Cultura y Libros
Domingo 14 de Mayo de 2017

"No creo en la novela como entretenimiento sino como instrumento de reflexión"

El narrador español que se hizo famoso con Soldados de Salamina estuvo en la Argentina para presentar su última obra, El monarca de las sombras. En charla con Cultura y Libros explicó su visión de la literatura, reivindicó a Cortázar y habló de "la herencia de violencia que todos cargamos".

El libro. "El monarca de las sombras no es una novela sobre la Guerra Civil, sino sobre el presente. Detesto cuando dicen que escribo novelas históricas".

Terminada la entrevista, Javier Cercas hablará de tenis y preguntará cuál es el mejor argentino en el ranking. "Ah, Del Potro, qué gran jugador. Pudo haber sido número uno con ese saque y ese drive tan fuerte y tan plano, lástima las lesiones", dice en un salón que queda grande para dos en un hotel porteño, cerca de la plaza San Martín.

Antes, había hablado de literatura. De la suya y la de otros. De su última novela (El monarca de las sombras), de la amistad y del boom latinoamericano "que cambió la literatura del mundo". En casi una hora citará a 18 escritores (por orden de aparición): Joseph Conrad, Bioy Casares, Borges, Cervantes, Juan Rulfo, Quevedo, Juan Marsé, Eduardo Mendoza, Juan Benet, Vargas Llosa, Cortázar, García Márquez, Ítalo Calvino, W. H. Auden, Shakespeare, Roberto Bolaño, Tolstoi, Hugh Thomas.

"Me da vergüenza admitirlo, pero de Argentina no conozco más que Buenos Aires y eso que no es la primera vez que vengo. Pero es que hasta los 40 años no viajé, casi. No sé lo que es el turismo, no entiendo el concepto. Mi hijo algo me ha enseñado. Pero no conocer América latina es algo que me fastidia e intento corregir. Yo vengo a la Argentina y no me siento fuera de casa, hay algo que me pertenece y no me resulta ajeno", dice.

—En estos días en Buenos Aires dio decenas de entrevistas, estuvo en conferencias, presentaciones y firmas de libros. ¿Es algo que lo aburre, lo divierte, lo distrae de la escritura? ¿Cómo se siente en ese rol de escritor que tiene que estar hablando todo el tiempo?

—Forma parte de mi trabajo, aunque a veces te sientes un poco farsante. Uno es escritor cuando escribe, no cuando da entrevistas. Pero lo hago con gusto. Entiendo que forma parte de mi trabajo y que hay que dar a conocer los libros. El verdadero éxito de un escritor consiste en no tener que promocionar sus libros, pero eso sólo estaba al alcance de García Márquez y cuando era mayor. Lo hago con gusto y procuro aprender porque al fin y al cabo los periodistas son lectores. Sin lectores no hay libros. Joseph Conrad decía "la mitad del libro lo pongo yo".

—Bioy Casares pedía que no lo hicieran hablar porque él era "un escritor por escrito".

—Me encanta esa frase, tenía razón Bioy. Un escritor no tiene por qué ser un buen orador. Lo que pasa es que ahora se nos exigen estas cosas. En tiempos de Bioy apenas concedían entrevistas, no sé cuándo habrá sido su primera vez, pero seguramente tarde. Los tiempos cambian y hay que aceptar el rol público que tenemos. Esto es una industria al fin y al cabo, de la que depende mucha gente, editores, periodistas, libreros, tanta gente. Insisto, yo procuro ponerme a favor de esto que me toca y sacar provecho de ello. De hecho, lo hago. Di unas conferencias en Oxford en inglés y expuse una visión de la novela que había ido surgiendo a lo largo del tiempo a través de las entrevistas, de los diálogos, los debates, las presentaciones que van configurando una interpretación de tu propia obra que puede servir para entender la literatura en general.


Pasado de violencia

En general conviene no creerles mucho a las contratapas de los libros. Exageran, adelantan tramas y algunos comentarios enmarcan demasiado la manera en que debe leerse la obra propiamente dicha. En la última novela de Cercas se lee que "esta es la novela que Javier Cercas había estado esperando escribir desde que quiso ser novelista. O desde antes". Por una vez, el contratapista parece dar en el clavo y en sus 283 páginas se explican las razones. Porque el arte de Cercas radica también en que escribe novelas de aventuras sobre la aventura de leer novelas, según su propia definición. Las novelas de Cercas vienen con su propio making off (o detrás de escena), algo que en algunos casos es hasta una "obligación moral", dice él ahora, citando a Calvino.

