. El museo abre en 1939. En el 36, cuando la provincia es intervenida por el gobierno nacional, él logra presentarle un decreto al interventor para la creación de este museo que por entonces era presentado como científico, que iba a contener historia y etnografía. Eso se aprueba y aprovechan que está (Miguel) Culaciati en la ciudad y le ceden este edificio que estaba siendo construido por la Comisión Municipal de Bellas Artes. Eso genera conflictos, la Comisión Municipal renuncia. Y ahí entra Rosa Tiscornia a negociar con Culaciati, supongo que la mesa chica debe haber sido Marc, Culaciati y Tiscornia o los Castagnino, y se hacen el Museo Castagnino y el Histórico. El Castagnino se inaugura antes, porque había capital privado, en siete meses, pero este tarda un poco más y se inaugura en el 39. Marc y Angel Guido piden cambiar el nombre de Museo Científico a Museo Histórico, porque las colecciones que ellos estaban comprando tenían que ver con la historia.

—¿Primero fueron las colecciones o el inicio de ellas y después el museo?

   —Sí, en realidad entre el 36 y el 39 hubo partidas todos los años para comprar piezas. Mientras se estaba haciendo el edificio, ellos compraban colecciones. Pensá que debe haber sido una locura su apertura, en el 39 estaba a pleno. Había colecciones que los rosarinos no habían visto nunca. Era lo nuevo en lo histórico. Por el museo, durante su primer año pasó casi la mitad de la población rosarina.

—¿Desde la recuperación de la democracia cómo fue la política de adquisición?

   —No, desde antes no había política de adquisición, en los años 60 y 70 empieza a caer, y unas de las razones era que el edificio no daba para más. Ya cuando Marc inaugura el museo en el 39 pide en su discurso al gobernador una ampliación para el año siguiente. Marc era obsesivo en las compras, y hacía todos los tejes y manejes para tener cada vez más colecciones. De hecho está ese cuento de Oliveira Cézar que le adjudica a Marc donde dice que se dirigía a los empleados del museo y les decía "si ustedes ven algo para el museo, pídanlo. Si no se lo quieren dar, ofrezcan dinero para comprarlo y si no se lo quieren vender, róbenlo, porque robar para el museo no es ningún delito”. No hacía eso, pero sí que pedía piezas prestadas y después ponía un cartel que decía “donación de tal...” y ya quedaba instalada. Él fue un gran hacedor de colecciones y el edificio no iba tan rápido como él comprando colecciones. Igual, fue el museo que más creció a lo largo de toda la historia en Rosario.

—Pero eso se frenó en algún momento.

   —Si, se frenó en los años 50 porque ya entonces evaluaban que era bastante compleja la zona y entonces lo que decidieron era que se iban a mudar al viejo Palacio de Tribunales, frente a la plaza San Martín. La Asociación Amigos del Museo empezó a poner el dinero para arreglar aquel edificio pero la provincia después decidió dárselo a la Facultad de Derecho, y volvió todo para atrás. Luego siguieron haciendo algunas salas y las adquisiciones las hacía la Asociación y el Estado siguió destinando partidas para algunas compras hasta el año 60.

—Al museo se lo nombró como el Templo de las Nacionalidades...

   —Bueno, en realidad nace como un museo con una vocación americanista muy fuerte. Tiene una visión americanista que se relaciona con las ideas de Ricardo Rojas y con Ángel Guido. Esto tiene que ver con la crisis de los años 30, que necesitaban buscar mitos fundadores ante la crisis del puerto, y salen a los Andes a buscar un linaje estético fuerte que nos pueda anclar en lo colonial y en lo prehispánico. Es muy americanista. Después Marc se encargó de instalar esta cuestión de la Nación.

—¿Para vos el museo está en los recorridos culturales que cada rosarino diagrama? Es como que permanece en el recuerdo de las visitas escolares...

   —Me parece que sí, que es cierto lo que vos decís y es necesaria una renovación que espero se dé ahora. Y para eso es clave promover actividades, con la accesibilidad, que es lo que yo me propongo. O sea, generar actividades para que el público venga, se renueve y no quede sólo en una visita escolar. Creo, además, que el lugar en el que está emplazado lo complejiza. Somos el único museo que no está en una vía de circulación importante, creo que a medida que generemos actividades eso va a comenzar a revertirse. La potencialidad que tiene el museo histórico es increíble, con todas nuestras colecciones podemos plantear exposiciones de acá hasta el otro milenio.

Gestionar es la cuestión

Un museo como el Histórico con más de 40 mil piezas en su acervo y cientos de documentos en sus fondos es todo un desafío al momento de gestionar. Pablo Montini sostiene que la accesibilidad a ese universo es fundamental. Y la herramienta para lograrlo son las exposiciones y las piensa, en su plan de trabajo, ligadas a la historia y al presente y también a las propias investigaciones que realiza el museo desde el área de conservación o restauración. Pero hay más, quiere que la colección de arte que posee el Museo Marc dialogue con el arte contemporáneo.

   “Mi plan de gestión está basado en tres ejes. La cuestión de la accesibilidad, o sea que el museo se transforme en un derecho más que en un privilegio y esté abierto a todas las clases sociales y que sea un lugar que no sólo tenga que ver con el conocimiento sino que sea un lugar de cohesión social”, señala Montini en primer término.

   “Este museo no puede estar sin investigación, en restauración, conservación —afirma—. Nuestras colecciones son investigables, son materia de estudio de un montón de disciplinas; no sólo de la historia, sino de la arqueología, la historia del arte, de la técnica, de lo que quieras. Hay que promocionar sus colecciones y sus fondos para que sea objeto de estudio. Y nosotros mismos tenemos que investigar nuestras colecciones”.

