Cultura y Libros
Domingo 03 de Septiembre de 2017

Los amigos de mi ex

"¿No te acordás de Patricio?", me pregunta mi ex en la redacción del diario (sí, trabajamos en el mismo medio, a una distancia prudencial). "Patricio", insiste, "un tipo que siempre estaba en el club, buen mozo, siempre bronceado, poeta, gran bebedor…". "Todos tus amigos son bebedores, querido", le contesto con una sonrisa. Pero no, no lo recuerdo a Patricio. Es raro, pienso, porque recuerdo a casi todos los amigos de mi ex pareja. Es más, los extraño. Puede ser que me haya olvidado de situaciones puntuales que viví con mi ex, pero nunca pude olvidar las pocas veces que compartí momentos con sus amigos.╠

"¿No te acordás de Patricio?", me pregunta mi ex en la redacción del diario (sí, trabajamos en el mismo medio, a una distancia prudencial). "Patricio", insiste, "un tipo que siempre estaba en el club, buen mozo, siempre bronceado, poeta, gran bebedor…". "Todos tus amigos son bebedores, querido", le contesto con una sonrisa. Pero no, no lo recuerdo a Patricio. Es raro, pienso, porque recuerdo a casi todos los amigos de mi ex pareja. Es más, los extraño. Puede ser que me haya olvidado de situaciones puntuales que viví con mi ex, pero nunca pude olvidar las pocas veces que compartí momentos con sus amigos.╠

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Estaba, por ejemplo, el gordo Víctor. Víctor vivía con su mujer en un pequeño pero coqueto departamento en la calle Tucumán, llegando al bajo. Un hermoso lugar. Un mediodía nos invitaron a comer. Apenas entré al departamento el gordo ya me cayó bien: en una de las paredes del living tenía colgada una foto de Sinatra. El y su mujer habían preparado una picada pantagruélica y unos fideos con salsa mediterránea que eran una bomba. Después de semejante banquete nos invitó a sentarnos delante de un televisor de pantalla gigante (ahora son muy comunes, pero a principios de este siglo eran toda una novedad) y nos puso videos de jazz latino. Dios sabe que jamás me interesó el jazz latino. Sin embargo, ahí, entre el champagne y el entusiasmo con que Víctor hablaba de virtuosos como Michel Camilo y Paquito D'Rivera, bajo la mirada sonriente de un Sinatra joven, yo me sentía en la gloria. Años después, cuando me enteré de que el gordo había muerto, joven y de golpe, me invadió una tristeza absoluta. ¿Por qué, si apenas había charlado con él dos veces en mi vida? Sólo recuerdo que en ese momento visualicé aquella foto de Sinatra en su living y se me llenaron los ojos de lágrimas.╠

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Una noche caímos con mi ex a la casa de otro de sus amigos. Era un asado entre viejos compinches. La casa era amplia y moderna. Pero no recuerdo dónde estaba y tampoco el nombre del amigo en cuestión. Su nombre, su profesión y su currículum vitae se me borraron por completo cuando percibí que tenía un parecido con Marcello Mastroianni. Y no era sólo un parecido físico (lo cual de por sí ya era abrumador). No. También tenía esa mirada preocupada y taciturna del gran Marcello en Ocho y medio. Y yo quería ser Claudia Cardinale, já, pero el tipo no me registró en toda la noche. Alterada como estaba (no podía dejar de mirarlo), me calmé haciendo lo que más me gusta: espiar las bibliotecas y las discotecas ajenas. Mientras las mujeres preparaban las ensaladas y ponían la mesa, me borré de esas tareas que siempre detesté para mirar los CD's acomodados en unas estanterías de madera cara. Ahí estaba el ABC de los 70s y 80s: algo de rock progresivo (Pink Floyd, King Crimson), algo de jazz (Miles Davis) y apuesto a que algún disco de Sting había seguro. Lo que no pude evitar, desgraciadamente, fue toparme con un portarretrato que enmarcaba la impresión de una ecografía. Era uno de los hijos de Marcello (vamos a llamarlo así) en sus primeros días de vida... Sentí celos platónicos, si es que algo así existe... Él amaba a otra. Había tenido un hijo con otra. Y yo era apenas una desconocida que creía saber algo de él por mirar sus discos... Cuando nos fuimos de la casa, mi ex me contó que Marcello también había partido en su auto con rumbo desconocido. Parece que le gustaba salir a altas horas de la noche... Por unos minutos me lo imaginé andando suelto por Rosario/Roma, cual Mastroianni en La Dolce Vita, y yo podría haber sido su Anita Ekberg (ni en sueños), invitándolo a meterse en la Fontana di Trevi.

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El Flaco V. era completamente distinto. Un profesor, un capo de la ciencia. Un nerd hecho (a su manera) y más torcido que derecho. Mi ex lo conocía de una juventud lejana, aunque el Flaco conservaba entonces su apariencia de eterno estudiante. Su casa, con mujer e hijos dando vueltas, era un pequeño caos, por decirlo elegantemente. Ahí llegamos una noche, con mi ex rogando que no me sintiera incómoda, ya que los porros pasaban en ronda por la mesa, y yo soy muy rockera pero intolerante con las drogas. En un momento, cuando la charla de sobremesa se había vuelto densa, me puse a merodear por la casa. Encontré computadoras, juguetes tirados y a los pibes comiendo panchos en la cocina, hasta que una luz (¿Dios? ¿La ciencia?) me guió hasta un viejo armario de un living en construcción. Lo abrí con miedo a que se cayera (por la precariedad del mueble) y ahí estaba el tesoro del pirata: un montón de CD's. La variedad era asombrosa, aunque yo quedé shockeada por un detalle: había discos de Hüsker Dü, una banda norteamericana de los 80, para nada popular en la Argentina. Una banda punk y hardcore, filosa y dura pero también sensible. Una banda amada por algunos pocos de mi generación (¿30-40 años?), pero ajena para los tipos que ahora pasan los 50. Al rato mi ex y el Flaco me pescaron mirando los CD's. Y después no sé cómo me las arreglé para charlar un rato a solas con el Flaco en la cocina, en esa casa que estaba llena de gente. Recuerdo claramente que fueron unos minutos mágicos, donde el Flaco pasó de nerd hippie a rockero adelantado, y yo me sentía como flotando (no había aspirado ningún humo), mientras me imaginaba a ese nerd con lentes solo, escuchando la furia de Hüsker Dü, mientras sus amigos seguramente le preguntaban por qué no escuchaba a Pat Metheny.

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Poetas, narradores, músicos. Lectores y espectadores formados. Bebedores y fumadores. Aspirantes a artistas que se fueron aburguesando pero no pueden evitar que les brillen los ojos cuando hablan de un disco que los marcó, un recital o una película. ¿Dónde estarán hoy los amigos de mi ex? ¿Seguirán siendo sus amigos? ¿Hablarán de la grieta? ¿Seguirán escuchando música? Cada vez que paso por calle Tucumán, llegando a Belgrano, me acuerdo del gordo Víctor. ¿Su mujer vivirá ahí todavía? ¿Estará la foto de Sinatra? ¿Serán artistas los hijos del Flaco o se habrán consagrado a los templos universitarios? ¿Y "Marcello"? ¿Conservará esa mirada taciturna? ¿Saldrá de noche? Y lo más importante: ¿a quién estará amando?

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