—Ha dicho también que tuvo miedo de escribir esta novela. ¿Ya observó alguna consecuencia? ¿Cuáles fueron las primeras repercusiones?

—¡Cómo no iba a tener miedo! Si te pones a hurgar en el pasado de violencia de tu familia, que está oculto; si te pones a hurgar y la respuesta que encuentras es que tu familia estaba del lado malo, del franquismo, cómo no vas sentir miedo. Puedes encontrar cosas terribles. Por eso tardé toda la vida. Además me faltaba madurar, saber bien cómo convertir algo particular, pequeño, nimio, en universal. De ahí el interés: no es solo mi historia, sino que estamos todos reflejados, tenía la idea de que marcara algo general, por eso se trata de literatura. Pinta tu aldea, dice Tolstoi, y pintarás el mundo.

—¿Y qué opinó su madre, que también aparece bastante en el libro?

—Ella es la verdadera protagonista del libro. La protagonista solapada, secreta, ella me acompaña, es quien me lega la herencia de la guerra. Era una niña cuando estalló la guerra, tenía cinco años y siete cuando murió el eje del libro, Manuel Mena. Fue su primer muerto y un héroe, un valiente que había ido a la guerra para defender la patria, la familia, la religión. No tenía miedo con ella porque mi madre incluso cuando nadie me leía siempre pensó que entre Cervantes y yo había un vacío desolador en la literatura occidental (se ríe). Por otra parte, para ella Mena era una leyenda, apenas lo conocía y nadie le contó nada. Era un mito. Este libro descubrió cosas que ella no sabía, pero no modificó su imagen, que sigue en su corazón.

—¿Esta novela cierra un proceso que empezó con "Soldados de Salamina"? ¿O le queda algo más que decir sobre la Guerra Civil?

—Es que bien vistas Soldados de Salamina o El monarca de las sombras no son novelas sobre la Guerra Civil sino sobre el presente. Mira, detesto cuando me dicen que escribo novelas históricas. Este es un pasado del que hay memoria, hay testigos vivientes, un pasado que es una dimensión del presente. Esta novela tiene que ver con Soldados de Salamina, pero también con El impostor (sobre un español que se hizo pasar por víctima nazi). La primera es una reivindicación vehemente de la tradición republicana abolida por el franquismo. En cambio El monarca de las sombras requiere asumir el propio pasado de mi familia franquista; el símbolo es el héroe de mi familia, ese joven Mena de 17 años que se alista en las tropas de Franco y que combate dos años hasta morir en la batalla del Ebro, la más cruenta de la historia de España. Soldados de Salamina era un acto de afiliación y este es un acto de filiación, vengo de donde vengo. Sobre esa herencia de violencia que todos cargamos, trato de averiguar y asumirla. Saber en qué consiste puede hacer que uno lo maneje; si no, ella te maneja a ti.

—¿España aún no afrontó su pasado?

—Lo afrontó, pero lo afrontó mal. Y no es exclusivo de España, que lo ha hecho particularmente mal. Tampoco exclusivamente argentino. Es de todos los países. Algunos lo manejan mal y otros peor. Tendemos a un estúpido y tonto masoquismo al decir "qué historia jodida tenemos los argentinos, o los españoles", cada uno, pero es un problema universal. ¿Qué hacer con la herencia de violencia que todos cargamos?

—¿Por ejemplo, escribir novelas?

—Es el modo de conocimiento. Y puede ser la novela útil para eso en toda su complejidad, no creo en la novela como entretenimiento sino como instrumento de reflexión.


Primero, Latinoamérica

—¿Qué escritores argentinos contemporáneos le interesan o ve relacionados con su obra?

—Muchísimos. Cuando nací a la vida literaria, cuando de adolescente iba a las librerías no estaba interesado en literatura española contemporánea. De hecho llegué tarde a ella: Marsé, Mendoza, Benet, todos esos, tardé bastante en leerlos. Se encontraban latinoamericanos en cambio: Borges, Vargas Llosa, Cortázar, García Márquez. Después, ingleses y norteamericanos, la literatura francesa y la italiana eran importantes también. Pero mi acceso fue con los latinoamericanos y fue algo común, el llamado boom, que fue un terremoto que cambió la literatura universal. También me gusta mencionar a Bioy porque es muy discreto.

