Cultura y Libros
Domingo 18 de Junio de 2017

Libertad sin límites

Aid Herrera, la esposa del gran Juan Grela, desarrolló por su cuenta una obra de alto valor plástico, que combina el rigor que aprendió de su compañero con una muy personal percepción del universo. Queda una semana para aproximarse a una muestra que exhibe su notable talento

Aid Herrera, la esposa del gran Juan Grela, desarrolló por su cuenta una obra de alto valor plástico, que combina el rigor que aprendió de su compañero con una muy personal percepción del universo. Queda una semana para aproximarse a una muestra que exhibe su notable talento

María Laura Carrascal

En el quinto piso del Espacio de Arte de Fundación Osde se puede ver Un lugar en la Tierra, muestra curada por Adriana Armando donde se exhibe por primera vez un conjunto de obras —muchas inéditas— que demuestran la prolífica labor de Aid Herrera. Pinturas realizadas con óleos, ceritas y tizas pastel, xilografías, aguafuertes y aguatintas reflejan un singular universo temático que se extiende sobre toda la exposición, configurando un mundo habitado por hombres y mujeres en situaciones cotidianas, mediadas por la fantasía, donde pájaros y flores sobrevuelan atmósferas de ensueño.

Oficio y candor

Son variados los motivos que hacen de Aid Herrera una artista singular que supo combinar su vida y su obra junto a uno de los representantes más importantes del arte moderno rosarino: Juan Grela. Este creador transitó las coyunturas más álgidas de renovación estética que tuvo la ciudad y en ese recorrido Aid fue un sólido pilar, articulando este rol con su producción personal desarrollada entre los últimos años de la década del cincuenta e inicios de los noventa.

Aid Herrera representa un caso especial de la plástica local a partir de la forma en que articuló su discurso estético y los parámetros de la formación que recibió de su marido. Adriana Armando, curadora de la muestra, señala que ese punto es fundamental en la medida que Aid supo combinar la rigurosidad de esa educación con una particular forma de acercarse a la plástica. En los comienzos de su trayecto artístico la incluyeron dentro del ingenuismo, una tendencia surgida entre fines del siglo XIX y comienzos del XX que incluye distintas variables que convivieron con otros desarrollos del modernismo cultural. En este apartado podían coexistir creadores sin formación con otros que disponían de los más amplios recursos de la plástica. Herrera representa el último caso y los inicios de su formación se remontan a los años treinta, una época signada por la crisis político-social que coincidía con los inicios de Grela. El contacto diario con el métier la convirtió en una asistente especializada en preparar pigmentos y soportes con recursos mínimos, adquiriendo desde ese momento saberes que le permitieron trabajar luego con distintos procedimientos. Esos conocimientos le permitieron materializar dibujos, pinturas y grabados que representan un mundo diverso pero, al mismo tiempo, condensador de sentido.

El texto del catálogo cita las palabras de la creadora cuando recordaba que su impulso creador fue determinado por la familiaridad con los materiales y las herramientas de su marido: "De noche, cuando estaba sola porque Dante (el hijo de ambos) iba a estudiar y Grela daba clases, como me gustaba y tenía ganas de pintar, tanto eran mis deseos, que le daba una pincelada al cuadro que Grela tenía empezado en el caballete". Este testimonio es de un valor incalculable ya que Aid Herrera relató en primera persona sus recuerdos y experiencias en una entrevista realizada en 1983 por Adriana Armando y Guillermo Fantoni. En ese momento, los historiadores poseían una galería de arte —Miró Artes Plásticas— en la que expusieron la obra de Aid en reiteradas ocasiones, iniciando un camino que se enlaza con esta muestra que la homenajea.

Libre para elegir

Es conocido el hecho de que Aid Herrera accedió al mundo del arte a partir de su vínculo con Grela, su marido y también su maestro. Con él estudió dibujo, composición y teoría del color, haciendo una selección "implacable" de todos esos conocimientos. Adriana Armando sostiene que retomó las cuestiones que había estudiado y que le permitieron potenciar su narración y su poética, desestimando todo aquello que no servía a su modo de expresarse. Esta radicalidad a la hora de retomar o desestimar los saberes adquiridos quizás sea uno de los aspectos más interesantes de su obra, porque esa desobediencia la llevó a colocarse por fuera del canon de lo moderno. En este sentido, es importante señalar que "el carácter ingenuo de su obra es consecuencia de un proceso de selección y de una absoluta franqueza con ella misma durante todo su recorrido". Sumamente receptiva a ese entorno suscitador, siempre se caracterizó por una mirada atenta sobre las referencias estéticas que conoció a través de Grela, configurando una visión amplia en la que confluían las producciones de amigos pintores, discípulos del maestro y autores consagrados de la historia del arte universal. Por otro lado, el dominio cromático adquirido en sus clases la hizo incorporar la preparación del color como un hecho sustancial que nunca desestimó y que combinó con su propia intuición, aspecto que siempre tuvo presente. De esta manera, combinó su percepción de las cosas en un hacer fluido y espontáneo donde la aparición del soporte se convertía en una decisión ex profeso, al mismo tiempo que incorporaba el azar y el error como mecanismos creativos para potenciar su trabajo.

Buceando en los archivos de la familia Grela, Adriana Armando encontró en uno de sus grabados una frase escrita con lápiz que resume el espíritu de Aid: "Hay una cosa que yo siempre tengo, la libertad". Fue ese espíritu que rompía con todo límite el que le permitió encontrar en lo más íntimo sugestiones a la hora de crear, compartiendo su vida y profesión con alguien que amaba y admiraba, y que encontró también en la casa común un espacio de inspiración. Aid recordaba que le gustaba pintar las marcas que tenía una pared o mirar el patio y dibujar las macetas, un universo que también plasmó en algunos poemas:

"Tranquila yo existía en la penumbra/ en mi casa rodeada de amistad/ amistad que dan las plantas, los pájaros y flores/ unidos a la misma soledad".

Data

Un lugar en la Tierra, obras de Aid Herrera. En el Espacio de Arte Fundación Osde, bulevar Oroño 973, hasta el 25 de junio. De lunes a viernes, de 12 a 20. Sábados, domingos y feriados, de 17a 20.

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