Cultura y Libros
Domingo 07 de Mayo de 2017

La vida en un instante

Jorge Consiglio presenta en Villa del Parque un conjunto de cuentos con un denominador común: la inquietud. Todo es lo que parece y mucho más.

Narrativa. Villa del Parque, de Jorge Consiglio. Eterna Cadencia, 112 páginas, $260.


La vida, a veces, tan sólo a veces, parece ser un eterno escenario sobre el cual juegan sus roles personajes que componen un elenco estable. Esa vida, ante la propia mirada, no es un mero concepto. Es la vida de cada uno, la que cada uno alcanza a sospechar. Jorge Consiglio (Buenos Aires, 1962) dedica su escritura a construir ese artificio. En los siete cuentos que componen Villa del Parque bosqueja maquetas donde los personajes muestran sus vidas. Y se sabe, no hay vida sin muerte, no hay recuerdo sin olvido.

   El libro no tiene dedicatoria, sólo que el primer cuento, Diagonal Sur, es una reescritura de El sur, de Jorge Luis Borges. Dedicatoria o exorcismo, lo real y lo simbólico parecen abrir las puertas a que todo puede ser una suerte de copia, una reescritura, casi la vida misma.

   Entonces, un nieto de un inmigrante pareciera que carga con un legado pero a la vez el destino lo acecha. Él no lo cree, busca apasionarse con el ajedrez pero la vida comienza su operatoria de condensación. Un instante vale para sospechar lo que puede ocurrir. Es tan sólo eso, un instante, y ahí la escritura elegante de Consiglio hace que uno crea, de la mano de ese personaje, que la vida es tan sólo saber qué hacer con el destino.

   Pero a veces la propia vida es la vida de los otros. Como en Correspondencia, un relato que se presenta como apacible pero va tomando densidad, espesura. Lo real se exhibe como puro artificio, construcción. Una frase de la protagonista, o si se quiere que elige el escritor, plantea la inquietud: "Todas las cartas tenían ese clima, lo que contaban era el reflejo de otra realidad". Y agrega: "Me gusta pensar que hay un vínculo misterioso entre las cosas de la vida". Consiglio moldea la historia, crea imágenes. Sin prisa pero sin pausa, abre la puerta a la intuición.

   Pero si de tiempos en la escritura se habla, Viajar, viajar aparece, quizá, como uno de los mejores cuentos del libro. Jugado en un territorio creado ad hoc, la vida, la muerte, el destino, el recuerdo y el olvido se conjugan para envolver al personaje, un hombre que regresa a una casa familiar ubicada en un pueblo.

   El cuento es de esos relatos que encierran pistas, huellas, entrelíneas. Dice el narrador sobre el protagonista: "Entiende la realidad como un conjunto de láminas superpuestas, literalmente una encima de la otra". El relato pareciera por momentos componer un prolongado plano secuencia que termina en una toma absolutamente subjetiva. Hay una suerte de transparencia que pone en evidencia pero también vela, opaca las miradas.

   Una mujer obesa, que pesa más de 200 kilos, acepta entrar en un protocolo para mejorar su salud y se interna en una clínica de la especialidad. El submundo de la salud y la enfermedad, los médicos, las drogas, el tratamiento y los cuidadores tejen un entramado en torno a Jessica Galver, pero más aún sobre su cuidadora, la protagonista.

   "A veces las cosas se van de las manos. Hasta lo más inofensivo se vuelve una amenaza", reflexiona el narrador sobre uno de los personajes del cuento que no logra sacarse de encima un mal sueño. "La desesperación persistía: la imagen era demasiado vívida, excedía los límites del sueño. Esa muerte soñada era real para él".

   La muerte se avecina y esta vez aparece como una suerte de acto erótico y heroico, a la vez.

   "No existen criterios para olvidar. Tampoco para encadenar recuerdos", dice el que corre, en un cuento que lleva, justamente, ese nombre. El tipo entrena y los caminos van abriéndose, ¿o cerrándose?, en cada zancada. Sin aparecer como un maniático de las carreras, está claro que hay algo que lo seduce y que incluye el propio sacrificio, ese límite físico del que siente que debe escapar. La consigna parece ser transformar el dolor en alivio. En este caso la vida transcurre como a la vera de ese camino. La muerte se presenta como preámbulo, inicio.

   La historia llega a Villa del Parque con La noche anterior, donde un encuentro entre el por entonces coronel Roca y la hermana del cacique Yanquetruz alterará el pensamiento del militar. Hablar, no hablar, decir, pensar se mezclan entre una noche y un día. "Nosotros no podemos ser otros (...). Se ve la herida en el pecho del otro pero no se puede sentir el dolor", dirá ella ante los ojos de Roca, que en una suerte de drama íntimo hará valer su "mano endurecida por el rigor castrense".

   Y en el final, La terraza, donde el territorio es la adolescencia, ese espacio de la vida donde la defensa y el ataque son moneda corriente. "Éramos poco menos que inmortales. Si hubiera sabido que esa escena se convertiría en una de mis memorias, me habría preocupado por retenerla mejor. Eran días simples. Los placeres tenían marca inmediata".

   Abundan los ritos juveniles donde el placer se conjuga con el mundo adulto, una suerte de enmascarado al cual es mejor no tenerle miedo aunque temblemos en la intimidad.

   La escritura de Consiglio es sigilosa, no exhibe, acomoda las piezas como si él nada tuviera que ver en la jugada.

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