—¿En qué sentido "discreto"?

—Estaba a la sombra de Borges y no le molestaba; era discreto como persona, como figura literaria, y en su literatura, que no es nada aparatosa, nada exhibicionista, nada vanidosa. Procura ocultar su complejidad detrás de una superficie transparente. Eso me encanta, lo adoro. El arte verdadero oculta su artificio. Y Bioy trabaja para que no se note cuánto le ha costado.

—Claro, "discreto" no en el sentido de "menos que bueno".

—Ah, no, no, es muy bueno. No, es extraordinario, de primerísima categoría. Quizás no sea tan valorado como se merece. Yo he aprendido mucho de él. Hoy a la tarde voy a ir a la Biblioteca Nacional por primera vez, algo emocionante, es la biblioteca de Borges, ese monstruo, ese escritor desmesurado. La Wikipedia dice que me hice escritor porque a los 15 años leí a Borges. Es totalmente falso. Es lo contrario: lo leí porque tuve una profesora muy guapa a esa edad que me lo recomendó y ya no he salido de ahí. Pero es tan bueno que lo que hizo fue aplazar el hecho de que escribiera. La explicación la tiene un poeta inglés, Auden: para un joven escritor es preferible tener un modelo mediano, no tan bueno, porque si un aspirante tiene como modelo a Shakespeare, está muerto ya que jamás va a poder sobreponerse a él. Eso me pasó con Borges. Tuve que encontrar a escritores más a mi alcance que me ayudaran a desarrollar mi propia literatura. Saber que podía hacer mis cosas. Por ejemplo, alguien que es muy leído pero no tan apreciado por sus colegas como Cortázar. Lo consideran cursi, adolescente, fácil. Puede que lo sea. Pero estamos siendo muy injustos con él. El Mayo de 1968 nos puede parecer cursi pero sin él todos seríamos mucho peores, más estúpidos, menos libres. Eso de pedir lo imposible, buscar la playa bajo los adoquines. De manera que sin Cortázar, la literatura en español sería mucho más pobre. Le debemos mucho, así que un poco de gratitud no está mal.

—¿Coincidís en que "Rayuela" es una de las grandes novelas en español del siglo XX?

—(Silencio) Yo creo que Rayuela... a mí me cambió la vida, pero creo que ha pasado mal el tiempo. Se sigue leyendo como Cien años de soledad, me dijo ayer mi editora.

—¿Te gustan más sus cuentos?

—Una antología de sus cuentos sigue estando muy bien. A Cortázar se le idolatró en exceso, en algún momento se lo consideró mejor que Borges, lo cual debió causarle mucha gracia por empezar al propio Cortázar. Un disparate. Además Cortázar es fácilmente imitable, por eso lo defiendo. Va a ocurrir lo mismo con Bolaño, que está siendo más idolatrado aún que Cortázar en su momento. Del mismo modo que los cortazaritos que lo imitaban lo abominarán, igual que los bolañitos.

—¿Y Vargas Llosa? Lo menciona en una de sus novelas como quien le dio el impulso para escribir "El impostor". ¿Fue así o es parte de la ficción?

—No soy amigo íntimo de Vargas Llosa. Él fue muy importante para mí en muchos sentidos. Y me instó a escribir ese libro porque cuando estalló el caso Marco estaba tan fascinado que escribió un artículo brillante sobre el personaje y hablamos del asunto en su casa en Madrid y me dijo que tenía que escribir sobre él. En esa cena se fraguó el libro. Pero mi relación es básicamente como lector. Durante mucho tiempo. Leí todo de él.

—¿Qué Cercas vamos a ver próximamente? ¿Seguirá su estilo o vendrá alguna novela de invención radical?

—La invención radical no existe. Eso es un invento de los que no saben qué es la ficción. Siempre el arte sale de la realidad, es su carburante, si fuera de otro modo no tendría sentido. La ficción pura no tiene sentido, lo que ocurre es que mis libros están muy pegados a la realidad, son novelas sin ficción, lo que puede resultar llamativo. No sé qué se puede esperar de mí. Ni yo lo sé. Veremos.

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