Cultura y Libros
Domingo 14 de Mayo de 2017

Las ojeras de la riqueza

La disponibilidad de dinero de una poderosa multiempresa española permitiría hacer cosas insólitas, pero también beneficiar a muchos. Sin embargo, nada de eso sucede. Son las reglas de este extraño mundo.

La caja y el dinero conforman un clásico idilio. Las hay de muchas clases, de seguridades diversas, pero más o menos siempre en cada casa o departamento hay alguna caja donde se resguarda el dinero. Desde hace muchos años al dinero le ha salido un competidor, una especie de pariente conocido entre nosotros como dinero plástico sin demasiado prestigio por aquí. En cambio en el mundo desarrollado, especialmente en EE UU, casi no hay operaciones cash al punto de pagar un café con el plástico, algo inverosímil en estos pagos. Es más, el imaginario argentino ha inventado el verbo "tarjetear" para resolver la escasez de dinero y con ese movimiento postergador llegar a fin de mes. Pero el idilio entre la caja y el dinero tiene por estos días una expresión impresionante, una caja rebosante de dinero digna del tío Rico, anteriormente el tío Patilludo, posteriormente Rico Mc Pato, el célebre tío millonario del Pato Donald, a la sazón un seco proverbial. Se trata de la caja de Inditex, la multiempresa dueña de las famosas tiendas Zara (más de siete mil tiendas esparcidas por todo el mundo y varios negocios más), fundada por Amancio Ortega en tierras de Galicia en la década del setenta. Según publicaron muchos medios, entre ellos el diario El País de Madrid, la caja neta del imperio gallego contiene 6.090 millones de euros de disposición inmediata sin necesidad de pedir ningún adelanto, ni mucho menos crédito para darse un gusto. Se trata de más de 6.000 millones de euros en efectivo, o "equivalentes", según se dice en la jerga respectiva para referirse a inversiones a corto plazo de gran liquidez fácilmente convertibles en dinero efectivo. A diferencia de otros medios que se ocupan de la ostentosa u obscena abundancia, El País relata varios ejemplos de lo que se puede comprar al toque con ese toco. Y no es que los ejemplos sean cuántas escuelas y hospitales se podrán construir, ni mucho menos viviendas para los sin techo o con techos precarios. Es ese un pensamiento lastimero para el mundo careta o bien un pensamiento ingenuo incapaz de entender la esencia de la riqueza. Es que no es muy cierto que la gran riqueza se derrame como proclama una teoría económica más bien pobre. La gran riqueza en un movimiento redundante se desplaza hacia la gran riqueza. Ese es el real pensamiento configurante-redundante de la realidad. El País se entretiene y nos entretiene con ejemplos muy ilustrativos de la danza de los millones. ¿Qué se puede comprar con más de 6.000 millones de euros?:

• 5 equipos de fórmula 1 de la casa Ferrari que cuestan algo más de 1.000 millones de euros cada uno.

• 12 torres Cepsa en el centro financiero de Madrid. Las torres Cepsa cuestan alrededor de 490 millones de euros. Al menos eso es lo que ha pagado Amancio Ortega por una de ellas para domiciliar su inmobiliaria. Don Amancio es la segunda o la cuarta fortuna del mundo según las variaciones del ranking de la riqueza en el mundo.

• Producir los 18 rodajes cinematográficos más importantes tomando como base la película más cara de la historia, Piratas del Caribe: en el fin del mundo, con un costo de 330 millones de euros.

• 24 Messis. Es decir 24 veces la cláusula de rescisión del mejor jugador del mundo, valuada en 250 millones de euros.

• 76 millones de abrigos rojos como el que lució la reina de España por estos días. Una prenda de Zara que cuesta casi 80 euros. Por cierto muy austera en la ocasión doña Letizia. Y demás compras posibles.

En el repertorio del imaginario colectivo anónimo donde se atesoran verdades sin autor a la vista se dice que todas las comparaciones son odiosas. Sin dudas, pero también son inevitables. Nada más inevitable que comparar la portentosa caja de Inditex con el relato de una jornada de una trabajadora de campaña (es decir no de planta fija) en uno de los centros logísticos del imperio. Es una nota en el mismo diario madrileño del 16 de mayo del año pasado realizada por Nadia Celaya titulada "Mi vida como obrera de Inditex". En el copete de la nota bien se podría insertar cómo se veían a sí mismas las obreras textiles en los cambios de turno "De las sonrisas cansadas de las que terminan de trabajar a las ojeras resignadas de las que le quedan por delante ocho horas". A casi cuatro euros la hora las obreras en su acumulación mensual alcanzan los 800 euros. Suficientes (¡sin dudas!) para un presente sin incertidumbres ni sobresaltos más un futuro venturoso. Las mesas de trabajo de la empresa la ocupan ocho obreras, cuatro abren y sacan la ropa fabricada a destajo por las obreras de China o de la India.

Enfrente las otras cuatro son las emperchadoras. Ambas reciben un kit de mano para el almuerzo: agua, algo para engañar el hambre, crema de manos, crema antiinflamatoria e ibuprofeno. Engañar el hambre resulta para muchos una tarea de todos los días. El engaño es un hábito social y político muy extendido más que nada en los centros del planeta y en las periferias que los imitan. Su sentido es tan claro que la palabra prácticamente no tiene polisemia: se dice del engaño cuya esencia es dar a la mentira la apariencia de verdad. Un espectro no muy amplio que va desde las mentiras políticas a las mentiras de los infieles y las infieles. El kit de don Amancio parece un kit de almuerzo pero la crema antiinflamatoria y el ibuprofeno hablan de otra cosa. Con la caja de Inditex Amancio Ortega podría tener un gesto inaudito e imposible. Dentro de esa caja millonaria caben más de siete millones de aguinaldos que bien se podrían distribuir entre los trabajadores del imperio durante bastante tiempo. Sin duda una ocurrencia ingenua pero el gesto no arruinaría su puesto en el ranking Forbes de la riqueza, además de que Inditex podría deducirlo de ganancias. Aunque más no sea resultaría una especie de crema para tapar las ojeras sociales.

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