   Y el tercer eje tiene que ver con las exposiciones. “Yo planteo distintos tipos de exposiciones —explica Montini—. Uno está ligado a la historia. Por ejemplo, podríamos hacer una con el 20 de Junio referida a Manuel Belgrano, su iconografía; otra sobre la historia del periodismo desde la Revolución de Mayo hasta hoy. Tenemos las colecciones para hacerlo. Las exposiciones también pueden estar vinculadas con el presente. Ahora, por ejemplo y aunque no vamos a llegar, podríamos hacer una para octubre sobre los procesos electorales en Santa Fe a finales del siglo XIX. Tenemos litografías, fotografías, objetos que se regalaban, medallas sobre las campañas electorales. El público podría ver si hay diferencias entre las campañas de entonces y las actuales. Otra muestra sobre el presente sería sobre la historia de las mujeres. Disponemos de una colección de retratos femeninos como ningún otro museo para ver qué y cómo se retrataba, vestidos, indumentaria o publicaciones para las mujeres. Marzo, por ejemplo, sería una fecha para una exposición sobre las mujeres”.

   También están los propios procesos del museo. “Tenemos planificada una exposición sobre las piezas falsas que hay en el museo. La colección arqueológica tiene muchas piezas falsas o muchos cambios de atribuciones. Esa sería una sobre nuestros procesos museológicos. También podemos mostrar los nuevos descubrimientos en las restauraciones. Mostrar cómo evolucionó la arqueología respecto de las primeras compras de piezas que se las llamaba arqueología de bazar, porque no se sabía el contexto del cual las sacaban pero las elegían estéticamente. Y llegar a la actualidad con lo que está haciendo ahora el Ministerio de Innovación y Cultura que es la investigación en Sancti Spiritu con arqueología científica, todo eso sería un cuerpo de exposiciones”.

   Montini suma a su vez otro desafío. “Debemos considerar que este es un museo provincial, por lo que nuestro patrimonio lo tenemos que socializar con toda la provincia. Entonces tendríamos que generar exposiciones itinerantes para el resto de la provincia, sobre todo para las localidades que están por fuera de Rosario y Santa Fe”.

  —¿Vas a trabajar con curadores invitados?

   —Sí, tenemos que trabajar con curadores externos. En septiembre vamos a arrancar con una exposición que hizo el Museo Rosa Galisteo que fue curada por Guillermo Fantoni, “La luz en la tormenta”, la vamos a traer acá y le vamos a agregar dos núcleos más, uno con libros de la biblioteca de Lisandro de la Torre, que dan cuenta de su lucha contra el fascismo y el nazismo, y otro con ejemplares de la biblioteca de Isaac Calzadilla, un republicano español. Eso va a potenciar la exposición y hacer visibles a los libros. El tema es la guerra.

   —El museo a la vez es, en cierta medida, un museo de arte. ¿Cómo pensás ese universo?

   —Sí, también es un museo de arte. Yo lo que quiero hacer es incorporar el arte contemporáneo. Hay artistas contemporáneos que trabajan con nuestros contenidos y en algún caso nuestras colecciones, que es una nueva lectura de estas reliquias históricas. Y me parece que a partir de la incomodidad que puede ocurrir al encontrarse una pieza que pareciera no tener que ver con un museo histórico se pueden abrir nuevas preguntas.

   —A Marc le interesaban las publicaciones...

   —El año que viene vamos a empezar a delinear las bases para hacer el catálogo. La Secretaría de Producciones, Industrias y Espacios Culturales de la provincia, a cargo de Pedro Cantini, está definiendo el tema. Vamos a continuar con la publicación de los Anales del Museo pero en formato digital, una publicación que se había suspendido en 2011.

Doña Joaquina

Hace 15 años que Pablo Montini investiga las colecciones del Museo Marc. Ahora lo dirige pero dice que no tiene una pieza preferida o que alguna lo haya sorprendido en particular. “Todo me sorprende”, afirma y cuenta una investigación, aún en marcha, en torno a un retrato de una mujer.

   Se trata de un retrato de Joaquina Rodríguez del Fresno, quien fue la esposa de Domingo Cullen, gobernador de la provincia en 1838, quien murió fusilado por el rosismo.

—¿De tus años de investigador hubo algún documento o pieza que te llamó la atención en particular?

   —Siempre me sorprende algo, cuando me deje de sorprender es que ya fue... siempre hay algo nuevo, siempre ves una pieza y cuando le das una segunda lectura o la ponés a consideración de tus compañeros, siempre aparece algo nuevo. No sé decir cuál, tengo por temporadas.

—¿Te enamorás por temporadas?

   —Sí, tal cual, ahora estamos con un alumno de Museología que es radiólogo y empezó a practicar con obras. Nos pidió hacer algunas pruebas y a nosotros nos interesa porque tiene un aparato portátil, no hay que sacar la pieza, hacer un seguro, en fin. Vino acá. Elegí una pieza para trabajar que intuí que tenía algo. Estaba guardada y nunca se había investigado. Y la empezamos a investigar. Es Joaquina Rodríguez del Fresno, un retrato de una santafesina que se casó dos veces, una vez con Aldao y otra con Cullen, con Domingo Cullen, a quien fusilaron. Había algo raro en su peinado y cuando le sacamos la radiografía parece que tenía una divisa punzó y se la tapó o alguien se la tapó después. Ese mismo retrato está en el convento de San Francisco, en la capital provincial, no sabemos si es una copia, ella muere en 1847. El retrato que está en el convento es similar. El rosismo mata a Cullen. Son las grandes familias santafesinas, una hija se casó con Oroño. Bueno, es la historia de Santa Fe, y ahora estamos entusiasmados para ver qué nos va a decir este cuadro. Vamos a ir a Santa Fe a ver el otro retrato.

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